¿Quién es el Tigre?
Aunque muchos no lo sepan, un servidor. El apodo es obra de mi cuñado, Óscar Agudo, experto en inmortalizar a personajes públicos y privados con motes geniales que acaban por hacer olvidar la verdadera identidad del aludido.
No sé muy bien por qué razón me lo puso…, aunque puedo imaginarlo. Lo cierto es que el mote era en origen un poco más largo: “El Tigre de Covaleda”, que suena a nombre artístico de torero o de campeón de lucha libre. Ya se ve que los siete largos (y fructíferos) cursos como profesor en el I.E.S. “Picos de Urbión”, de la localidad soriana de Covaleda, no pasaron en balde.
Aunque un poco escondido, por casa tengo un cartel que inmortaliza el apodo: me lo hizo un artesano anónimo, de manos febriles y conversación fascinante, en el Rastro de Madrid. La verdad es que queda chulo mi nombre artístico al lado de José Tomás y del Juli. Y además, qué cuernos, algo tengo de torero: dos arañazos por asta de vaquilla (uno en la tripa, el otro en la pierna derecha), y unas cuantas contusiones de cuando era capaz de vencer el miedo y correr en los encierros de San Fermín, hace más de veinte años.
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Hombre, la verdad es que lo de “El tigre de Covaleda” tiene su gracia, sobre todo si se conoce a Eduardo en persona. Yo tampoco recuerdo exactamente el origen del apodo (que, con el paso del tiempo, y en familia, se ha quedado sólo en “el tigre”) pero la vehemencia con la que habla, actúa y, en general, su ímpetu vital recuerdan mucho a la agresividad y empuje de los felinos. El hombre es, sin duda, adorable, pero no se ajusta precisamente a ese canon de hombre suave, sensible, un poco femenino, etc., que se ha puesto tan de moda (“mariconeces, vamos”, diría él). Concuerda más con la especie hispánica, de pura casta, un poco ruda, hasta tímida y noble. Como los tigres.





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