El anuncio de Google de que tiene la intención de digitalizar un porrón de millones de libros para volcarlos en su ubicuo y omnipotente buscador es una de las noticias más interesantes que han aparecido por la Red en los últimos tiempos. “El sueño de cualquier bibliotecario a un clic de ratón”, dicen unos; “otro efecto del imperialismo cultural yanqui que amenaza nuestra singularidad cultural”, afirman otros.
Que se haga pronto, digo yo, y que cunda el ejemplo cuanto antes: digitalización de todo lo que merezca la pena, no sólo de los fondos de bibliotecas norteamericanas, y puesta a disposición, para todos los internautas, de forma gratuita y universal, de esas miríadas de libros y documentos acumulados por la humanidad desde su origen, que en muchos casos no hacen más que coger polvo en los anaqueles de las bibliotecas.
Podéis ver una interesante discusión sobre este asunto en Barrapunto.
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A ver si es verdad y se hace cuanto antes
[...] No seré yo quien le enmiende la plana a Enrique Murillo, que tal vez no ande del todo desencaminado respecto a la paradójica amenaza que esta iniciativa de Google representa para el negocio del libro y las librerías, tal como ahora mismo está concebido. En una de las primeras entradas de este blog, saludé el proyecto de Google con entusiasmo, pero estoy dispuesto a desdecirme, una y mil veces si hiciera falta, si Murillo tiene una pizca de razón en sus afirmaciones. Al fin y al cabo, un servidor siente, en su faceta mitómana, una irreprimible fascinación por ese objeto real, que no virtual, de milenaria tradición, que es el libro. Ponerlo en riesgo, y con él a la industria que lo hace posible, sería para mí un motivo de vergüenza. [...]