Una película tan interesante como poco convencional, esta reciente producción argentina, El aura, escrita y dirigida por Fabián Bielinsky, cuyo talento ya tuvimos ocasión de admirar hace cinco años en la sorprendente Nueve reinas. Una película seca, adusta, áspera y silenciosa, en la que los personajes apenas hablan (yo no sé si he visto en los últimos años un filme con tantos y tan prolongados silencios) y cuando sonríen sólo lo hacen a medias, con una mueca sarcástica.
El comienzo del argumento no es difícil de resumir: un taxidermista cuya vida gris y rutinaria sólo es interrumpida por ataques epilépticos (el “aura” define las sensaciones que experimenta antes de un ataque) y por su afición a planear imaginarios atracos perfectos, decide acompañar a un amigo a una expedición de caza, que tiene como escenario los remotos bosques de la Patagonia. Un incidente fortuito durante una cacería permitirá al anónimo protagonista (sólo conocemos su nombre por los títulos de crédito) entrar en conocimiento de un elaborado plan para atracar el furgón blindado que transporta la recaudación de un casino de lujo.

Gracias a la colaboración de María Xosé Fernández Casas, profesora en el I.E.S. “Fuentesnuevas”, de Ponferrada (León), Lengua en Secundaria puede ofrecer a partir de hoy una serie de fichas de evaluación y refuerzo para alumnos de 2º de E.S.O.
Da cierta vergüenza reconocerlo, habida cuenta de la posición que ocupa el autor en la literatura norteamericana contemporánea, pero hasta leer la última novela de Philip Roth publicada en España, La conjura contra América, no había tenido apenas contacto con la obra de este interesantísimo escritor, salvo por algunos cuentos recogidos en antologías, alguna entrevista y una adaptación cinematográfica reciente, la de La mancha humana, dirigida por Robert Benton en 2003.
El pasado día 20 de septiembre asistí en Pamplona a una conferencia-coloquio, organizada por el Ateneo Navarro, sobre la comedia en el cine. Acabado el turno de los ponentes, el moderador les preguntó si consideraban que existía una protección excesiva de los críticos al cine que se hace en nuestro país. Al principio, las respuestas fueron cautelosas, pero en cuanto entraron en calor, los tres invitados se soltaron el pelo, con juicios bastante demoledores no sólo sobre la salud del actual cine español, sino sobre esa especie de prurito que afecta a muchos críticos, al parecer convencidos de que poner por escrito lo que piensan en su fuero interno es un comportamiento poco menos que indeseable.



