Portada del libroTal vez la metáfora esté un poco traída por los pelos (había pensado utilizar la del botiquín de primeros auxilios, que probablemente es todavía peor), pero así es como yo veo el Diccionario panhispánico de dudas, que Pilar y yo compramos hace tres semanas, al poco de inaugurarse El Corte Inglés de Pamplona, cuya sección de librería, dicho sea de paso, me pareció bastante pobre. Desde entonces, lo he utilizado bastante y, me alegra mucho decirlo, a plena satisfacción.

En las casi 850 páginas del libro se encuentra gran parte del utillaje necesario para alguien con vocación de salir en los papeles (otra metáfora inoportuna, teniendo en cuenta la naturaleza de este blog, término que aparece muy justamente remitido por el Diccionario al castizo y en mi opinión mucho más expresivo de bitácora). Nada más comprarlo, lo sometí a una prueba que para mí siempre ha sido de fuego: la explicación de la diferencia entre adonde y a donde, cuya minuciosa distinción nunca he conseguido retener más allá de los quince o veinte minutos posteriores a la consulta (seguro que los profesores que imparten el área de Lengua en los institutos de Secundaria se hacen cargo de lo que se sufre cuando hay que abordar el asunto). Desde que me enteré de que la Academia “admite como correcto el empleo indistinto de ambas formas” (pp. 22-23), me siento más libre y más desinhibido a la hora de sentarme ante el backend de la bitácora (el extranjerismo, como era previsible por su especialización, no aparece en el Diccionario) y ponerme a teclear como un poseso.

Y que conste que no me tomo el asunto a broma. En las últimas semanas, y a efectos de la redacción de las entradas que forman parte de La Bitácora del Tigre, he consultado en el Diccionario bastantes términos de cuya grafía o circunstancias de uso no acababa de estar seguro. A los que ya he citado podría añadir otros: aguanieve, club, estriptis, filme, gánster, grafiti, leitmotiv, etc. Como se ve, muchos extranjerismos, a los que el diccionario dedica una atención muy especial y, en la medida que yo pueda opinar sobre el caso, basada en criterios muy atinados.

Al recorrer el Diccionario panhispánico de dudas, se da uno cuenta del valor del consenso lingüístico que ha presidido su elaboración, requisito imprescindible en una obra que está obligada a encauzar la variedad y a la enorme vitalidad de que goza la lengua española en nuestros dáis. El hecho de que gran parte de los medios de comunicación más importantes del ámbito hispanohablante hayan manifestado su propósito de adoptar el diccionario como un punto de referencia obligado para sus propios criterios de corrección y sus libros de estilo es la mejor prueba del acierto de sus planteamientos y de la eficacia de sus resultados.

Además, es una obra muy bien construida, clara y sensata en la exposición de los criterios lingüísticos que han presidido su elaboración, muy fácil de consultar (la tipografía, nítida, precisa y de un tamaño muy adecuado, ayuda mucho), y con unos apéndices –modelos de conjugación verbal, abreviaturas, símbolos alfabetizables y no alfabetizables, lista de países, capitales y gentilicios, así como un glosario de términos lingüísticos– de utilidad incuestionable. El diccionario se completa con una larga nómina de autores y obras que algunos han considerado demasiado conservadora, pero que en todo caso resulta muy representativa de la norma culta del español actual.

No hay duda de que el Diccionario es una obra sesuda, seria, pero también tiene un lado lúdico y hasta humorístico para quien sepa verlo. De hecho, su consulta ofrece frecuentes sorpresas y de vez en cuando, la oportunidad de someterse a una sana cura de humildad . Por ejemplo, Pilar y yo nos quedamos de piedra cuando por casualidad nos topamos con la entrada correspondiente a la palabra guion y comprobamos que puede escribirse sin tilde, como corresponde a la pronunciación más generalizada en el ámbito hispanohablante (sí, como monosílabo), que a su vez exige la representación ortográfica que figura en estas líneas. Como el diccionario acepta también la pronunciación bisílaba y la escritura con tilde, yo seguiré con mi costumbre, aunque no sin cierta inquietud. Seguro que ese guion viril y orgulloso, pronunciado de un solo y potente golpe de voz, no va a ser el único descubrimiento. Yo, de momento, ya se lo he comunicado a mis compañeros del trabajo, para que no les coja desprevenidos.

Real Academica Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Madrid, Santillana Ediciones Generales, 2005, 848 páginas.