Cuando uno se ve obligado por motivos de trabajo a recorrer los terrenos más intrincados y peligrosos de la web, echa en falta alguna clase de aviso para navegantes, algún Pepito Grillo que le sugiera a la oreja algo así como “eh, Eduardo, que esto tiene mala pinta”, antes hacer clic sobre un enlace sospechoso y condenar el ordenador a un largo vagabundaje por el valle de las sombras. Sí, es cierto que se puede tener a mano un antivirus, un par de limpiadores de spyware y navegadores como Firefox, Mozilla o Seamonkey, mucho más seguros que el Explorer (o trabajar con Linux), pero nunca viene mal tomar precauciones adicionales.

A tal propósito sirve una estupenda utilidad de la que me hablaron hace un par de días. Se trata de SiteAdvisor, un complemento para navegadores (de momento sólo para Internet Explorer y Firefox), que advierte al navegante sobre los riesgos potenciales (spyware, adware, virus, fraudes online, phishing, etc.) de las webs que visita. Y no sólo eso, porque los motores en que está basado SiteAdvisor van recorriendo la inmensa telaraña de la Red y al hacerlo analizan el nivel de seguridad de lo que encuentran. De esta manera, una vez instalado en el navegador, SiteAdvisor es capaz de proporcionar información muy útil sobre el nivel de riesgo de los sitios a los que apuntan los resultados de buscadores como Google, Yahoo o MSN.

De momento, SiteAdvisor es gratis. El fabricante anuncia que más adelante publicará productos de pago con funciones adicionales. Ojalá que ello no signifique una comercialización absoluta de esta utilidad, que por las pruebas que yo he hecho es estable, ligera, poco invasiva y muy eficaz. No hace falta subrayar cuán adecuado puede ser el complemento para las actividades educativas, sobre todo aquellas que implican una navegación más o menos libre por parte de los alumnos. Está claro que, aun con el SiteAdvisor en marcha, nuestros chicos o chicas podrán hacer caso omiso de la X roja que aparece a la derecha del enlace que apunta a una web peligrosa. Ahora bien, si hacen clic sobre él y se les cae la máquina a pedazos, por lo menos no podrán aducir en su descargo la socorrida excusa de siempre: “no, es que yo no sabía…”.