Portada del libroGracias a la gentileza de su autor, he recibido esta mañana la edición impresa del Panfleto antipedagógico, del profesor Ricardo Moreno Castillo, cuya versión en PDF ya reseñé en su día en La Bitácora del Tigre. Me ha faltado tiempo para releerlo (acabo de terminarlo hace poco menos de una hora), con la misma expectación e interés que en la ocasión anterior, sólo que de una manera mucho más cómoda: no hay comparación posible entre leer fatigosamente un arisco PDF de 55 páginas y devorar un libro en papel de una longitud tres veces mayor, compuesto con hermosos tipos de la familia Sabon.

En su nuevo formato, este vibrante discurso en favor de la recuperación de la dignidad y la trascendencia de la enseñanza pública, añade a los anteriores un sustancioso prólogo, firmado por Fernando Savater, tres nuevos capítulos (sobre el fracaso escolar, los “expertos” educativos y el papel que deben desempeñar las familias en la tarea de educar a sus hijos) y una selección de comentarios de los lectores de la versión en PDF, que van encabezados por el testimonio de Antonio Muñoz Molina. Además de añadir los tres capítulos citados, el autor ha variado el orden de los epígrafes y ha actualizado algunas referencias, para dar cabida a ciertas noticias de actualidad (por ejemplo, el horrendo caso de los muchachos que quemaron viva a una mendiga en un cajero, que tanto nos ha impresionado a los profesores) y al nuevo marco legislativo derivado de la entrada en vigor de la L.O.E. En cualquier caso, lo esencial de la obra original sigue intacto: por supuesto, el tono polémico y combativo que hace de la lectura una experiencia apasionante, pero sobre todo el derroche de sentido común, la adopción de una perspectiva pegada a la realidad de las aulas, la reivindicación elocuente y apasionada de la dignidad de la profesión docente.

Quizás la novedad más llamativa del libro sea el capítulo 10, titulado “Expertos, orientadores, asesores y pedagogos”, que contiene auténticas cargas de profundidad contra la charlatanería pedagógica que tanto daño ha hecho (y sigue haciendo) en nuestro sistema educativo. Tal vez sea necesario aclarar, antes de seguir adelante, que yo no tengo nada contra la imprescindible fundamentación pedagógica que exige la profesión docente, siempre que ésta parta de la sensatez y no de apriorismos ideológicos. Tampoco tengo nada contra quienes representan, de forma más evidente, la pedagogía “oficial” en los institutos, esto es, los orientadores y orientadoras. De hecho, en más de una discusión con compañeros de trabajo yo he manifestado (para estupefacción de algunos, dicho sea de paso) que he tenido la suerte de trabajar como compañero y como cargo directivo con magníficos profesionales de la Orientación (aprovecho para mandar desde aquí un saludo muy afectuoso a María, Pilar, Luci y Jesús), gente toda ella entregada a su trabajo y muy respetuosa de la labor de los compañeros que impartíamos las asignaturas “convencionales”.

El capítulo que acabo de citar es, muy significativamente, el más largo del libro, y no es difícil adivinar por qué, dado que se trata de una pieza inolvidable de la literatura panfletaria, dicho esto en el mejor sentido de la expresión. Ricardo Moreno Castillo presenta unos cuantos textos de algunos santones pedagógicos (entre ellos, alguno de los “padres” del actual sistema educativo) y los enfrenta con sus más evidentes defectos: el gusto por la logomaquia, la inanidad y la trivialidad, el olvido del principio de realidad, la falta de respeto a los profesionales de la educación. Es difícil leer los textos y los argumentos con los que les responde el autor sin reprimir un espasmo de indignación y rabia por tanta tontería como se publica acerca de lo que los profesores de Secundaria y Bachillerato debemos hacer en nuestras aulas. Con todo, nos queda el consuelo de saber que al menos por una vez la indignación resulta útil, porque es inseparable de la higiénica labor que Ricardo Moreno Castillo ha realizado en el capítulo.

No puedo sino alegrarme de la publicación de esta obra, que alcanza con su versión impresa la madurez. Ver las firmas de Fernando Savater y Antonio Muñoz Molina en un libro como éste, que antes de serlo circuló profusamente en Internet (una difusión a la que esta bitácora contribuyó modestamente), me llena de satisfacción, pues avala la importancia de una obra que ya en su primera redacción no sólo me pareció sumamente juiciosa y atinada, sino del todo imprescindible para un debate público sobre el sistema educativo que, no por aprobada la L.O.E., ha dejado de ser urgente. Mi enhorabuena al autor, y mis deseos de que la obra conozca el interés y el apoyo de los lectores. Por mí no ha de quedar, Ricardo.

Ricardo Moreno Castillo, Panfleto antipedagógico, Barcelona, Leqtor (Col. “Discrepancias”), 2006, 157 páginas.