En una reciente entrada de Cuaderno del Profesor, José Cuervas me pasa la pelota de un meme convocado por Charo Fernández, desde Los mundos de Yalocin, con motivo del Primer Encuentro de Edublogs. Así que, con el balón en los pies (la metáfora futbolística viene en estas fechas que ni pintada), y tras agradecerle a José el honor que me hace con su propuesta, voy a ver si me sale una jugada medianamente apañada.

Desde mi punto de vista, hay un aspecto esencial para hacer posible la integración de las TICs en el aula: que los docentes quieran, es decir, que crean íntimamente en la conveniencia y oportunidad de utilizar las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación como un recurso habitual de su acción didáctica. Si este convencimiento no existe, tal vez den pasos ocasionales, asistan a cursos de formación, realicen alguna práctica, pero antes o después abandonarán. Abandonarán porque (hay que decirlo alto y claro, para no crear falsas expectativas), cuesta mucho tiempo y esfuerzo volcar la acción didáctica a través de las TIC, y porque todavía no se han generalizado las infraestructuras ni las herramientas que garantizarían la universalización de las TIC en el ámbito docente. Todavía es demasiado frecuente la situación del profesor embarcado en la ingrata tarea de buscarse los recursos por sí mismo, en incómoda soledad.

Demos por supuesto que el docente está convencido de la necesidad de integrar las TIC en su práctica educativa. El siguiente factor que entra en liza es la cualificación necesaria para utilizar las infraestructuras y las herramientas existentes (aunque sean escasas, aunque no sean las óptimas, aunque cueste ponerlas en funcionamiento). Si el profesor o profesora no tiene la cualificación de un usuario con cierto nivel de competencia, se enfrentará a tales problemas que muy probablemente se desanimará.

La pregunta surge inmediata: ¿cómo adquirir esta cualificación? La respuesta que yo vengo dando desde hace años es la misma: practicando mucho. La mayoría de los que pasamos por “expertos en Nuevas Tecnologías” no somos informáticos, muchos no sabemos programar más allá de un par de líneas en PHP (y gracias) y, sin embargo, hemos hecho nuestras cositas. En su momento, nos aficionamos a la Informática (la afición es esencial, e insisto en lo que acabo de escribir en el segundo párrafo de esta entrada), le cogimos gusto a lo de cacharrear con los ordenadores, y comprobamos que no sólo sirven para jugar, para navegar por Internet o para recuperar la entrañable costumbre de cartearnos con los amigos.

Se suele señalar a este respecto que la intervención de la Administración es fundamental para asegurar la cualificación del profesorado en el uso de las TIC. No seré yo quien niegue este principio, entre otras razones porque profesionalmente me dedico a ello. Ahora bien, es preciso relativizar el grado de alfabetización digital que se logra sólo con acciones formativas (cursos, cursillos y similares) emprendidas desde los ámbitos institucionales. Yo confío mucho más en un tipo de formación menos institucionalizada, más difusa, en iniciativas que partan de los propios centros, de núcleos de profesores y profesoras comprometidos con sus propios planes y proyectos, porque son los que verdaderamente van a cuajar y los que proporcionarán valor añadido al tiempo y al esfuerzo invertidos en formación. Es aquí donde la intervención de las administraciones educativas, con dinero, materiales, recursos humanos (por ejemplo, los coordinadores TIC y otras figuras semejantes) y apoyos diversos, será verdaderamente rentable.

La intervención institucional es imprescindible, sin embargo, en otro ámbito: en el de las infraestructuras y recursos materiales. Con respecto a las primeras, hay que hacer hincapié en el hecho de que la universalización de la conexión por banda ancha a Internet (ADSL, FrameRelay, cable, Wi-Fi, lo que sea) es imprescindible para sacar partido de las inmensas posibilidades que brindan las redes informáticas, las herramientas cooperativas, los entornos de formación en línea, las aplicaciones de la web semántica, las plataformas y los repositorios de objetos digitales educativos. Por otra parte, los recursos que permiten la integración curricular de las TIC han evolucionado mucho en los últimos años; no sólo de ordenadores e impresoras han de vivir los centros, pues existen determinados recursos informáticos, como las pizarras digitales, que están llamados a revolucionar el modo en que tienen lugar las actividades didácticas tradicionales.

Conectividad universal y pizarras digitales no son, empero, bienes de disposición universal. Con un coste de unos 300 euros por boca de red en un cableado estructurado complejo (en la Comunidad Foral de Navarra, que es un escenario que conozco de cerca, hay algún centro que tiene más de 200 bocas; calcúlese el coste y añádase el precio de la instalación eléctrica, de la electrónica de red, de los armarios, el cortafuegos, el proxy, la SAI), o 5000-6000 euros por aula completa dotada de pizarra digital interactiva, la integración curricular de las TICs en la acción didáctica habitual exige un compromiso institucional, respecto a las inversionesen en recursos humanos, técnicos y materiales, verdaderamente gigantesco. Téngase en cuenta, y sólo es un ejemplo ilustrativo, que según un informe de Red.es, fechado en mayo de 2006, “el número de pizarras interactivas disponibles en España en centros de profesores y recursos y en centros educativos de enseñanzas no universitarias ronda en la actualidad las 700 unidades” (p. 18).

Ese compromiso hay que exigírselo a quien corresponda, claro que sí. Como habría que pensar también en exigir a las nuevas generaciones de profesores que se incorporan al sistema educativo la adecuada formación en integración curricular de las TIC, como una más de las habilidades y competencias que habrán de poner en juego en su trayectoria docente. El entusiasmo no se puede pedir por la vía administrativa, por supuesto, pero tal vez se difunda como una plaga si los jóvenes docentes que comienzan su carrera profesional ven a su alrededor a compañeros veteranos y entusiastas, y cuentan con los medios apropiados. Decía el novelista Luis Landero (que fue profesor antes que fraile) que la literatura no se enseña, sino que se contagia. Algo parecido puede afirmarse de la integración de las TIC en el aula.