Las maquetas y miniaturas han sido una de mis pasiones de adolescencia y juventud. Mi hermano José Ángel y yo ahorrábamos la paga de los domingos para comprar maquetas, pinceles y pinturas, y nos pasamos días enteros de nuestros veranos sin salir de casa, entregados a la absorbente tarea de montar reproducciones a escala de tanques, aviones y barcos (estas últimas, las más difíciles) y de pintar figuritas de soldados de la Segunda Guerra Mundial y de las Guerras Napoleónicas. Todavía hoy me detengo en los escaparates de las jugueterías y las tiendas de regalos para mirar con arrobo las casas de muñecas, los grandes galeones en sus cajas atiborradas de piezas diminutas, y los dioramas fantásticos de los Warhammer.

Durante mucho tiempo tuve la estúpida convicción de que la nuestra había sido una afición un tanto vergonzante, hasta que descubrí, en las fotos de entrevistas con escritores como Javier Marías o Fernando Savater, que eso de colocar en las estanterías miniaturas diversas no es, en modo alguno, una extravagancia juvenil, sino una muestra de exquisitez y hasta de buen tono intelectual. Cuánto me reconfortó contemplar, mientras desfilaban por la pantalla los títulos de crédito de la versión cinematográfica de El alquimista impaciente, de Patricia Ferreira, al sargento Rubén Bevilacqua dedicado a la atenta y amorosa pintura de su colección de figuras militares (él era más selectivo que yo, pues sólo montaba y decoraba las reproducciones de soldados de ejércitos derrotados).

Sirva lo anterior como introducción a la presencia en La Bitácora del Tigre de un par de nuevas aportaciones a la sección emblemática del blog, hasta ahora ocupada por peluches, carteles, toallas de felpa y una figurita de pasta: un tigre de plástico, de la serie de predadores de Schleich, y un punto de lectura de Clairefontaine, con la imagen en tres dimensiones de un rugiente felino. Llevaba tiempo esperando el primero, desde que Pilar me insinuó que había visto por ahí un tigre que pensaba regalarme. El segundo, sin embargo, ha sido una sorpresa: qué cosas, un objeto tan tradicional y entrañable como el marcapáginas o punto de lectura, convertido en un fascinante diseño en 3-D, para admiración de propios y extraños.

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Addenda del 27 de abril de 2007

Con motivo de los regalos, he aprovechado para abrir un nuevo conjunto fotográfico en mi cuenta de Flickr, dedicado a los tigres. Ahí iré aposentando las fotos de los felinos rayados, para que se vayan conociendo y hagan buenas migas entre ellos.

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