7 comentarios a “El final de la autoría (y de la lectura)”

  1. Felipe Zayas

    Interesantísima entrada la que has escrito. Propones situar la reflexión didáctica en la mas rabiosa vanguardia. Mucho más allá del terreno en el que hoy han de situarse las propuestas curriculares. Está claro que aún no hay respuestas a tus preguntas. Pero eso no quiere decir que no debamos hacernos las preguntas y tratar de contestarlas.

  2. Carmen

    A mí me gustó el artículo de Vila-Matas sobre el mismo tema publicado también en el último Babelia (http://www.elpais.es/suple/babelia/index.html?d_date=20060916). Termina de una forma esperanzada. Y es que yo creo que el libro convivirá con otras formas, ya sea en papel o digitalizado. Curiosamente, cuando algunos intelectuales están alarmados por ese futuro incierto del libro, nacen iniciativas como la del bookcrossing. Evidentemente, lo que peligra es el negocio del libro. Como ha ocurrido con la música, los editores no van a seguir ganando tanto dinero como hasta ahora. Hay muchas cosas que a mí me parecerían bien, como imprimir y editar por encargo, ahorraríamos mucho papel. Pero, para centrar el tema en la cuestión que se propone en el post, qué hacemos en la institución escolar, supongo que nuestro deber es enseñar , en mi caso, historia de la literatura y, por tanto, seguir acercando y facilitando la lectura de los clásicos en el soporte que sea. El problema es que cada vez es más complicado. Son muchas las razones para este corto espacio. Pero esa es la tarea. A mí hay una cosa que ahora mismo me preocupa más. Se trata de esa moda de ofrecer en la asignatura de Lengua castellana y Literatura esas lecturas juveniles hechas en laboratorio para adolescentes. En general, estos libros aportan poco, no creo que ahí encuentren “ese estilo que llega al fondo de las cosas, ese estilo que contiene las desdichadas formas de la individualidad, de la libertad, de la independencia, acaso también de la maestría” del que habla Vila-Matas. Eso sí, las editoriales se forran.

  3. Eduardo Larequi

    A mí también me gustó el artículo de Enrique Vila-Matas, y estoy bastante de acuerdo con lo que él dice. Seguro que no se van a extinguir los libros, ni los autores, y que convivirán las nuevas formas de edición con las tradicionales. Ahora bien, creo que el libro, como soporte privilegiado de lo que solemos entender como “cultura”, puede verse amenazado por los nuevos soportes y modos de comunicación. El efecto sobre la institución escolar de estos cambios es difícil de prever, pero creo que ya lo estamos experimentando.

    Respecto a la segunda parte de tu comentario, Carmen, no puedo estar más de acuerdo. A ver si tengo tiempo de redactar alguna entrada sobre el tema, siguiendo las ideas que esbozas en tu última entrada de Blogtic.

  4. laia

    Respecto a las lecturas obligatorias y demás, yo creo que se ha de equilibrar, ofrecer los libors juveniles y los de siempre y facilitar el salto de unos a otros. Y sobre todo, trabajar textos breves en clase para mejorar la comprensión lectora, difícilmente se podrán enfrentar a un texto largo y exigente los alumnos que tienen un escaso vocabulario, que no saben ver la estructura de un texto, que se cansan leyendo y olvidan las líneas precedentes. Así que para mí, el debate no está tanto en qué textos ofrecer (qué también) sino como trabajar con ellos (distinguiendo la lectura libre por placer y el trabajo de aula)

  5. La Bitácora del Tigre · De lecturas obligatorias y dificultades de lectura.

    [...] El comentario de Carmen, de Blogtic, a una entrada en La Bitácora del Tigre, me ha animado a ponerme a escribir sobre un aspecto de la actividad docente que siempre me ha preocupado mucho: la selección de lecturas “obligatorias” para los alumnos de Secundaria y Bachillerato. [...]

  6. Eduardo Larequi

    Tienes razón, Laia: en el justo medio se halla la virtud, como decían los clásicos. Lo malo es que muchas, demasiadas veces, el salto del que hablas no se produce.

    El recurso a los fragmentos seleccionados es inevitable, todos lo hemos utilizado y lo seguiremos utilizando. Ahora bien, la percepción cabal de la obra literaria no puede prescindir, creo yo, de la lectura y el análisis de textos completos, de obras literarias íntegras. Que esta es una tarea áspera y difícil, nadie lo pone en duda. A sus dificultades y a los malos tragos que nos llevamos cuando la ponemos en práctica he dedicado mi entrada de hoy.

  7. Carmen

    Sí, estamos experimentando esos efectos porque en realidad no hay interés por esa “cultura”, en ningún tipo de soporte. Y no lo hay porque los modelos sociales van por otro lado. A mí me asusta que el problema del hábito lector entre nuestros jóvenes no sea sólo porque tienen otros intereses, sino por falta de competencia, no son capaces de entender. Es muy grave. En algo está fallando la sociedad, el sistema educativo y no sé si los profesores, porque nuestra situación es difícil. Como tiendo al optimismo, creo que algo va a cambiar, al menos la gente empieza a ser consciente de que algo falla. Para que el libro conviva perfectamente con las nuevas tecnologías hay que enseñar a respetar y a necesitar esa “cultura” de la que hablamos, para que cada cual la busque en el soporte que quiera. Y creo que la sociedad no les está transmitiendo eso precisamente a los jóvenes.

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