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7 comentarios a “De lecturas obligatorias y dificultades de lectura”

  1. Felipe Zayas

    Creo que deberíamos reivindicar también las adaptaciones de obras clasicas. Por ejemplo, las que del Quijote aparecieron en Vicens Vives conmitivo del 5º centenario. Prefiero una adaptación respetuosa que una novela juvenil hecha para el mercado escolar.
    Es neceasario, como Laia hizo en una entrada anterior, distinguir entre lectura por placer y lectura para aprender a leer. Las dos vertientes están vinculadas, pero exigen intervenciones didácticas diferentes. Yo estoy radicalmente en contra de las llamadas “lecturas obligatorias” a no ser que sean lecturas con la finalidad de aprender a leer, es decir, lecturas hechas en clase con la ayuda del profesor.

  2. Eduardo Larequi

    Coincido contigo, Felipe, en que sólo es didácticamente rentable lo que se hace en clase, y que a este ámbito hay que reducir las llamadas “lecturas obligatorias”. Lo cual no significa, a mi modo de ver, que haya que excluir de un planteamiento didáctico la intervención lectora de los alumnos por sí mismos, como tarea personal para llevar a cabo fuera del aula (no de forma exclusiva), siempre con la guía y las orientaciones del profesor.

    También creo que habría que precisar el alcance del concepto “aprender a leer”. Supongo que lo utilizas (y Laia también) con un sentido muy amplio. En relación con la literatura, “aprender a leer” tiene una complejidad añadida, pues supone aspectos como el reconocimiento de los mecanismos del código literario, la educación de la sensibilidad y el gusto, la educación afectiva y sentimental, etc. Yo echo en falta, en muchas de las lecturas que se proponen a los chicos en los últimos tiempos, este tipo de cosas.

  3. Carmen

    Lleváis mucha razón. Creo que los profesores, con nuestra buena intención de “enganchar” a los alumnos con la lectura, les ofrecemos a veces cualquier cosa que pensamos que les va a ser menos engorrosa. Pero es muy importante diferenciar lo que comentabais: la lectura de ocio (ahí cada cual que lea lo que quiera, asesorado o no por el profesor) y la lectura para clase de literatura. Este último tipo de lectura tiene que ser trabajado en clase para que resulte provechoso. Ocurre a veces, o a mí me ocurre, que siendo ese “aprender a leer” lo más importante que debemos hacer con los alumnos, se descuida porque se acaba imponiendo la enseñanza de la gramática. Quizá nos dejamos llevar, en ocasiones, por la tediosa insistencia de los libros de texto en las clases de sintagmas y las funciones sintácticas. Yo me planteo si no estoy dedicando un tiempo desproporcionado a esto.

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  5. La Bitácora del Tigre · Cuentos de José María Merino

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  6. MISTRAL

    Os cuento mi experiencia personal sobre este asunto. Mi hija de 13 años ha leído los consabidos libros de Barco de Vapor, algunos de ellos con el premio a cuestas. Cuando la puse delante de un fragmento de Cartas desde mi celda de Becquer (el fragmento escrito ocupaba un folio) y le pregunté de qué iba….no supo darme una explicación. Comunmente sabe darla de un libro serie naranja, pero no de aquel fragmento. Intenté desentrañar en que consistía el asunto y llegué a la conclusión de que el “tropiezo” estaba en la cantidad de oraciones subordinadas enlazadas, por ejemplo: ante una coma que da comienzo a una disgresión del autor, para luego volver a coger el hilo argumental principal…..sencillamente la chica se pierde. No se trata sólo de vocabulario (fácil solución el diccionario) sino de algo más profundo….incapacidad para leer fragmentos sintácticamente complejos.
    Con mi segundo hijo he tomado otra decisión, antes no había esta cantidad de oferta “juvenil” sintacticamente facilona, llena de punto y seguido o punto y aparte. Prácticamente se pasaba de los cuentos populares a Verne o Salgari….así que saltaremos a Jack London….empezaré por leerlo junto a él (es buen lector de por si) sobre todo para despejarle dudas, ya que espero que la historia de Buck haga el resto de trabajo por mi.

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