Repasando la bitácora (cuyo proveedor de alojamiento me está dando muchos disgustos; si alguien sabe de un buen proveedor para un WordPress cargado de plugins, me haría un favor al decírmelo), he comprobado que hace algo más de un mes que no dedico una entrada a mis lecturas. No es que haya dejado de leer, pero entre unas cosas y otras –algunos desajustes en mi red, colaboraciones con otras publicaciones, pruebas con Linux, el maldito hosting– no he encontrado el tiempo y la tranquilidad necesarios para ponerme a escribir de lo que más me gusta, la literatura.

Por otra parte, ninguno de los cuatro libros de los que voy a tratar a continuación me han gustado especialmente. Y, claro, sin una pequeña dosis de entusiasmo de por medio, uno se va deslizando por la peligrosa pendiente de la pereza y el abandono. Más vale que llega el fin de semana, con sus promesas de tiempo y tranquilidad. Con esta perspectiva, me he animado a poner por escrito unas breves impresiones de las cuatro novelas que he leído en las últimas fechas.

Portada del libroLa primera de la serie es En el nombre del cerdo, el nuevo libro del mismo Pablo Tusset con cuya Lo mejor que le puede pasar a un cruasán me partí de risa. La verdad es que no sé cómo definirlo, a no ser como un relato desconcertante, que va dando esquinazo al lector a cada paso. No sé si es una novela genial (creo que no, pero hay quién sabe más que yo y lo afirma sin rubor) o fracasada, una especie de popurrí de géneros y tramas, con un claro predominio de lo policíaco, que acaba perdiendo el norte en su propia y confusa mezcolanza. Lo que sí parece claro es que a Tusset le encanta burlar al lector (ya lo hizo en la del cruasán), desconcertarlo, ponerle la miel en los labios y hacerle un quite. El lector, claro, responde con entusiasmo, se deja llevar, lee con expectación, esperando que todos los elementos sueltos cuadren en un desenlace impresionante, o al menos tan original como el de la famosa novela del cruasán (yo debo reconocer que, aprovechando un viaje en tren a Madrid, devoré la novela en un par de sentadas) y, finalmente, acaba sintiendo que le han tomado el tupé.

Portada del libroDe la segunda novela, el Tiranosaurio de Douglas Preston, ya sospechaba antes de comprarla (en la estación de Atocha, en Madrid, antes del viaje de vuelta a Pamplona al que acabo de referirme) que su calidad literaria brilla por su ausencia, porque he leído un montón de libros del tándem Douglas Preston-Lincoln Child y sé a qué atenerme con sus producciones. De todas formas, aunque las novelas de Preston y Child sean bastante flojas desde un punto de vista estrictamente literario, a mí me gustan, porque tienen una mezcla muy atractiva de intriga, elementos tecnológicos y acción (por ahí está mi reseña de La mano del diablo). Para leer en viajes, o cuando uno está harto de sesudos ensayos y no menos sesudas novelas, son geniales. Sin embargo, Tiranosaurio no se merece siquiera el beneficio de la duda, pues se trata de un petardo inverosímil, mal contado y pobremente planificado, con personajes inexistentes y ridículos y una base científica y tecnológica absolutamente manida (lo del meteorito de Chixchulub y la extinción masiva de dinosaurios ya está muy visto). Comparada con ella, Parque Jurásico, a la cual la novela de Richard Preston hace más de un guiño cómplice, es un auténtico monumento de la imaginación creadora.

Portada del libroEl tercer libro es algo más sólido, aunque a mi modo de ver también decepcionante. Se trata de Ruido de pasos, una novela de ciencia ficción escrita por Larry Niven y Jerry Pournelle en 1985, que ha sido editada recientemente por La Factoría de Ideas. Me temo que la diferencia de fechas entre las ediciones norteamericana y española es un indicio del escaso valor del libro, cuya traducción tampoco contribuye a hacerlo más legible. En algún sitio he leído lo poco apropiado que es el título para el original, Footfall, término que en la novela se refiere a un muy efectivo método alienígena para aniquilar cualquier clase de resistencia militar terrícola. Aunque con algunas novedades interesantes respecto a modelos anteriores, la novela de Niven y Pournelle no es más que una versión militarista y superamericanizada de uno de los temas más queridos del género, la invasión de la Tierra por parte de los extraterrestres, unos invasores que, al menos en esta ocasión, sobrepasan el estereotipo puramente imperialista de tantas y tantas novelas y películas (y el hecho de que tengan una forma que recuerda a la de cierto mamífero terrestre de gran porte tiene su gracia). Con todo, y a pesar de la verosimilitud científica que sus autores se esfuerzan por mantener a lo largo de la trama, Ruido de pasos es una novela demasiado larga, premiosa en el arranque, excesivamente dispersa en personajes y escenarios y con un inquietante parecido con algunas secuencias de Independence Day que, aunque no haya sido deseado por sus autores (la película de Roland Emmerich es once años posterior a la novela), resulta demasiado obvio como para ser pasado por alto.

Portada del libroSeñores del Olimpo, de Javier Negrete, es sin lugar a dudas la mejor novela de las cuatro, lo cual no significa que me haya convencido plenamente. Tengo pendiente una reseña larga para una publicación especializada, así que no conviene que me extienda demasiado. Lo que sí puedo decir es que a mí me hubiera gustado que una novela ganadora de la tercera convocatoria del Premio Minotauro, que se define a sí mismo como un premio internacional de ciencia ficción y literatura fantástica, fuera un relato más ambicioso, de más fuste. Yo hubiera querido una novela que, a tono con su ambientación mitológica, estuviera revestida de una cierta solemnidad, y superara los modos y las maneras de la literatura juvenil y de aventuras, que son los que el lector aficionado a los géneros de la imaginación reconoce en este libro, por lo demás muy bien escrito, con un lustre cultural nada desdeñable, y en más de una ocasión apasionante.

En fin, hay rachas de lectura estupendas y otras no tan afortunadas. Recientemente compré a través de Internet tres libros del incomparable Dino Buzzati (El desierto de los Tártaros, Un amor, Sesenta relatos), con los que me voy a emplear a fondo en cuanto me quite de encima las tareas de mantenimiento de la bitácora. Por lo menos del primer libro prometo una enjundiosa reseña, porque es una novela que llevo años deseando leer.

Pablo Tusset, En el nombre del cerdo, Barcelona, Destino (Col. “Áncora y Delfín”, 1063), 2006, 443 páginas. Douglas Preston, Tiranosaurio, Barcelona, Plaza y Janés (Col. “Éxitos Plaza y Janés”), 2006, 472 páginas. Larry Niven y Jerry Pournelle, Ruido de pasos, Madrid, La Factoría de Ideas (Col. “Solaris Ficción”, 80), 2006, 543 páginas. Javier Negrete, Señores del Olimpo, Barcelona, Ediciones Minotauro (Col. “Pegasus”), 2006, 394 páginas.