Hace tiempo que incluí en la barra lateral de mi bitácora un enlace a Crisei, el estupendo blog de Rafael Marín Trechera, escritor de novelas de ciencia ficción, traductor (a su pluma se debe la traducción de la duología IliónOlympo, de Dan Simmons, de la que estoy preparando una reseña y tal vez algún trabajo más enjundioso), cinéfilo impenitente y cadista de pro. No es que lea Crisei todos los días, ni mucho menos (mea culpa, porque el blog lo merece), pero consulto sus entradas con cierta asiduidad.

Cuando leí en Crisei que Rafael Marín se había comprometido a traducir una nueva edición de Príncipe Valiente, la historia gráfica de Harold Foster (en opinión de muchos aficionados y expertos, el mejor cómic de la historia) me dio un vuelco el corazón. Príncipe Valiente forma, junto con Tintín y El teniente Blueberry, la trinidad de los cómics que más admiro. Sin embargo, a diferencia de las historias gráficas de Hergé y Charlier-Giraud, que he leído, releído y vuelto a leer, nunca he tenido la oportunidad de disfrutar la serie de Príncipe Valiente al completo, y sólo la he leído de manera fragmentaria, y un poco a salto de mata. Por eso me hizo todavía más ilusión, si cabe, el elogioso comentario que el autor de Crisei dedicaba al trabajo editorial de Manuel Caldas, un especialista portugués en la obra de Hal Foster que ha llevado a cabo, con cuidado infinito, la que muchos admiradores del dibujante e ilustrador norteamericano consideran como mejor edición hasta la fecha de las aventuras del joven Val.

Me ha costado algún esfuerzo conseguir el primer volumen de la mencionada edición, en el que aparecen las planchas publicadas entre 1937 y 1938, pero ha merecido la pena. Es un trabajo impecable, "en glorioso blanco y negro", como dice Rafael Marín (conviene advertir que la ilustración que acompaña a este artículo no pertenece al primer volumen), impreso en gran formato, en justa correspondencia a su fama y al modo en que lo concibió Hal Foster. La edición de Manuel Caldas es un gozo para la vista y para la imaginación, una aventura de los sentidos, que le transporta a uno muchos años atrás, a la edad en que los cómics y las historias gráficas eran, casi, un alimento espiritual. Tendré que hacerles sitio, pero puedo asegurar que este primer volumen, y los que le sigan, merecen ocupar un lugar de privilegio en mis estanterías.

El Príncipe Valiente

Bueno, con esta entrada me despido del año 2006. Mañana me voy a París (una ciudad en la que he estado sólo unas horas, y de noche), donde pasaré la Nochevieja, espero que desconectado de mi cada vez más obsesiva blogoadicción. El 2006 ha sido fecundo para La Bitácora del Tigre: si no he contado mal, 177 entradas y muchas decenas de miles de palabras. Vistas en perspectiva, las cifras agobian; uno se pregunta cuánto de lo escrito merecerá perdurar, siquiera mínimamente, cuánto habrá sido leído, cuánto desaparecerá en el olvido, como las lágrimas en la lluvia, según la inmortal confesión del androide Roy Batty

En fin, nada de melancolía, que mañana parto rumbo a la Ciudad de la Luz en el TGV. En la novela Olympo, que acabo de terminar, la capital de Francia desaparece por culpa de un agujero negro descontrolado. Su origen es por demás curioso: los ingenieros franceses lo ponen en funcionamiento para viajar al pasado y encontrar al autor del misterioso manuscrito Voynich. La bibliomanía, es lo que tiene… Espero que la fantasía desbordarte de Dan Simmons no sea premonitoria.

Una última observación: la entrada, incluida la ilustración, ha sido íntegramente redactada, corregida y enviada a la bitácora mediante Qumana 3.0, un estupendo editor para blogs que es una ayuda inapreciable para los blogueros que padecemos la maldición de la verborragia.

Suerte y felicidad para todos en este año 2007 que está a punto de llegar. A ver si puedo celebrarlo con champán.

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