Subir fotos a la cuenta de Flickr se está convirtiendo en un vicio. Es fácil, cómodo (siempre que se disponga de una conexión a Internet con suficiente ancho de banda, claro, y se utilice alguna aplicación como Flickr Uploadr), y los resultados son fascinantes, incluso aunque el autor de las instantáneas sea el peor fotógrafo del mundo. Si además se utiliza un plugin, como el excelente FAlbum para WordPress, para presentar las fotos en el blog, poco más hay que pedir.

En los últimos días, he creado otras dos colecciones: animales y obras públicas. La primera reúne fotos de bichos diversos, especialmente gatos callejeros, cuya altiva fotogenia los hace irresistible para el objetivo de la cámara. La segunda obedece a una de mis particulares filias, las grandes obras públicas, especialmente embalses e infraestructuras hidráulicas. No ofrecen imágenes de tan poderoso magnetismo como las de los gatos, pero me gustan casi tanto como ellos.

Por entre la selva digital del disco duro andan esperando su turno otras colecciones: de la antigüedad romana, de iglesias románicas y góticas, de paisajes. Con el tiempo y unas cañas, espero que todas tengan su oportunidad de pasar a formar parte del inmenso archivo de Flickr. Otra cosa será etiquetar tanta foto, tarea que tengo pendiente, pero que me da una inmensa pereza.

Aquí va un avance de las dos colecciones que acabo de citar: un primer plano de la cabeza de un gato callejero, al que desperté de la siesta en Garralda, uno de los pueblos más bonitos de Navarra, el 31 de julio de 2006, y una vista casi cenital de la presa de Aldeadávila, en Salamanca, tomada el 28 de diciembre de 2003.

Gato callejero

Gato callejero


Presa de Aldeadávila

Presa de Aldeadávila