Hace algún tiempo que incluyo en el blog publicidad contextual, proporcionada por Google Adsense. Algún dinerillo me deja, aunque no tanto como para sufragar los gastos de alojamiento, que es lo que yo pretendía, con ingenuidad digna de mejor causa, cuando me di de alta en este servicio, originalmente destinado a Lengua en Secundaria.

En todo caso, no publico esta entrada para quejarme de los magros ingresos que percibo, ni tampoco para protestar contra Google y su al parecer imparable carrera hacia la figura del Gran Hermano orwelliano (anteayer vi el vídeo que José Mª González Serna ha incluido en una reciente entrada de su blog, y la verdad es que no faltan motivos para sentirse preocupado por su omnímodo poder), sino más bien para discutir, si es posible con una nota humorística, la eficacia de la publicidad contextual que Google Adsense proporciona.

Mi discusión se basa en datos que tal vez puedan considerarse insuficientes, y sin duda subjetivos. Desde luego, admito que son poco representativos y que no tienen ninguna pretensión de exhaustividad. Los recogí ayer por la noche, en una hora de navegación dedicada a zascandilear por entre las cincuenta últimas entradas de mi blog. A partir de ese breve recorrido, anoto algunas apresuradas observaciones:

  • Cuando las entradas versan sobre categorías temáticamente “compactas”, la publicidad de Google AdSense es bastante eficaz. La categoría más atinada en cuanto a los anuncios es probablemente la de cine, seguida de bitácoras y WordPress y libros. En cambio, los anuncios que se incluyen en las entradas pertenecientes a otras categorías son mucho más imprecisos.
  • Es difícil saber cuál es el elemento de contenido que determina la selección de publicidad contextual: a veces parece tratarse del nombre de la categoría o el título de la entrada, otras la repetición de un concepto, o un campo semántico o léxico, pero no siempre. Luego daré algunas pruebas de los extremos desconcertantes a que puede llegar la relación entre contenido y anuncio.
  • La publicidad conseguida es mucho menos precisa de lo que sería menester. Uno quisiera que los anuncios sobre un libro de ciencia ficción enviaran a librerías especializadas en el género, o que en las entradas de la sección de podcasts apareciera publicidad de las tiendas online que venden bandas sonoras de películas, pero la realidad está muy lejos de llegar a semejante nivel de eficacia.
  • Parece evidente que la eficacia de la publicidad contextual está en proporción directa con la homogeneidad temática del blog, e incluso con el grado de concreción y representatividad de sus entradas. Dicho en otros términos: si el contenido es temáticamente homogéneo, específico y figurativo, la publicidad es atinada. En cambio, si el contenido es heterogéneo, abstracto o no figurativo (irónico, humorístico o dominado por otras funciones del lenguaje que no sean la representativa), los resultados son mucho peores.
  • Aunque no estoy del todo seguro, creo que también la longitud de las entradas influye en la eficacia de la publicidad contextual. Con independencia de las variables ya señaladas en el punto anterior, entradas más breves consiguen mejores resultados que las más largas.

Hasta aquí el análisis teórico, que no pretende pasar por dogma de fe, como ya he dicho. A continuación, señalo unos cuantos ejemplos de falta de correspondencia entre contenido y anuncio, algunos ciertamente llamativos (Las referencias a los anuncios aparecen en pasado, porque desde que hice mis comprobaciones ayer por la noche la publicidad contextual ha cambiado; vaya usted a saber qué sorpresas deparará de aquí en adelante):

  • La página principal de La Bitácora del Tigre mostraba ayer un anuncio sobre una empresa especializada en eliminación de termitas. Curiosamente, el anuncio aparecía también en las entradas tituladas “Fotos del Tigre”, “Más sobre la actualización de WordPress a la versión 2.1” y “WordPerfect y la melancolía”. Hasta la fecha, soy incapaz de explicarme el porqué de este anuncio, pues en todo el blog no hay la más mínima referencia a semejantes bichos.
  • Siguiendo con las relaciones desconcertantes, en la entrada titulada “La primera (y única) vez en que me tiré del tren” se mostraba la publicidad de una empresa de contactos, bajo el incitante reclamo de “Échate una novia”. La única explicación que se me ocurre para justificar la relación es que en el texto de la entrada aparece dos veces la palabra “compañera”, aunque en su acepción de ‘colega de profesión docente’, y no desde luego en la que parece sugerir el anuncio.
  • Asociado a la entrada “Tigres con FlickrCC” aparecía un anuncio de hoteles con encanto en Monzón y Binéfar, a pesar de que en ella no se nombra ninguna de las dos localidades. Lo mismo ocurría con las entradas “El Tigre se reorganiza y un truco para WordPress”, “Google también sirve para otras cosas” y “Nativos digitales”, aun cuando estos tres textos son completamente ajenos a cualquier relación temática con la capital de la comarca del Cinca Medio. Lo más intrigante del caso es que el anuncio de los hoteles oscenses no figuraba en la entrada “La primera (y única) vez en que me tiré del tren”, donde sí se cita Monzón.

He dejado voluntariamente para el final algunas perlas cultivadas de la publicidad contextual de Google AdSense:

  • Bajo la entrada titulada “El profesor de la magdalenas”, que narra una anécdota de la vida escolar y sólo tiene en común con la gastronomía la palabra “magdalenas” aparecían un anuncio de recetas de Arguiñano y otro de recetas de cocina. Vale, la tentación era irresistible.
  • Otra combinación gloriosa era el anuncio de un “Master Protocolo y RRPP” en la entrada sobre “La etiqueta en los blogs educativos”. No va del todo desencaminado Google Adsense, no.
  • El magnetismo del título actuaba claramente en la entrada titulada “Fiebre, pesadillas y Wikispaces”: dos anuncios sobre cura de trastornos psiquiátricos y otro sobre psicología educativa. Por supuesto, es absurdo pedirle a Google AdSense que interprete correctamente una entrada que de hecho constituye la crónica de un delirio febril.
  • El premio a la asociación más surrealista se lo debería llevar un anuncio de “Cimbras. Productoras de cimbras de aluminio para concretos”, vinculado a la entrada “Una prueba de publicación diferida”. Soy absolutamente incapaz de explicarme el porqué de un anuncio de cementos mexicanos en una entrada que describe un experimento de publicación en WordPress.
  • “La construcción del tú en los blogs” me ha permitido reírme durante un buen rato: nada menos que dos anuncios sobre construcciones y obras, otro sobre piscinas de hormigón y un cuarto de promociones inmobiliarias. Es curioso, porque las analogías constructivas y arquitectónicas no aparecen por ninguna parte en los anuncios de otra entrada de título muy semejante, “La construcción del yo en los blogs”.
  • El premio gordo a la publicidad caótica habría que dárselo a la reseña sobre la novela El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati. Es verdad que bajo el texto aparecía un anuncio de un taller de escritura, pero éste iba acompañado de otro de esencias naturales, uno sobre un hotel en la Polinesia y otro más sobre telefonía vía satélite. En la variedad está el gusto, sí señor.

Termino con unas breves conclusiones. La primera es más bien melancólica o vindicativa, según se mire: a la luz de los delirios de Google AdSense, el horizonte de una web semántica omnicomprensiva, formada por aplicaciones capaces de dialogar entre sí, procesar correctamente el lenguaje natural y extraer sentido en forma semejante a como la hacemos los seres humanos, sigue pareciendo muy lejano. Para que luego diga algún iluminado que los profesores de Lengua estamos de más.

La segunda es mucho más alegre y entusiasta: propongo (es broma, que nadie se lo tome en serio, a no ser que le guste la idea y quiera convocar formalmente un meme de fin de semana) un concurso blogosférico de publicidad contextual, destinado a engañar a los sofisticados algoritmos de Google y lograr la combinación más extravagante o ingeniosa entre contenido y anuncios. Quién nos iba a decir que Google Adsense poseía el toque mágico de un ars combinatoria que deja en mantillas los experimentos surrealistas al estilo de le cadavre exquis.