Las actividades del Taller de Teatro del I.E.S. Navarro Villoslada, de Pamplona (centro que entre la gente del gremio se conoce como Instituto de Ermitagaña, o incluso Ermitagaña a secas, por el barrio homónimo donde asienta sus reales), tienen una resonancia muy personal en mi vida. Mi primera novia fue alumna del bachillerato nocturno de aquel centro, hace la tira de años, y por sus pasillos la rondé yo durante algunos meses; a veces, mientras la esperaba, me colaba en el centro y veía fragmentos de los ensayos. También fueron compañeros de facultad varios de los actores y actrices de la primera promoción del Taller, la del curso 1978-79: gente como Txuma García Armendáriz (que, al decir de las crónicas, hacía un Tartufo extraordinario), como Lourdes Goñi, Eva Méndez, Irene Strobl, el infortunado Quico Palacios, Federico Bravo y María Castaño. A algunos les he perdido la pista, pero con otros sigo viéndome y a veces pidiéndoles que rememoren para mí aquella su primera representación.

Nacido del ingenio y la dedicación de Ignacio Aranguren, profesor de Lengua Castellana y Literatura en Ermitagaña, el Taller de Teatro es una institución de enorme prestigio dentro y fuera de Navarra, como prueba la importantísima lista de premios a que se ha hecho acreedor a lo largo de casi treinta años de una trayectoria ejemplar. Pero también constituye toda una industria cultural, que además de movilizar los recursos del Instituto, cuenta con la colaboración de profesores y alumnos de otros centros en tareas de peluquería, vestuario, decorados y diseño gráfico (véase la lista de los equipos educativos de producción que contribuyen al espectáculo), y concita a su alrededor el interés de muchos profesionales de la educación.

A Ermitagaña acuden todos los años miles de alumnos desde todos los puntos de la geografía navarra, pues los profesores de Secundaria y Bachillerato que hemos impartido clase en la Comunidad Foral sabemos que la actividad tiene un innegable atractivo para ellos. Yo puedo dar testimonio de que los alumnos del I.E.S. Ega de San Adrián a los que acompañé a una representación –El burgués gentilhombre de Molière, en un montaje colosal- salieron fascinados, llenos de entusiasmo y admiración por los logros de un grupo de teatro que, asombro entre asombros, se renueva en su totalidad en cada curso escolar, lo que no impide que todos y cada uno de sus montajes tengan un toque profesional realmente insólito.

Este año el Taller del Teatro Escolar del I.E.S. Navarro Villoslada se ha atrevido con La posadera, comedia de Carlo Goldoni transformada para la ocasión en una alegre comedia musical, gracias a otro de los muchos talentos del centro: Juan Carlos Múgica, viejo amigo de los tiempos de la Universidad de Navarra, donde coincidimos con nuestros proyectos de tesis doctoral. Juan Carlos, que tiene a sus espaldas una brillante trayectoria como intérprete y compositor, es colega de profesión (naturalmente, su especialidad es la de Música) y un artista como la copa de un pino. Él se ha encargado de adaptar los números musicales originales que José María Bardagí compuso para la versión que Juan Guerrero Zamora hizo de la comedia de Goldoni en los años setenta. Además, ha añadido nuevas piezas con letras y músicas originales, de gran vistosidad y colorido.

El sábado acudimos Pilar y yo a la representación de La posadera, con un patio de butacas a rebosar, totalmente entregado. El resultado de los talentos combinados de Ignacio Aranguren, Vicente Galbete (otra de las piezas fundamentales de esta ingente máquina teatral, maestro en todas las ares de la escenografía y vestuario) y Juan Carlos Múgica, su trío de directores, y, por supuesto, del elenco de jóvenes intérpretes, músicos y colaboradores técnicos, es una obra divertida, chispeante y entretenidísima a pesar de sus casi dos horas y media de duración, llena de humor y no pocas gotas de reivindicación feminista, con un puñado de actores verdaderamente maravillosos.

Ya sé que en este tipo de montajes queda feo señalar nombres, pero no puedo dejar de mencionar a la protagonista, Natalia Huarte, que lo hace todo y todo bien en su papel de la locandiera Mirandolina: actuar, recitar, sonreír, cantar y llenar la sala con su espléndida voz. Destacan también Iker Fernández y Mikel Iriarte, los dos nobles petimetres que cortejan a la posadera, con sus voces de falsete, sus amanerados ademanes y su desparpajo, que brillaron a gran altura no sólo en la representación, sino incluso en el entreacto, momento mágico en la tradición del Taller de Teatro, porque en él se realiza la colecta que financia sus actuaciones. Y qué decir de las dos “cocottes”, las dos cómicas caraduras y geniales, interpretadas por el Aroa Pérez y Maite Gastón, que dejan al respetable embobado con sus muecas y su atrevida desenvoltura.

Señaló Ignacio Aranguren en la presentación de la obra la calidad humana del grupo, su entrega en los ensayos, su devoción a la causa, su entusiasmo. “No sólo hay botellón” entre la juventud actual, vino a concluir el director de este gran proyecto, que no es sólo un taller de teatro, sino una escuela de valores humanos, de educación en el más pleno y hondo sentido de la palabra. Qué emoción debe recorrerle el cuerpo a un alumno o alumna de 2º de Bachillerato, cuando sabe que la ilusión de años esperando ser seleccionado en el cásting se ve recompensada por la elección “del Aranguren”. Y es una emoción que se traspasa al patio de butacas: cuando vemos lo que logran esos chicos y chicas que todavía no han llegado en muchos casos a la mayoría de edad, los profesores que asistimos a la representación tenemos que hacer un esfuerzo por no mostrar ante nuestros vecinos de butaca que estamos sincera, profundamente conmovidos.

Los interesados en conocer la historia del Taller de Teatro de Ermitagaña tienen a disposición un apasionante testimonio en forma de libro, con una apabullante documentación gráfica, Taller de teatro escolar I.E.S. Navarro Villoslada. 25 años de teatro y educación, Pamplona, Taller de Teatro Escolar I.E.S. Navarro Villoslada, 2004. Y de la representación de la obra de Goldoni se puede ver un completo reportaje fotográfico, a cargo de Adolfo Lacunza, accesible desde la página principal del sitio web del Instituto.

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