Los visitantes habituales de La Bitácora del Tigre habrán advertido que sus contenidos pueden utilizarse de acuerdo con los términos de una de las licencias de Creative Commons. En concreto, de la denominada Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España, la cual establece que cualquier entrada del blog puede copiarse, distribuirse y comunicarse públicamente, y que a partir de ella pueden elaborarse obras derivadas, siempre que se respeten las siguientes condiciones, que copio al pie de la letra:

  • Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
  • No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales.
  • Compartir bajo la misma licencia. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

La licencia añade otras consideraciones de indudable interés: en primer lugar, que al reutilizar o distribuir la obra es necesario dejar bien claros los términos de la licencia; en segundo lugar, que ciertas condiciones pueden no aplicarse si se obtiene el permiso del titular de los derechos de autor; finalmente, que nada en la licencia menoscaba o restringe los derechos morales del autor.

Lo que para un servidor significa todo lo dicho hasta aquí es, en términos menos leguleyos y más prácticos, que cualquiera puede utilizar los contenidos de La Bitácora del Tigre si los considera de interés, siempre que cite su procedencia de manera adecuada, que no se aproveche de ellos para obtener un beneficio material evidente y que al reelaborar sus contenidos los presente al público de forma que se mantenga el espíritu de reciprocidad bajo el que fue creado el original.

Pues bien, siempre hay desaprensivos que se creen que todo el monte es orégano, y que se aprovechan del trabajo ajeno, tal como demuestra una entrada del blog Retropolis, de cuya existencia me ha advertido hoy una mención en el tablero de mi WordPress. El autor de este blog tiene el tupé de copiar al pie de la letra una entrada mía del 22 de enero, ¿Por qué no les gusta a las mujeres la ciencia ficción?, que tuvo cierto éxito dentro y fuera de la blogosfera educativa.

Me he molestado en analizar estadísticamente en Word los textos de la entrada original y de la copia: ambos contienen 14 párrafos, 115 líneas, 1460 palabras, 7417 caracteres (8863 si se cuentan los espacios). Dicho en otros términos, son idénticos, lo cual desmiente la altisonante declaración que figura bajo el título de la entrada de mi plagiario: “Extraído de la Bitácora del Tigre”. De extraído nada: copiado al pie de la letra, sin más esfuerzo que cuatro pulsaciones de teclado, Control+C y Control+V y un par de clics de ratón para conmutar entre ventanas.

Con tan hercúleo esfuerzo es fácil levantar no uno, sino cinco mil blogs. Lo más divertido del caso es que el blog que me ha copiado tan descaradamente encima va de trascendente y filosófico por la vida: “no tomes el camino marcado porque lleva a lugares donde otros han estado ya antes que tú”, dice una frase que figura en lugar destacado de esta seudo-bitácora, a modo de lema o emblema. Hay que tener cara dura.

Vuelvo al inicio “legalista” de esta entrada. A mi modo de ver (pero si hay algún bloguero que sepa más de leyes que yo que me aclare tan espinoso asunto), los términos de la licencia de Creative Commons bajo los cuales se publica La Bitácora del Tigre no se han respetado en este caso: en el blog de mi plagiario (mejor dicho, copista) no figuran los términos de la licencia original, ni la “redistribución” del contenido, por llamarle de alguna manera, tiene nada que ver con ella. La forma en que se publica la entrada, además, es una clara manipulación de la verdad, pues el participio “extraído” induce deliberadamente a confusión.

Si cuento todo esto no es sólo para quitarme de encima el cabreo, que también, sino para denunciar una situación que, por lo que he podido comprobar, cada vez es más frecuente en la blogosfera (de hecho, es la segunda vez que la padezco en mis carnes): la utilización espuria de las modestas producciones de los blogueros y blogueras amateur. Los que escribimos con frecuencia en los blogs no somos unos santos ni tenemos ningún tipo de razón superior al del resto de los mortales, pero tampoco estamos dispuestos a que nos meen en el ojo. No trabajamos gratis et amore para que cualquiera se crea con derecho a hacer con nuestro trabajo lo primero que le venga en gana.

Hay, además, un detalle del caso que me llena de indignación: no puedo realizar en el blog de mi copista el comentario incendiario que me pide el cuerpo, porque la plataforma de publicación que la alberga (prefiero no nombrarla, aunque es probable que los lectores de esta entrada la adivinen, incluso sin acudir al enlace que figura más arriba), me obliga a abrir una sesión o a registrarme. No es que tenga ningún escrúpulo moral en hacerlo, pues ya me registré en ella hace algún tiempo, atraído por algunos de sus servicios, pero no me sale de las narices entrar en su juego sólo para poder ejercer mi justificadísimo derecho al pataleo.

Prefiero exponer a la vergüenza pública a quien realiza estas prácticas y a la plataforma que con su inapropiada política las tolera. No pienso cambiar una coma de lo que aquí está escrito hasta que se produzca una rectificación que me satisfaga. Cuando ocurra tal cosa, que espero sea pronto, no se me caerán los anillos por aceptar públicamente las disculpas de quien ha tenido en tan escasa estimación el esfuerzo ajeno.