Cuentos, de José María MerinoUno de los narradores españoles contemporáneos que más me gustan, y a quien más admiro (entre otras razones porque no sólo es un artista de talento sino también un tipo estupendo), es José María Merino. Tras acabar la carrera, cuando pensaba que mi futuro podría estar vinculado a la docencia universitaria, escribí un par de artículos sobre sus novelas y libros de cuentos. Posteriormente, he seguido con atención su producción narrativa, a la que he dedicado alguna atención en Lengua en Secundaria, con reseñas de su novela El heredero y de los Cuentos de los días raros.

He llevado los relatos de José María Merino a las aulas en varias ocasiones, las más de las veces a través de ejemplos de su narrativa breve que me interesaba comentar como ilustración de diversos fenómenos o géneros narrativos (siempre que puedo, traigo a colación “El niño lobo del Cine Mari”, que es uno de mis predilectos, por su delicada poesía, por su conexión con un tema fantástico tradicional y porque en él aparece uno de mis universos imaginarios más queridos, el de la saga de Star Wars). Además de esas incursiones momentáneas, en una ocasión leí y comenté con mis alumnos de 4º de Secundaria un libro completo de José María Merino, en concreto la edición de Cuentos preparada por Santos Alonso para la editorial Castalia, en su colección “Castalia Didáctica”.

Trabajar en las aulas de Secundaria los relatos fantásticos (pues éste es el género al que pertenece la mayor parte de la producción cuentística de José María Merino) puede resultar muy atractivo, pues lo misterioso, lo enigmático, lo sorprendente y lo inesperado tienen un efecto indudable sobre los jóvenes lectores, pero también ofrece problemas. En alguna otra ocasión ya me he referido en este blog a las dificultades que lo fantástico suele presentar a los alumnos y alumnas de Secundaria, así que no insistiré sobre el particular.

Me interesa ahora precisar una virtud singular de los cuentos fantásticos que los hace especialmente interesantes de cara a un planteamiento didáctico, y es su carácter de “máquinas narrativas” cuyos delicados engranajes y complejos mecanismos aspiran a producir ese efecto de sorpresa, alarma, inquietud o desasosiego (cada lector ponga aquí el concepto que prefiera, pues no es fácil de precisar) que suele considerarse como elemento nuclear de lo fantástico. En cualquier caso, ésta no es la única virtud literaria de los cuentos de Merino, pues en ellos se dan cita una emoción poética muy característica, la reactualización de leyendas y temas del acervo popular, el humor juguetón o malicioso y la reflexión sobre los mecanismos de la ficción.

En la lectura que realicé en clase junto a mis alumnos me esforcé en ahondar en estos aspectos, y especialmente en el que considerado en primer lugar. Tras las sesiones dedicadas a la lectura, pedí a la clase que se organizara por grupos, que eligieran uno de los cuentos del volumen (podía ser cualquiera de los ya leídos u otro, pero siempre de acuerdo con la condición de que el mismo cuento no pudiera ser estudiado por dos grupos diferentes), y que redactaran un ensayo, con arreglo a los siguientes elementos o puntos de análisis:

  • Breve resumen del argumento.
  • Estructura narrativa, la cual comprende:
    • Características del narrador: omnisciente, no omnisciente; en primera, segunda o tercera persona; narrador interno o externo con relación al relato, etc.
    • Estructura del texto: partes de que consta, relación de las partes entre sí y función de cada una de ellas en el cuento.
    • Análisis del desenlace en relación con el desarrollo del cuento.
  • Análisis de los personajes: características relevantes, comportamiento, evolución, relaciones que mantienen entre sí, con los hechos que se narran, con el tiempo y el espacio, etc.
  • Análisis del tiempo (longitud del tiempo narrado, ritmo, presencia de alteraciones temporales como flash-backs u otras, etc.) y del espacio (características del escenario, espacio cerrado o abierto, significado del escenario en relación con el desarrollo de la acción, etc.).
  • Análisis de los sucesos fantásticos: interpretación y significado (en estos cuentos es frecuente que existan varias interpretaciones), carácter simbólico o metafórico, relación con mitos, leyendas, etc.
  • Valoración personal: juicio crítico personal sobre el cuento, su significado, su interés, el estilo del autor, los personajes, etc.

La casa de los dos portales y otros cuentos, de José María MerinoUna de las ventajas de la edición escogida fue que los alumnos pudieron aprovechar las utilísimas indicaciones que Santos Alonso proporciona en sus notas y comentarios (véanse, por ejemplo, los guiones de estudio de los cuentos “El niño lobo del Cine Mari”, “Imposibilidad de la memoria” y “El derrocado”, que figuran en las páginas 293-322). Yo les proporcioné, además, algunos elementos bibliográficos adicionales, pues tengo unos cuantos libros y artículos sobre José María Merino, lo cual les permitió practicar, aunque fuera de un modo muy elemental y muy guiado, los procedimientos de investigación literaria y de cita académica.

Aunque los resultados de la experiencia fueron más bien irregulares (casi siempre ocurre esto cuando en una clase se realizan trabajos en grupo de análisis literario), salí bastante satisfecho de la experiencia. La mayor parte de los grupos cumplieron el expediente, pero algunos realizaron análisis muy completos y, en un par de casos, incluso brillantes, con observaciones sobre el sentido de los episodios y los desenlaces que realmente me sorprendieron.

Los colegas a quienes les interese tratar con la narrativa breve de José María Merino en sus aulas pueden espigar por entre sus libros de narrativa breve (Cuentos del reino secreto, 1982, Artrópodos y hadanes, 1987, El viajero perdido, 1990, Cuentos del Barrio del Refugio, 1994, todos ellos recogidos en Cincuenta cuentos y una fábula. Obra breve 1982-1997, 1997, las novelas cortas de Cuatro nocturnos, 1999, las piezas misceláneas de Días imaginarios, 2002 y los brevísimos Cuentos del libro de la noche, 2005), aunque yo les recomendaría dos ediciones especialmente apropiadas para su explotación didáctica, a saber:

  • La casa de los dos portales y otros cuentos, Madrid, Octaedro, Col. “Biblioteca Octaedro”, nº 7), 1999, edición de Ignacio Soldevila, volumen del que forman parte “La casa de los dos portales”, “Buscador de prodigios”, “El museo”, “El viajero perdido”, “La última tonada”, “El Edén criollo”, “Un ámbito rural”, “Signo y mensaje”, “La costumbre de casa”, “Los frutos del mar”, “El séptimo viaje” y “Pájaros”.
  • Cuentos, Madrid, Editorial Castalia (Col. “Castalia Didáctica”, 53), 2000, edición de Santos Alonso, que contiene los siguientes relatos: “El nacimiento en el desván”, “La casa de los dos portales”, “El desertor”, “El enemigo embotellado”, “El niño lobo del Cine Mari”, “El viajero perdido”, “Las palabras del mundo”, “Cautivos”, “Imposibilidad de la memoria”, “La costumbre de casa”, “El derrocado”, “Bifurcaciones” y “Signo y mensaje”.

Si prefieren leer al Merino novelista (menos apropiado para tratarlo en las aulas de Secundaria, tal vez con la excepción de las tres novelas juveniles que integran las Crónicas mestizas), también tienen excelentes ejemplos a su disposición: Novela de Andrés Choz (1976), El caldero de oro (1981), La orilla oscura (1985, una novela de singular complejidad, que mereció el Premio Nacional de la Crítica), El centro del aire (1991), Las visiones de Lucrecia (1996), Los invisibles (2000) El heredero (2003) y El lugar sin culpa (2007; en cuanto acabe de leerla tengo intención de publicar su reseña).

Y hay también un Merino poeta, y un estudioso de la ficción literaria, y antólogo, y viajero… Mucho, y muy bueno, donde elegir.

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