Hace pocos días, Carlos Cabanillas nos obsequiaba en su blog con una de esas perlas cultivadas a las que, con entusiasmo digno de mejor causa, propenden los responsables de las administraciones educativas. “Borregos adoctrinantes” era el sintagma que el amigo Cabanillas, con su oído bien entrenado para la caza y captura de incongruencias, solecismos y demás abusos lingüísticos, ponía en solfa.

Pues bien, parece que la costumbre se extiende: en el artículo que Ciberp@aís dedicó el pasado jueves a las innovaciones educativas del IES Torre del Palau de Terrassa, se deslizaba un clamoroso oxímoron en la enumeración de los recursos informáticos que el Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya ha puesto a disposición del citado centro:

El centro cuenta en la actualidad con más de 200 ordenadores fijos, 50 portátiles, proyectores en casi todas las aulas, cuatro pizarras digitales interactivas, cableado inalámbrico en todo el edificio y un laboratorio de edición de vídeo y foto digitales.

“Cableado inalámbrico”, escribió Laura Rossell, autora del artículo, sin darse cuenta de que es imposible cablear nada sin los alambres correspondientes. “Conexión inalámbrica” o “cobertura WiFi” hubieran sido alternativas mucho mejores en el contexto del párrafo que acabo de citar, y más fieles a la realidad. Aunque, bien pensado, el involuntario oxímoron perpetrado por la periodista es sólo relativo, pues para que una conexión inalámbrica sea posible en un centro educativo, hay que tender una cierta cantidad de cable que permita a los puntos de acceso inalámbricos hacer su trabajo.

No deja de ser una anécdota sin mayor trascendencia, claro que sí, aunque tal vez reveladora de un fenómeno en el que muchos propagandistas de las TIC tenemos nuestra alícuota parte de culpa: la fascinación por la palabrería tecnológica, el charloteo abundante en acrónimos, tecnicismos y términos diversos cuyo exacto significado más de una vez se nos escapa.