Ni siquiera con los tigres… Y si mis lectores no me creen, les aconsejo que le echen un vistazo al comentario que hace pocos días publicó en mi blog una muchacha rioplatense, muy defraudada por mi actitud ante los grandes felinos rayados. Cito unas líneas de su valoración, sin enmendar ni una coma:

Lo que tendrian que hacer es una pagina contra la caza de tigres eso es realmente algo bueno. el tigre es muy importante y ustedes haciendo paginas sin sentido…….. ponganse las pilas y hagan algo bueno

No quiero hacerle un feo a Lourdes Domenech, que seguramente ha tenido sus buenas razones para continuar el meme iniciado divulgado por Ana Concejero, y proponerme como participante en la cadena de blogs solidarios, pero lo cierto es que La Bitácora del Tigre no se siente muy cómoda en semejante categoría, pues más allá de definiciones de diccionario, o de la elemental preocupación por informar, compartir y enseñar que es elemento consustancial de un blog, estoy convencido de que ni los propósitos, ni los temas, ni las actitudes predominantes en el mío se atienen a lo que yo entiendo por un “blog solidario”, es decir, aquél que pone el acento en la ayuda desinteresada y el compromiso con las causas necesitadas de solidaridad.

La Bitácora del Tigre es, como su autor, un blog individualista, idiosincrásico, anárquico y (así suelo creerlo, seguramente con ilusión digna de mejor causa) más bien inclasificable. Todo lo cual no quita para que a mí me guste ayudar al prójimo a través del blog, y que obtenga una íntima satisfacción de escribir cosas que puedan resultar útiles, especialmente si sus destinatarios son los colegas de profesión y afición bloguera. Pero, francamente, me siento incómodo con la etiqueta de “solidario” a cuestas. Me parece una responsabilidad demasiado pesada, poco compatible con mi carácter y mis aficiones, difícil de sobrellevar con dignidad.

Que no se enfade nadie, pues, si renuncio a continuar en la cadena, formada ya, y con eslabones solidísimos, por casi todos los blogs que habitualmente leo y en los que dejo caer mis comentarios. No es mi intención ser descortés, ni mucho menos subirme a ningún púlpito para dar lecciones. Admito, por otra parte, que tal vez sea un contrasentido decirlo aquí, pues la vanidad inherente a la labor cotidiana de publicación en un blog es en gran medida incompatible con esas palabras, pero yo he creído siempre en la frase evangélica: “que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha”.

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