Lorenzo Silva es uno de los escritores españoles contemporáneos a los que he dedicado una atención más constante, tanto desde Lengua en Secundaria como desde La Bitácora del Tigre. En mi portal publiqué las reseñas de El alquimista impaciente (en realidad, el trabajo sobre la novela ganadora del Premio Nadal de 2000 fue un intento de mostrar a mis alumnos del IES Ega de San Adrián un ejemplo de cómo se puede redactar el análisis de los personajes de una novela) y El nombre de los nuestros, y en el blog me ocupé, hace algo más de dos años, de La reina sin espejo.

De Silva he leído bastantes obras; además de las citadas, las novelas Carta blanca (que es la única que no he conseguido terminar), El lejano país de los estanques, La flaqueza del bolchevique, La isla del fin de la suerte, La niebla y la doncella, los libros de cuentos El déspota adolescente y Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua, y el libro de viajes Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos. Excepto Carta blanca, que me pareció una novela demasiado truculenta, todos me han gustado, y en especial la serie dedicada a las andanzas detectivescas de la pareja formada por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

Pilar comparte mi afición por la narrativa de Silva y por las novelas policíacas (a ella le gustan incluso más que a mí, como tuvo cumplida ocasión de demostrar en su artículo sobre los libros de Anne Perry y Donna Leon), así que a los dos nos hizo mucha ilusión enterarnos de que el novelista de Getafe venía a Pamplona para impartir una conferencia en el Civican, el centro cultural y de ocio de Caja Navarra. Enseguida hice unos cuantos movimientos para conseguir un par de invitaciones (hay que tener amigos hasta en el infierno, y yo tengo algunos muy bien situados), y a contar los días que faltaban para el evento, que tuvo lugar el pasado viernes, día 7, en el salón de actos del Civican. Por cierto, yo no lo conocía y me quedé gratamente sorprendido de sus instalaciones, que entre otras cosas cuentan con una conexión WiFi abierta, a través de la cual pude leer en mi PDA el correo pendiente y repasar los textos que en sucesivas ocasiones escribí con respecto al autor y sus novelas.

La conferencia, con el título “Nuevos detectives: Quijotes del siglo XXI”, fue estupenda, no sólo por el contenido, sino también desde el punto de vista de su enunciación. Silva tiene una voz expresiva y dúctil, una prosodia muy elegante, nada afectada, y una articulación nítida. Dibujó con rasgos sólidos y muy bien fundamentados la trayectoria del género policial, especialmente en el ámbito europeo durante las últimas décadas, y se metió al público en el bolsillo desde las primeras frases. Tal vez no todas sus tesis fueran igualmente consistentes (por ejemplo, mientras que el idealismo de los protagonistas de muchas historias policiales es un rasgo verosímilmente quijotesco, no estoy tan seguro de que la tradición cervantina del relato itinerante constituya un rasgo esencial del género), pero en todo caso las sostuvo con un despliegue de razones muy elocuentes y argumentos y lecturas más que sobrados. Los lectores interesados en ampliar la noticia del caso pueden leer una crónica detallada en la edición de ayer de Diario de Navarra.

Al finalizar la conferencia, abrí el turno de preguntas del público con un par de cuestiones, incluida la obligada indagación sobre la próxima entrega de Bevilacqua y Chamorro. Todavía habrá que esperar algún tiempo (más de un año, según manifestó el escritor), pero por lo demás Lorenzo Silva respondió a todas las preguntas del respetable con suma amabilidad, y eso que algunas sólo tocaron tangencialmente el tema de su conferencia o su propia obra narrativa. Cuando finalizaron las intervenciones del público, acudimos ante la mesa del escritor y nos hicimos los conocidos. Silva no sólo recordaba perfectamente mis reseñas, sino que nos atendió con una cordialidad verdaderamente encomiable y escribió una cariñosa dedicatoria para nuestro ejemplar de La reina sin espejo.

Sé que la confesión resulta un poco ingenua o pueril, pero no me importa señalar que salí del Civican con la ilusión de un niño con zapatos nuevos. No todos los días tiene uno la oportunidad de tratar con un escritor tan accesible, tan atento y tan bien dispuesto.