El 10 de abril de 2005 nació en la Red La Bitácora del Tigre, que por entonces era un proyecto casi experimental, afectado por todos los defectos habituales en este tipo de aventuras: escasez de medios y conocimientos, provisionalidad, imprevisión, bisoñez. Aunque la criatura salió a la luz enteca y hasta un poco llorona, desde su primer gañido llevaba el entusiasmo a flor de piel, y unos enormes deseos de aprender y difundir lo aprendido. La persistencia, las probatinas, el diálogo con otros blogueros y blogueras (y a veces el espionaje descarado de lo que unos y otras hacían) fueron rindiendo poco a poco sus frutos. Hoy, justo tres años después de su nacimiento, La Bitácora del Tigre es un proyecto consolidado, al que dedico muchísimas horas y una atención exhaustiva (Pilar diría, con toda la razón del mundo, que hasta un poco enfermiza).

No quiero aburrir a la concurrencia con un árido despliegue estadístico, pero algunas cifras, generadas gracias a los plugins TD Word Count, WP-Stats y WP-PostViews, pueden resultar iluminadoras (por cierto, recomiendo los tres a los usuarios de WordPress, pues sin llegar a los exhaustivos recuentos de Google Analytics, a veces difíciles de interpretar, proporcionan información muy útil):

  • Sin contar esta última, el blog está formado por 475 entradas distribuidas en 14 categorías; además, el blog cuenta con 12 páginas estáticas, 2 autores, 1777 comentarios correspondientes a 491 comentaristas, y 923 etiquetas.
  • El total de entradas publicadas en el blog asciende a algo más de cuatrocientas mil palabras (418.111, para ser exactos, a una media de unas 880 palabras por entrada), es decir, el equivalente de casi setecientas páginas. Mi ritmo de producción es relativamente alto, pues he escrito 0,44 entradas por día; algo menos, pues, de una entrada cada dos días.
  • El 79,37% de las entradas (377, para ser más exactos) contienen 300 o más palabras. Como referencia, un documento de Word de una cara, con letra Times New Roman de 12 puntos, distribuido en seis párrafos, contiene algo menos de 600 palabras. Esto habla bien a las claras de la inevitable tendencia del Tigre a la verborrea y a saltarse a la torera las normas consuetudinarias de publicación en los blogs.
  • La entrada más larga de entre las que componen este sitio es Clientes para blogs II, publicada el 20 de agosto de 2007, con 5483 palabras, el equivalente a unas 10 páginas. Por su parte, la entrada más breve ha resultado ser Nieve en la Plaza del Castillo (59 palabras), una de las pocas donde se puede rastrear la muy escondida e infrecuente vena poética que alienta en el Tigre.
  • Los meses más productivos en la historia del blog fueron los de enero y febrero de 2007, con veinticuatro entradas por mes y una cifra máxima de 41.697 palabras. En cambio, y sin contar este de abril de 2008, julio y octubre de 2005 fueron los meses más improductivos, pues apenas publiqué cinco entradas al mes.
  • La entrada más comentada del blog es Lecturas juveniles fantásticas y de ciencia ficción, con 29 comentarios, y la más vista (y quiero pensar que también leída) JCE Editor para Joomla, con un total de 11.791 visitas.
  • El comentarista más conspicuo del blog (sin contarme a mí, claro), tiene nombre de mujer. Le pido disculpas de antemano por sacarle los colores, pero se trata de Lourdes Domenech, lo cual no es de extrañar habida cuenta de la enorme cantidad de intervenciones que Lu ha ido sembrando a todo lo largo y ancho de la blogosfera, con una generosidad y apertura de miras realmente encomiable.
  • La categoría que más he frecuentado en el blog es la de Bitácoras y WordPress, con 187 entradas, que casi doblan a la siguiente, Cine, con 103. Las cifras no engañan respecto a mi creciente fascinación por el fenómeno de los blogs y el gestor de contenidos WordPress, indudable campeón en el concurso de aplicaciones destinadas a la creación de este tipo de sitios web. Ya sé que algunos fieles lectores del blog (mil perdones, Elisa, Alberto) se sienten un poco decepcionados por sus derivaciones tecnófilas, pero -lo reconozco abiertamente- cada vez me resulta más difícil y más arduo escribir sobre libros y sobre cine: hay que leer mucho, y hay que pensar, y hay que ponerse a escribir, y todo cuesta su tiempo, y su esfuerzo.

Por utilizar la expresión de Charo que en su día hizo fortuna, el blog me ha cambiado la vida. Desde luego ha transformado mis hábitos internáuticos, que ahora siempre comienzan por la visita ritual a Planeta Educativo, y me ha puesto en contacto con unos cuantos paisajes mentales a los que probablemente no me hubiera acercado nunca. El blog me ha permitido conocer a mucha gente estupenda (aunque, como sigo siendo bastante ostra, pocas veces el contacto a distancia se ha convertido en un cara a cara), con la que he compartido ideas, experiencias y emociones. Partiendo del seguro puerto que me ofrecían los blogs y WordPress, he ido navegando por las procelosas aguas de los gestores de contenidos: Joomla!, Moodle y WordPress MU especialmente, pero también otras aplicaciones y programas, sobre todo aquellos más usados en el entorno educativo por el que se desarrolla mi quehacer profesional.

Además, tanto en la blogosfera como en mi trabajo habitual, me he convertido en furioso, y a veces un tanto descomedido, propagandista de las virtudes comunicativas, sociales y educativas de los blogs. De esa labor difusora y alentadora estoy muy satisfecho, aunque tengo que reconocer que a veces se convierte en una carga difícil de sobrellevar: muchas preguntas que responder, algunos compromisos ineludibles, y otros cuantos que me veo obligado a declinar todo lo amablemente que puedo.

Sobre la potencia adictiva del blog, no voy a decir nada que no se haya dicho ya mil veces: es una droga que inficiona cuerpo y mente y tiene singulares efectos sobre el organismo. Yo siento el hormiguillo en las puntas de los dedos cuando llevo varios días sin teclear, y si pasan unas cuantas fechas sin recibir comentarios, me entra la depre y me pongo mustio. Claro está que en esos casos tengo un remedio infalible: lanzarme a teclear como un poseso y publicar en el plazo más breve posible, con algún enlace estratégicamente situado que invoque el blog del prójimo y le incite a dejar una nota por escrito. Como bien saben los que llevan tiempo en el oficio, es un truco infalible.