No sabía muy bien cómo celebrar las 500 entradas del blog, que se cumplen con ésta que los habituales de La Bitácora del Tigre están leyendo ahora mismo. Había pensado en diversas opciones, todas ellas afectadas por un molesto tufillo triunfalista: una exhibición de fotos en forma de presentaciones, algún podcast antológico con mis canciones y bandas sonoras predilectas, un agradecimiento público dirigido a todos los lectores y visitantes del blog…

Al final, voy a conformarme con una celebración más modesta y paradójica, pues al fin y al cabo ya lancé las campanas al vuelo hace unas cuantas semanas, con motivo de la celebración del tercer aniversario de este sitio web. Lo mejor para solemnizar el medio millar de artículos es reconocer con humildad que no todo es jauja en el blog, como muy oportunamente ha puesto de relieve Antonio Omatos en su comentario a Los problemas de las URLs de WordPress y el español.

Y es que a pesar de los muchos esfuerzos que vengo realizando en asegurar la legibilidad de la bitácora y la corrección de su fuente RSS, resulta que hay algunos agregadores que se empeñan en fastidiarme. Uno de ellos -agradeceré a mis lectores que me indiquen otros, si han experimentado problemas semejantes- es nada más y nada menos que Google Reader, al parecer el campeón indiscutible de los agregadores online, el cual duplica algunas de las últimas entradas del blog.

Habida cuenta de que son cada día más los lectores que leen mi sitio a través de agregadores (según FeedBurner, la fuente RSS tiene hasta la fecha 431 suscriptores), enseguida me he puesto a la tarea de comprobarla por todos los procedimientos a mi alcance: leerla mediante distintos navegadores y agregadores, verificar la integridad del fichero XML en Feed Validator y W3C Feed Validation Service, etc. Puedo asegurar que las entradas no están duplicadas en la fuente original, así que la conclusión lógica es que el problema diagnosticado por Antonio cae bajo la responsabilidad de Google Reader, aplicación a la que ya he han detectado algún que otro fallo.

De todas formas, vistos los antecedentes de este blog y los reiterados conflictos que he tenido con su fuente RSS, soy el primero en desconfiar de mis propias conclusiones. Al final, ironías de la vida, la celebración de las 500 entradas se reduce a poco más que una constatación de la validez del viejo aforismo socrático: “sólo sé que no sé nada”.