Había pensado abrir esta entrada con un titular mucho más frívolo -algo así como “La producción bloguera y la Eurocopa”-, pues en los últimos días la mía se ha visto gozosamente interferida por las andanzas balompédicas de los equipos que compiten en el torneo, y en especial por los buenos partidos (sublime la segunda parte del de ayer) protagonizados por la selección española de fútbol. Sin embargo, tras leer las últimas intervenciones que se suceden en la blogosfera educativa, tan absorbida por los dimes y diretes del Congreso Internet en el Aula, me he convencido a mí mismo que un titular futbolístico podría ser considerado como una imperdonable ligereza.

O no, o quizás, o según se mire. A un género tan confesional y subjetivo como el que configuran las entradas de un blog le viene muy bien de vez en cuando bajar el tono, cambiar el gesto de las cejas permanentemente levantadas y dejarse contaminar con unas gotas de apasionamiento futbolero, o incluso de trivialidad. De hecho, triviales son nuestros memes (unos más que otros, es cierto) por mucho que sirvan para anudar los invisibles lazos que nos unen, insustanciales gran parte de nuestras entradas y comentarios, y sometidas a los implacables efectos del tiempo la mayoría de las novedades tecnológicas y educativas a las que nos dedicamos con tanto frenesí.

Además, qué diablos, estoy convencido de que bastantes colegas blogueros y blogueras (hay muchas mujeres a las que les gusta el fútbol, desde luego muchas más que las que aman ardorosamente la ciencia ficción) corresponden al modelo sociológico de lo que podríamos denominar, con todo el cariño del mundo, “criptofutblogueros” (he aquí una nueva entrada para el blogodiccionario cuya continuidad reclamaba hace poco Lourdes Domenech), es decir, blogueros aficionados al fútbol que disimulan serlo o, de forma más sintética, blogueros futboleros vergonzantes, que interrumpen sus febriles sesiones ante el ordenador cuando juegan Holanda, Alemania, Italia o España, que hacen acopio de cervezas y patatas fritas para relajarse de sus afanes congresuales ante el televisor y que, en suma, están deseando hablar abiertamente de fútbol en sus entradas, aunque lo hagan de forma circunspecta y esquiva, como el que no quiere la cosa. No digo nombres para no incomodar a nadie, pero haberlos haylos.

Dicho todo lo cual, llega el momento de recuperar el gesto serio y continuar por la senda que anunciaba la segunda parte del título de esta entrada. En concreto, toca tratar ahora de tres plugins para WordPress con los que recupero uno de los temas favoritos de conversación de los que utilizamos esta magnífica aplicación (y antes de que se me olvide, conviene guardar a buen recaudo la estupenda lista que hace poco nos ofreció Mario Núñez, denodado propagandista y fanático confeso de las extensiones de WordPress).

Los dos primeros plugins, WordPress Exploit Scanner y WP Developer Assistant, tienen que ver con la seguridad y la administración del gestor de contenidos, ámbitos que todo buen usuario de WordPress debería considerar como elementos inseparablemente relacionados de un mismo empeño. El primero hace justamente lo que su nombre indica: examinar los ficheros de la aplicación y la base de datos en busca de cadenas de código utilizadas por los hackers para hacer de las suyas. Como bien dice su creador, Donncha O Caoimh, es una herramienta que en condiciones normales puede producir falsos positivos (pues en muchos plugins para WordPress hay segmentos de código legítimos que coinciden con los trucos que utilizan los indeseables), pero que también tiene una utilidad indiscutible cuando un usuario sospeche que su blog ha sido hackeado.

En cuanto al WP Developer Assistant, hay que tener en cuenta que se trata de una herramienta para desarrolladores, de manejo complicado y eventualmente peligroso si el usuario no sabe a ciencia cierta lo que está haciendo. A cambio de esos riesgos, proporciona un conocimiento valiosísimo de las interioridades de WordPress, pues permite al administrador de un blog ver los errores de PHP y sus variables globales, modificar los valores de la tabla wp_options, ver una lista completa de las acciones, filtros y constantes definidas, ejecutar consultas, mostrar la configuración de PHP y hasta subir ficheros al margen de las conexiones FTP o SSH.

Ambas extensiones constituyen recursos muy interesantes, aunque no son, ni mucho menos, imprescindibles. De hecho, creo que pueden muy bien instalarse y activarse sólo para comprobar qué tal funcionan. Una vez hecho esto, conviene desactivarlos y mantenerlos en segundo plano, en espera del día -ojalá que no llegue nunca- en que sea preciso echar mano de sus servicios.

El tercero de los plugins, el Search Everything, tiene una utilidad mucho más inmediata, indiscutible y generalizada que los anteriores, pues mejora las funciones de búsqueda que WordPress lleva incorporadas, añadiendo la capacidad de indagar por entre las etiquetas, categorías, comentarios, borradores, extractos, adjuntos y campos personalizados, así como la posibilidad de excluir de tales búsquedas determinados elementos del blog. Yo lo he instalado hace un rato, he hecho unas cuantas pesquisas por lugares recónditos de La Bitácora del Tigre, y he quedado muy satisfecho de sus resultados.

Bien, y volviendo al principio de la entrada, otra frivolité: a mí siempre me han caído muy bien los futbolistas alemanes, por su disciplina, orden, coraje y buena planta en el campo. Pero el domingo, después de comer, voy a hacer muñecos de miga de pan con las figuras de Lehmann, Friedrich, Mertesacker, Metzelder, Lahm, Hitzlsperger, Rolfes, Schweinsteiger, Ballack, Podolski y Klose, los voy a someter a embrujos y ensalmos y les voy a clavar alfileres en sus partes más nobles. A ver si consigo que se despisten, que Xavi se les cuele entre las piernas y que les marque otro golazo como el de ayer.