Llevo algún tiempo haciendo preparativos para las vacaciones veraniegas, que debieran comenzar, si todo sale como debe, en la segunda quincena de julio. No, no me refiero a la lista habitual de camisetas, bermudas, bañadores, chanclas y protectores solares, sino a las previsiones necesarias para no interrumpir mi cotidiana disciplina de bloguero, que ya forma parte de mis costumbres y hasta de mis adicciones. Como en esta ocasión el objetivo del viaje es una deliciosa isla atlántica, a la que llegaremos en avión (dicen que el aterrizaje pone los pelos como escarpias) y sin portátil, he tenido que prever unos cuantos escenarios posibles de producción bloguera, que paso a describir a continuación.

1. En el hotel hay ordenadores con conexión a Internet y a los que se puede conectar un pincho USB, y los clientes pueden hacer uso de ellos (que el servicio sea gratis o de pago es harina de otro costal). Esta sería la mejor de las situaciones, porque ya tengo casi lista la release 2008 del pincho USB que preparé el año pasado, con un montón de aplicaciones portátiles; entre otras, la versión portátil de Post2Blog, y Firefox con la extensión ScribeFire, que es un cliente para blogs estupendo, como ya he señalado en alguna otra ocasión.

2. En el hotel hay ordenadores con conexión a Internet (pero no admiten pinchos USB), y los clientes pueden utilizarlos. También me vale esta situación, porque desde cualquier navegador puedo acceder al interfaz de WordPress o a diversos servicios web (por ejemplo, WriteToMyBlog, Zoho Writer o incluso Google Docs, de cuyas posibilidades como cliente para blogs me he enterado hace poco), todos ellos con potentes editores online que permiten publicar en La Bitácora del Tigre.

3. En el hotel hay conexión a Internet por WiFi, pero no ordenadores a disposición de los clientes. Dependeré, entonces, de mis propios medios para escribir, y en concreto de la PDA y el iPod Touch (esos sí que me los llevo, porque abultan poco y puedo pasarlos por los controles sin tener que soportar una nueva humillación aeroportuaria), que ya han demostrado en varias ocasiones su capacidad para conectarse a Internet y publicar contenido en el blog. Claro que no es lo mismo escribir en un teclado de dimensiones habituales que en los diabólicos y diminutos interfaces de los dispositivos que acabo de citar, pero me puedo apañar con diversas técnicas y herramientas: el tradicional copia-y-pega, la publicación en el blog a través del correo electrónico (blog by email), algún cliente para blogs capaz de funcionar en Windows Mobile o en el iPhone/iPod Touch (desde el año pasado vengo buscando uno bueno, bonito y gratis, pero todavía no lo he encontrado), etc. Incluso cabe la posibilidad de utilizar el interfaz de edición de WordPress para tales menesteres, y a tal efecto he instalado en La Bitácora del Tigre varios plugins que debieran permitirme una cierta comodidad en el manejo del interfaz de edición; de ellos he tratado en varios artículos, como La Bitácora del Tigre para PDA e iPod y Para bloguear desde un iPod Touch.

4. En el hotel no hay conexión a Internet ni ordenadores que puedan utilizar los huéspedes, pero existen cibercafés, locutorios o establecimientos similares a una distancia razonable de la habitación. Aunque algo más incómoda, la situación es equivalente a la descrita en los puntos 1 ó 2, así que no hay por qué preocuparse.

5. En toda la isla no hay conexión a Internet ni ordenadores a disposición de los turistas. Es un caso improbable pero posible, para el que también dispongo de planes de contingencia perfectamente estudiados: se trata de hacer provisión de un buen paquete de libros en español (el idioma oficial de la isla no es el nuestro), un par de guías turísticas y algunos bolis y cuadernos en los que tomar notas. Con tales armas, me comprometo a sobrellevar estoicamente el síndrome de abstinencia bloguera, disfrutar como un enano del dolce far niente y hacer acopio de ideas para unas cuantas entradas que publicaré a mi regreso al hogar.

Quiero terminar este artículo con una coda tecnológica o pijo-geek, que diría el amigo Potâchov de Moldavia: como he señalado antes, no me llevo el portátil a la tantas veces citada y paradisíaca isla atlántica porque acabo pareciendo un gilipollas con tanto aparato a cuestas, porque no quiero dejarlo en la maleta al albur de mozos de equipaje que no tienen por qué saber su delicado contenido y porque si lo transporto conmigo tengo que abrir la bolsa o mochila en los controles del aeropuerto, con los sofocos consiguientes. Sin embargo, he visto por ahí algunos ordenadores ultraportátiles que me han puesto los dientes largos; en concreto, un Acer Aspire One con un Linux preinstalado que me hace mucho tilín. El chisme sale por 300 euros (todavía no está disponible en España, pero falta poco), pesa menos de un kilo y es poco más grande que una libreta. Si me decido a comprarlo mataré varios pájaros de un tiro: podré bloguear en vacaciones siempre que tenga una WiFi cerca, fardaré de equipamiento fashion total y practicaré con el sistema operativo del pingüino. Así tendré motivos suficientes para escribir un nuevo artículo en el blog que se titule algo así como "Veintitantos años con el PC y una cosa menos que no sé hacer con él".

Ah, y para ir ensayando, he redactado este artículo íntegramente en un pincho USB, utilizando tres ordenadores diferentes (el hecho de que los borradores se conserven en el pincho es una gozada), y dos aplicaciones distintas: Firefox 2 y ScribeFire, por un lado, y Post2Blog, por otro.

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