Estaba convencido de que la de hace un rato iba a ser la última entrada del blog en este año 2008 que da sus últimas boqueadas, pero al releer su primer párrafo me he acordado de que hace ya algún tiempo que vengo pensando en un artículo sobre las metáforas (¿o debería decir mejor alegorías?) blogueras. No es éste un tema desconocido en la blogosfera, ni mucho menos. De hecho, hay muchas metáforas blogueras que han hecho fortuna (todas las que tienen que ver con el concepto de ‘conversación’, o las que emparentan los blogs con sus primos lejanos y no tan lejanos, los diarios y revistas), pero creo que en este ámbito todavía hay mucho territorio por explorar.

Así pues, y para terminar el año (esta vez va en serio), brindo a mi respetable público unas cuantas metáforas blogueras, con la ilusión de que mis lectores y lectoras, muchos de los cuales estarán de vacaciones, por lo que a buen seguro tendrán tiempo para practicar esas dotes creativas que en otras ocasiones han hecho brillar, y que conste que no señalo a nadie, quieran continuar la serie.

La primera metáfora o alegoría ya la he hecho constar en el primera párrafo de la entrada sobre la limpieza de La Bitácora del Tigre, así que no la repetiré aquí. La segunda se mantiene fiel a la tópica marinera, aunque esta vez ocupa latitudes más septentrionales, pues no hay duda de que un blog puede concebirse como un iceberg: una octava parte es visible en la superficie, pero hay otras siete escondidas, trabajo de creación, de documentación y de gestión, de lectura de otros blogs, de afanoso devanarse los sesos buscando inspiración. La solidez del blog, su fortaleza, proceden justamente de lo que no se ve a simple vista: la solidez del código (qué sería de nosotros, sufridos blogueros sin WordPress), sus fecundas y estrechísimas relaciones con la Red y los buscadores, en especial Google, sus misteriosos lazos de afinidad y parentesco con otros blogs y sitios web.

Al igual que un iceberg, el blog es arrastrado por irresistibles y enigmáticas corrientes oceánicas, y también es una percha en la que se posan y recuperan fuerzas las aves migratorias (los comentaristas ocasionales que, cual albatros de alas longilíneas, descansan en el seno de una entrada acogedora, tras su vuelo por extensos y a menudo ignotos territorios). A veces, si las aguas y los vientos no son propicias, el iceberg del blog se descompone, se fractura, y se va debilitando lentamente, hasta morir.

La segunda metáfora es mucho más siniestra y hasta sórdida, y es que en el mapa de todo blog de cierta antigüedad hay zonas quebradas y anfractuosas, oscuras y lúgubres, escasa o falsamente cartografiadas. Es el territorio de las entradas nonatas, de los borradores que nunca llegaron a ver la luz, de los posts interruptus (¿no sería mejor interrupti?), de los abortos de artículos y hasta de los monstruos que nunca deberían haber nacido, o que crecieron monstruosamente tras su alumbramiento. Es el blog concebido como campo de tumbas, como recordatorio de momentos amargos.

En fin, no nos pongamos tristes ni dramáticos, que dentro de un rato llegan el cotillón, las uvas y el espumeante champán (bueno, es cava catalán comprado en Sitges, durante nuestro reciente viaje a Barcelona). Feliz año 2009 a todos.