Con cierta frecuencia, los usuarios del PNTE me consultan acerca de la mejor manera de conseguir que los sitios que elaboran obtengan buenos resultados en los buscadores habituales, y especialmente en Google. Yo les doy los consejos de rigor, a saber: que den de alta el sitio en uno o varios buscadores, que agreguen cuidadosamente a todas y cada una de sus páginas los correspondientes metadatos, que utilicen URLs amigables o amistosas, que busquen la manera de ser enlazados por sitios de prestigio y, sobre todo, que creen contenido interesante, bien estructurado y de calidad.

A la luz del caso que voy a comentar a continuación, tendría que añadir que deberían pensárselo dos veces antes de esforzarse por lograr un buen posicionamiento para sus creaciones, sobre todo si éstas permiten la interactividad con lectores que puedan verse decepcionados en sus expectativas. Véanse, como ilustración del fenómeno al que me refiero, los comentarios suscitados por la entrada que escribí el 6 de noviembre de 2007, titulada Poemas dadaístas con WordPress.

No era más que un experimento bastante rudimentario con un plugin destinado a la elaboración de un poema aleatorio a partir de los textos del blog. Como era de esperar, despertó una expectación limitada entre los habituales de esta bitácora, hasta el momento en que Google lo situó como primer resultado cuando se introduce en su caja de búsqueda el sintagma poemas dadaístas. A partir de ese momento, cuya fecha no he logrado precisar, se convirtió en la entrada más visitada del blog (con 14.915 visitas desde que empecé a utilizar los servicios estadísticos de Google Analytics), y no sólo eso: según los exhaustivos datos de este servicio, “poemas dadaístas” es el sintagma más buscado en el blog (con 4.315 búsquedas); además, la entrada es el tercer punto de entrada predilecto de los visitantes de La Bitácora del Tigre y el segundo punto de salida más frecuentado.

Permitaseme formular una tentadora hipótesis para explicar semejante “éxito”: a tenor del contenido y forma de los comentarios más llamativos, la inmensa mayoría de esos lectores son muy jóvenes, tal vez estudiantes de Secundaria o primeros cursos universitarios, cuyo interés –probablemente el de encontrar material para la elaboración de un trabajo escolar sobre el Dadaísmo y la poesía dadaísta- no coincide en modo alguno con el que yo tenía cuando escribí el artículo. La mala educación que unos cuantos demuestran parece nacer de la decepción, a su vez motivada por la impaciencia y por una exagerada confianza en las capacidades de Google.

Por otro lado, el análisis del léxico y los modismos lingüísticos (abundan los tacos, faltas de ortografía inadvertidas o deliberadas y expresiones malsonantes en unos cuantos comentaristas) hace suponer que son mexicanos, circunstancia que confirman directamente las IPs con las que WordPress identifica el origen de la conexión (mediante la herramienta IP Addres Locator he podido averiguar que corresponden a conexiones realizadas desde Cancún, Ciudad de México, Mérida, Playa del Carmen y Puebla) y, de forma indirecta, el hecho de que México es el segundo país del mundo por número de visitas a mi blog.

Más allá de los elementos anecdóticos, creo que el caso viene muy bien para formular públicamente algunas reflexiones, a saber:

  • Que es imprescindible adoptar una actitud crítica ante la aparente omnipotencia de Google. El buscador es una herramienta muy útil, quién lo duda, pero a menudo se equivoca y ofrece resultados notoriamente inexactos, inapropiados o inútiles. El uso de Google no puede sustituir a las tareas de reflexión, análisis e investigación, y por supuesto tampoco a las fuentes de información convencionales, como las que pueden encontrarse en una buena biblioteca.
  • Que el uso de los buscadores en tareas didácticas y escolares exige un cuidadoso adiestramiento previo. Realizar búsquedas a la brava, sin meditación previa, y con la confianza de que el buscador va a encontrar a la primera cualquier cosa que el profesor o el alumno necesite, es un craso error. Las búsquedas deben ser guiadas y contextualizadas cuando los docentes las promueven; por su parte, los alumnos deben tener muy presente que los algoritmos con los que buscadores operan a la hora de ofrecer sus resultados de búsqueda distan muy mucho de guardar correspondencia con la lógica del pensamiento humano o los mecanismos del lenguaje natural.
  • Que se puede engañar a Google. Con un título llamativo, unas cuantas etiquetas bien situadas y una herramienta de publicación como un gestor de contenidos especializado en blogs (y dicen que WordPress es el mejor a estos efectos), no parece difícil generar visitas “artificiales” a un sitio web, para obtener ingresos publicitarios o para cualesquiera otros propósitos.
  • Que la publicación en la Red tiene una dimensión ética compleja. A veces no basta con esforzarse en ser honrado y en seguir las normas de la etiqueta bloguera, sino que es necesario considerar las reacciones que un contenido concreto suscita entre el público lector y obrar en consecuencia.

Con respecto a este último punto, yo no sé muy bien qué hacer con la entrada susodicha, que ya lleva mucho tiempo de vida en la Red: ¿borrarla, para evitar confusiones y expectativas defraudadas?; ¿bloquear los comentarios, a fin de impedir que sigan proliferando los tacos y expresiones soeces?; ¿seguir como hasta ahora, sin contestar a los trolls, y dejar que el artículo prolongue su vida, como una especie de curiosidad antropológica?

Dejo la respuesta en manos de mis lectores y lectoras. Seguro que se les ocurrirá alguna idea provechosa.

Addenda del 25 de enero de 2009

En relación con el comentario de Ramón Aragón, y para que no quede ninguna duda de cuál es mi punto de vista a este respecto (por cierto, en alguna ocasión he escrito en La Bitácora del Tigre sobre cuánto deberíamos aprender los españoles de los exquisitos modales de muchos inmigrantes hispanoamericanos), quiero dejar claro lo siguiente: que no creo en modo alguno que todos los comentaristas mexicanos de este blog, ni de la entrada a la que me he referido en los párrafos precedentes, sean unos maleducados. Para ser fiel a la verdad, en dicha entrada también hay cuatro o cinco comentaristas mexicanos (o con IPs mexicanas) que se muestran ávidos de recibir ayuda, o agradecidos por haber encontrado inspiración o recursos en ella. Es justo reconocerlo así, y por eso lo hago.

Todo lo cual no quita para que siga considerando válidas las reflexiones finales: las prisas y la ansiedad por quemar etapas y ahorrarse trabajo mediante búsquedas poco meditadas en Google, o en cualquier otro buscador, son malas consejeras.

Por último: no sé si el remedio llega demasiado tarde, pero gracias a las opciones del plugin Platinum SEO Pack, he añadido a la cabecera de esta entrada la metaetiqueta noindex. Además, he configurado el plugin XML Sitemap Generator for WordPress para que excluya del fichero sitemap.xml la entrada. De este modo, tal vez consiga impedir que sea indexada por los buscadores y, en la medida de lo posible, evitar que sea ofrecida como primer resultado a las personas que buscan información sobre “poesía dadaísta”.

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