6 comentarios a “Anécdotas de un espectador cinematográfico, 1. El cine de los Escolapios y el chicle reciclable”

  1. Antonio

    Bueno, los cines de barrio tenían su aliciente más allá de lo que ocurría en la pantalla. En mi pueblo, hasta el cura hacía un pase de cine en la casa parroquial, con películas como King Kong. Lo que cuentas de las guarrerías formaba parte del espectáculo (escupir a los de abajo, tirarse pedos, etc.), aunque creo que yo siempre he sido de los que miraba más que de los que ejecutaban.
    No sé cómo se lo pasarían los adolescentes de hoy con aquellas funciones dobles en sesión continua que te mantenían toda la tarde dentro del cine. Supongo que tampoco aguantarían, igual que les pasa en clase.

    P.D. Vaya invento lo de vigilarme mientras escribo. Da un poco de miedo…

  2. Elisa

    ¡Qué horror lo del chicle! Comprendo que a la pobre de tu madre por poco no le diera algo.
    Yo también pasé muchas tardes de domingo en el colegio de curas al que iba mi hermano viendo pelis, aunque a mí no me gustaban tanto como a ti porque salían pocas mujeres. Iba con mis hermanas y primas y una de ellas era tan sensible que en cuanto había una escena un poco triste se echaba a llorar, se salía de la sala y se sentaba a esperar en el banquito de la puerta a que vinieran a recogernos. Como nosotras nos sentábamos abajo la lluvia de cáscaras de pipas, papeles y demás caía sobre nuestras cabezas. También recuerdo los aullidos del gallinero en determinados momentos de especial tensión o en las escenas de amor, por castas que fueran.
    La verdad es que tenéis razón, les recriminamos a los chavales su comportamiento como si en nuestra época no hubiésemos estado también un poco asalvajados. Las cosas que les hacíamos en mi colegio de monjas a los profesores que no eran capaces de imponerse…

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