Acabo de actualizar mi blog a la versión 2.8 de WordPress. La verdad es que ha sido un trabajo bastante más fácil de lo esperado, pues tras realizar las imprescindibles copias de seguridad de los archivos de la aplicación y de la base de datos y desactivar todos los plugins, he ido al backend, y desde el menú Herramientas > Actualizar, he procedido a la actualización automática, que se ha realizado en brevísimo tiempo. Lo demás ha sido puro trámite: activar los plugins uno a uno, comprobar sus resultados (no he encontrado ninguna incompatibilidad, a Dios gracias), y realizar los ajustes de rigor.

La única dificultad que se me ha presentado tiene que ver con los widgets. Con el nuevo sistema de gestión que incorpora WordPress 2.8, casi todos los que tenía definidos se han desactivado. Como no me acordaba de cuál era su orden y colocación exacta en las cuatro zonas widgetizables del tema Tarski, me he puesto a arrastrar y soltar, un poco al buen tuntún. Pero de repente me he acordado de que existe la caché de Google, y a ella he acudido para rastrear el aspecto que tenía mi blog antes de la actualización. Cinco o seis búsquedas –la página principal, una entrada individual y algunas entradas con configuraciones particulares de la barra lateral- me han bastado para ver el orden que tenían los widgets y reproducirlo en el blog actualizado.

Lo mejor de la nueva versión de WordPress es, sin lugar a dudas, el nuevo sistema de gestión de widgets, más simple, intuitivo y rápido, que además proporciona a éstos la capacidad de multi-instanciación (dicho de otro modo, que de cualquier widget se pueden obtener varias instancias, posibilidad de enorme utilidad cuando se utiliza un tema que tiene varias zonas widgetizables). Lo peor, que consume más memoria que las versiones anteriores, o por lo menos eso afirman los plugins WP Memory Usage y WP System Health, de cuyas virtudes ya traté el pasado 23 de junio, en Limpieza radical del blog.

No he probado otras mejoras de WP 2.8, como el instalador automático de temas (sí lo he hecho en otros blogs), o el editor de temas y plugins, ahora con sintaxis coloreada. En cambio, he jugado un rato con las opciones de pantalla, que ofrecen unas casi ilimitadas posibilidades de configurar las diversas páginas del backend al gusto de cada cual. Hay mucho más que investigar sobre las innovaciones de esta versión, pero de momento he preferido dejarlo para más adelante.

En resumen, que no veo razón para no actualizar a WordPress 2.8, siempre que se tomen las adecuadas precauciones y se consulte la exhaustiva lista de compatibilidad de plugins publicada por Brave New Code. Para quienes tengan muchos widgets, recomiendo una precaución adicional: anotar el orden y posición original de los widgets, realizar capturas de pantalla, o asegurarse de que Google ha cacheado correctamente el blog, para tener siempre a mano la configuración de la barra lateral y las zonas widgetizables.