octubre de 2009

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Acabo de instalar la versión 2 de WordPress para iPhone, naturalmente a través de la App Store. En mi iPod Touch, que actualicé hace poco con la versión 3.1.2 del firmware, funciona perfectamente, y me atrevería a decir, incluso, que con una fluidez mucho mayor que con la versión anterior. La escritura táctil con el teclado en horizontal (mérito del nuevo firmware) es mucho más agradecida y más rápida, pero también la aplicación tiene otro aire, como más alegre y ligero.

Todavía no soy muy ducho con las nuevas funciones del firmware -la selección de texto, el copia-y-pega-, pero no creo que me cueste mucho acostumbrarme. En todo caso, insisto en lo ya dicho: para el miniblogueo y la escritura de emergencia, la combinación de nuevo firmware y WordPress 2 es excelente. Como prueba, baste con esta breve entrada, redactada (enlace incluido), corregida, categorizada, etiquetada y publicada sin salir del iPod Touch.

Addenda del 7 de noviembre de 2009

Acabo de encontrar un vídeo sobre WordPress 2 para iPhone que muestra lo fácil que es manejar esta aplicación. Está en inglés, pero no creo que el idioma represente un problema para los usuarios de este tipo de dispositivos.

Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo VideoPress.

Fuente: WordPress TV – WordPress for iPhone 2.0.

Hace ya algún tiempo que tenía previsto escribir en este blog acerca de After the Deadline, una aplicación de corrección ortográfica y gramatical recientemente adquirida por Automattic, de la que tuve conocimiento a partir de Ayuda WordPress. Por diversos motivos, el artículo se ha ido retrasando, pero al enterarme de la noticia de que la tecnología se ha convertido en software libre y está disponible de acuerdo con los términos de una licencia GPL, he considerado que ya no podía esperar más para echar mi cuarto a espadas sobre tan interesantísima innovación.

En efecto, la tecnología de After the Deadline está incorporada desde principios del mes de septiembre a todos los blogs alojados en WordPress.com; de hecho, cualquier usuario de este servicio puede comprobarlo en el editor visual, independientemente de la lengua de configuración, aunque la aplicación sólo funciona adecuadamente para blogs en inglés. Además, After the Deadline ha publicado el correspondiente plugin, que puede añadirse a los blogs creados con WordPress. En cualquiera de sus dos versiones, este servicio supone un avance esencial en un ámbito como el de la corrección ortográfica y gramatical de los blogs, en el que, hasta la fecha, sólo existían herramientas de alcance muy limitado y en general escasamente satisfactorias.

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Libros de cine

Portada de la revistaAyer por la mañana, al ir a comprar el periódico en la tienda que tengo por costumbre –Leoz, en la Plaza del Castillo, toda una institución del comercio pamplonés- me encontré sobre el abigarrado mostrador una imagen de Audrey Hepburn, con aquel famosísimo vestido corto de Givenchy que lucía en Desayuno con diamantes. La fotografía ilustraba la portada de un extra de la revista Qué Leer, cuyo título es el mismo que encabeza esta entrada. Me faltó tiempo para comprar un ejemplar e ir hojeándolo de camino al trabajo, un vicio sin duda peligroso, pues aumenta el riesgo de impacto contra farolas y bolardos (no será la primera vez que mis espinillas lo constatan), aunque afortunadamente ayer pude practicarlo sin sufrir ningún percance.

El extra de Qué Leer no es precisamente una obra para especialistas, porque cada una de las cincuenta películas de las que se ocupa recibe un tratamiento muy breve de apenas dos páginas, pero tiene su encanto, porque los artículos son jugosos y el aparato gráfico muy seductor. El medio centenar de filmes tratados corresponden a adaptaciones cinematográficas de textos literarios, y aunque algunas muestras de la selección sean objetables, hay también muchos títulos indiscutibles, y varias de mis películas favoritas, cuyos directores, o los autores de los libros en que están basadas, han ocupado en una u otra ocasión el interés de Lengua en Secundaria o La Bitácora del Tigre. Entre otras, la ya citada de Blake Edwards, Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, El Padrino y Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, El hombre que pudo reinar y Dublineses, de John Huston, El resplandor, de Stanley Kubrick, Blade Runner, de Ridley Scott, Los santos inocentes, de Mario Camus, Memorias de África, de Sydney Pollack, El nombre de la rosa, de Jean-Jacques Annaud, El silencio de los corderos, de Jonathan Demme, Lo que queda del día, de James Ivory o El señor de los anillos, de Peter Jackson.

Estoy seguro de que los aficionados a escudriñar las relaciones entre literatura y cine agradecerán este especial y considerarán los cuatro euros que vale como un gasto asumible, incluso en estos tiempos de crisis. Qué mejor entretenimiento para las tardes en que uno acaba harto de tuitear, bloguear y ce-eme-esear (o, como ayer, de esperar a que mi proveedor de alojamiento reactivara el servidor de base de datos, fuera de combate a causa de un “too many connections” que se ha prolongado más de doce horas), que recorrer las páginas dedicadas de la revista, evocar a sus actores y actrices, recordar sus imágenes, su música, y, si la memoria no flaquea, rememorar lo que uno sentía al leer las páginas de las novelas y cuentos en que están basadas. Sólo pido que, cuando hagan una reedición de este número extra, dentro de cinco o diez años, se acuerden de El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.

Portada del libroDurante mi reciente escapada sevillana terminé de leer la novela El secreto de sus ojos (éste es el título de la edición española de Alfaguara, porque el original de la edición argentina de 2005 era La pregunta de sus ojos), del escritor argentino Eduardo Sacheri. La cercanía entre la reseña que escribí acerca de la película de Juan José Campanella, y la lectura de la novela constituye una buena oportunidad para una breve reflexión sobre una de las constantes o reglas no escritas de la relación entre cine y literatura, la que afirma que de una gran novela no suele obtenerse una gran película, pero sí, y a menudo, de libros no especialmente memorables.

Con todos los respetos que a buen seguro merece la obra del novelista argentino (debo advertir que de ella sólo conozco el libro que acabo de citar, por lo que mis opiniones tienen una validez muy discutible), creo que ése es justamente el caso de la novela de Eduardo Sacheri, cuyo valor literario me parece más bien escaso, pero cuya adaptación cinematográfica –y hay que recordar que el guión es obra conjunta del novelista y del director del largometraje, Juan José Campanella- tiene un mérito indiscutible. Reconozco que en esta valoración puede haber influido el hecho de que hubiera visto la película antes de leer la novela, pues la configuración imaginativa que todo receptor se construye para sí mismo a partir de un texto de ficción –y en ello poco importa que sea literario o cinematográfico- está especialmente determinada por la forma inicial en que dicho texto se presenta.

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La noticia sobre la publicación de la versión 2.8.5 de WordPress me pilló por tierras sevillanas (a ver si tengo tiempo de publicar en mi cuenta de Flickr una selección de los varios centenares de fotos que tomé), con una conexión a Internet bastante incómoda de utilizar, y por tanto apenas pude prestarle la atención que sin duda merece esta actualización, que resuelve algunos fallos de la aplicación y refuerza varias áreas susceptibles de recibir ataques. Yo siempre he sido bastante celoso del nivel de seguridad de La Bitácora del Tigre -todavía más después de conocer de primera mano en el trabajo varios casos de hacking, y de saber las penalidades por las que ha pasado algún colega bloguero- y por tanto, al volver a casa, me ha faltado tiempo para poner en práctica la primera recomendación de seguridad de WordPress: actualizar el blog a la versión más reciente de la aplicación.

Dado que esta última actualización afecta a una cantidad relativamente pequeña de archivos (véase la lista de cambios entre las versiones 2.8.4 y 2.8.5 en el WordPress Trac), podría haberme limitado a descargarlos y sobreescribirlos; sin embargo, he preferido utilizar la función de actualización automática de WordPress (Herramientas > Actualizar); eso sí, sólo después de haber realizado los backups de los archivos que no forman parte de la aplicación (es decir, el directorio de subida de ficheros, el de plugins y el de temas), y de la base de datos, para lo cual he utilizado, como en otras ocasiones, los plugins WordPress Backup y WP-DBManager. Antes de actualizar debería haber desactivado todos los plugins, pero tengo que reconocer que me he olvidado de tomar dicha precaución.

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Hace un par de semanas fuimos a la Valdorba, a recorrer la ruta de las iglesias y ermitas románicas que jalonan las diminutas localidades de esta comarca, cercana a la ciudad de Tafalla y al abrigo de la Sierra de Alaiz, que la separa de la Cuenca de Pamplona. Siento una pasión difícil de explicar por estas tierras de monte bajo, chaparros, viñas, olivos y cereal, que conforman un paisaje recio e intenso, seco en verano y muy agradecido para los sentidos en primavera y otoño. Parte de la familia de mi padre era oriunda de esta zona –mi abuelo Ángel Larequi Liberal nació cerca, en Muruarte de Reta- y debe ser cierto que la sangre se ve atraída misteriosamente por el terruño, porque a veces me parece como si los pueblos, los caminos y hasta la conformación de las lomas y los arroyos fueran parte de una historia personal y oculta, que ni yo mismo sé contar.

La colección de fotografías que aparece sobre estas líneas es fruto de esa excursión. Sus imágenes, alojadas en el álbum de Flickr que he creado a tal efecto, corresponden a tres templos románicos de singular belleza: la ermita de San Pedro ad Víncula de Echano en Olóriz, la ermita del Santo Cristo de Cataláin en Garínoain, y la iglesia de San Martín de Orísoain. Como las tres estaban cerradas, no pudimos acceder al interior de los templos (si estuviera aquí Pilar volvería a insistir en su cariñoso reproche: “no me preparas las excursiones”), y hubimos de conformarnos con el disfrute de sus hermosas proporciones, de sus portadas y capiteles, y sobre todo de la impresionante colección de canecillos –con figuras humanas, animales y de seres fantásticos- que adornan la parte superior de los muros. Toda una exhibición de la pericia, la inventiva y el humor irónico de los canteros medievales, que parecen hablarnos en una lengua hermosa y antigua, quizás imposible de entender, pero siempre conmovedora.

Memento mori

He tomado esta fotografía esta misma tarde, en una visita a la capilla de Sancti Spiritus, también conocida como “Silo de Carlomagno”, en Roncesvalles, adonde hemos acudido tras comer con toda la familia en Burguete, con ocasión de la celebración del cumpleaños de Pilar. Había visitado muchas veces este lugar emblemático del Camino de Santiago y de la historia de Navarra, a veces con buen tiempo y casi siempre con frío, niebla, lluvia o nieve, pero nunca había tenido oportunidad de conocer el museo –que entre otros tesoros guarda una gran esmeralda, se supone que arrebatada al califa almohade Muhammad An-Nasir, “Miramamolín el Verde”, por el hercúleo Sancho el Fuerte, en la batalla de Las Navas de Tolosa, un episodio convertido desde hace siglos en inspiración legendaria de los motivos heráldicos del escudo de Navarra–, ni tampoco esta curiosa edificación del siglo XII, que según la leyenda fue la última morada de los restos de Roldán y los caballeros francos derrotados en la batalla de Roncesvalles.

Osario del Silo de Carlomagno, Roncesvalles

Osario del Silo de Carlomagno, Roncesvalles

El Silo de Carlomagno –el más antiguo de los edificios del complejo monumental- es hoy un cementerio en el que las estelas funerarias discoideas, típicas de muchos enterramientos del norte de Navarra y el País Vasco, presiden las tumbas de los habitantes de la localidad, pero en sus subterráneos se acumulan muchos restos óseos de orígenes diversos. Mis sobrinos, que han disfrutado muchísimo de la visita, se han quedado impresionados al verlos, y me han preguntado una y otra vez de quién fueron estas osamentas. Yo no he sabido muy bien qué decirles, pues también a mí me embargaba una rara emoción. Quizás en este confuso montón yagan los huesos del osado Roldán, emblema de cortesía y flor de los caballeros carolingios, pero lo más probable es que estas mondas calaveras correspondan a gentes más humildes: los peregrinos de los tiempos heroicos, cuando en los espesos bosques de la comarca moraban bandidos y lobos y el paso de los Pirineos era una hazaña que a veces se pagaba con la enfermedad y la muerte, y los de religiosos, monjes y hombres y mujeres anónimos que vivieron en estas tierras frías y lluviosas a lo largo del correr de los siglos. Descansen todos en paz.

De esa mina inagotable de recursos y buenas ideas que es Ayuda WordPress obtuve el otro día el impulso necesario para probar a fondo el plugin Sociable, que en más de una ocasión había ensayado con resultados poco satisfactorios. Desde que limpié a fondo el blog, operación en la que eliminé la extensión Share This, echaba de menos alguna de esas herramientas que ayudan a los visitantes a compartir sus artículos favoritos en las redes sociales, y de aquí que me esforzara en superar las dificultades que en su día encontré.

La verdad es que los obstáculos sólo tenían que ver con el aspecto gráfico de los iconos, porque tanto la instalación como la configuración del plugin Sociable no presentan el más mínimo problema. Pero había varios detalles –el espaciado vertical ente la leyenda “Compartir” y los iconos identificadores de los servicios de marcadores sociales, el tamaño y el color de la fuente de dicho texto, y los efectos de subrayado y el “hover” sobre las imágenes, propios del tema Tarski- que se me atragantaron la primera vez que probé el plugin.

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El secreto de sus ojos

Cartel de la películaTodas las películas de Juan José Campanella que he tenido ocasión de ver a lo largo de los años -El mismo amor, la misma lluvia, El hijo de la novia, Luna de Avellaneda- me han gustado mucho. El secreto de sus ojos, a cuya proyección asistí hace unos días, no es ninguna excepción, y de hecho me atrevo a considerarlo como el más acabado y redondo de los largometrajes del director argentino y el que habrá de dejar en la memoria de los espectadores una huella más perdurable. Tiene el aroma y la textura de los clásicos, gracias a una sabiamente medida combinación de temas universales –la pasión amorosa a duras penas contenida, la amistad que sobrevive a las dificultades y las flaquezas cotidianas, un odio tan profundo y denso como la propia vida, el eco de terribles sucesos históricos marcados por la violencia y la injusticia-, a su excelente plantel de actores y a una realización muy poderosa, de gran riqueza formal, extraordinariamente expresiva en algunas de sus mejores secuencias.

Aunque la historia transcurre por derroteros bien conocidos por cualquier aficionado al cine contemporáneo –la trama, con evidentes tonos de thriller, se desarrolla en torno a la obsesión de Benjamín Espósito, oficial de un juzgado bonaerense, por el caso de la violación y asesinato de una joven maestra, crimen sobre el que no deja de hacer averiguaciones a lo largo de una carrera de más de veinticinco años-, Campanella sabe presentarla al espectador desde una perspectiva que tiene el indiscutible encanto de lo contado con verdad y convicción. En este sentido, hay una frase del guión, puesta en boca de un compañero de Espósito, el inefable Sandoval –si no la recuerdo mal, algo así como “uno puede cambiar de aspecto, de vida, de religión, hasta de Dios, pero no puede cambiar de pasión”-, que resulta esencial para entender la película, no sólo porque proporciona a los protagonistas una pista para la resolución del crimen, sino también porque ofrece la clave que a mi modo de ver mejor explica la fascinación que ejerce esta película sobre los espectadores: que está contada con pasión, que propone una verdad acaso no del todo coincidente con los acontecimientos reales y los hechos constatados en las resoluciones judiciales, pero desde luego muy convincente desde el punto de vista de las emociones y los sentimientos.

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