He tomado esta fotografía esta misma tarde, en una visita a la capilla de Sancti Spiritus, también conocida como “Silo de Carlomagno”, en Roncesvalles, adonde hemos acudido tras comer con toda la familia en Burguete, con ocasión de la celebración del cumpleaños de Pilar. Había visitado muchas veces este lugar emblemático del Camino de Santiago y de la historia de Navarra, a veces con buen tiempo y casi siempre con frío, niebla, lluvia o nieve, pero nunca había tenido oportunidad de conocer el museo –que entre otros tesoros guarda una gran esmeralda, se supone que arrebatada al califa almohade Muhammad An-Nasir, “Miramamolín el Verde”, por el hercúleo Sancho el Fuerte, en la batalla de Las Navas de Tolosa, un episodio convertido desde hace siglos en inspiración legendaria de los motivos heráldicos del escudo de Navarra–, ni tampoco esta curiosa edificación del siglo XII, que según la leyenda fue la última morada de los restos de Roldán y los caballeros francos derrotados en la batalla de Roncesvalles.

El Silo de Carlomagno –el más antiguo de los edificios del complejo monumental- es hoy un cementerio en el que las estelas funerarias discoideas, típicas de muchos enterramientos del norte de Navarra y el País Vasco, presiden las tumbas de los habitantes de la localidad, pero en sus subterráneos se acumulan muchos restos óseos de orígenes diversos. Mis sobrinos, que han disfrutado muchísimo de la visita, se han quedado impresionados al verlos, y me han preguntado una y otra vez de quién fueron estas osamentas. Yo no he sabido muy bien qué decirles, pues también a mí me embargaba una rara emoción. Quizás en este confuso montón yagan los huesos del osado Roldán, emblema de cortesía y flor de los caballeros carolingios, pero lo más probable es que estas mondas calaveras correspondan a gentes más humildes: los peregrinos de los tiempos heroicos, cuando en los espesos bosques de la comarca moraban bandidos y lobos y el paso de los Pirineos era una hazaña que a veces se pagaba con la enfermedad y la muerte, y los de religiosos, monjes y hombres y mujeres anónimos que vivieron en estas tierras frías y lluviosas a lo largo del correr de los siglos. Descansen todos en paz.

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