Después de casi diez días de inactividad bloguera, interrupción en la que han confluido causas diversas -la galbana por el calor, la irrupción bulliciosa de los Sanfermines y las agotadoras emociones del Mundial de Fútbol (por cierto, qué gran regalo de cumpleaños la espléndida victoria sobre Alemania, en la tórrida tarde pamplonica del 7 de julio)-, me he decidido hoy a escribir un artículo sobre uno de los temas favoritos de esta bitácora, que no es otro que el de los clientes para blogs.

Aunque hace tiempo que no dedico ninguna entrada a este asunto, lo cierto es que no he dejado de prestarle atención, aunque no sea más que por las novedades que se han venido produciendo en los últimos meses. Entre ellas cabe destacar la publicación de Qumana para Linux, a mediados del mes de abril (por cierto, tengo pendiente de probarlo en la última versión de Ubuntu, que conseguí instalar hace muy poco, después de numerosos sobresaltos y cuelgues), o la más reciente de Windows Live Writer 2010, sobre la que Mario Núñez ha escrito un puñado de excelentes artículos en su blog.

Con la perspectiva de algún blogueo ocasional durante las vacaciones (toco madera, porque últimamente estoy muy vago), esta misma tarde he instalado en mi portátil MacBook la versión de pago del cliente para blogs MacJournal 5, con cuya versión de prueba ya trabajé el año pasado. De hecho, el presente artículo está escrito y publicado con dicha aplicación (véase la figura 1), aunque, como tengo por costumbre, la revisión final del texto, así como ciertos ajustes de formato y elementos adicionales de contenido, los he realizado desde el editor de WordPress.

Figura 1 - Pantalla de edición de MacJournal

Figura 1 - Pantalla de edición de MacJournal

No es fácil comparar a MacJournal 5 con los clientes para blogs a los que estoy más acostumbrado (los ya citados Qumana y Windows Live Writer, o BlogDesk, que en otro tiempo fue mi cliente para blogs de cabecera), no sólo por las diferencias de sistema operativo, sino por la particular concepción del programa, más cercana a la de un diario electrónico con numerosas opciones de formato, conversión y exportación, que al de un simple cliente para blogs.

En todo caso, si Qumana o BlogDesk fueran un Seat Panda, y la última versión de Windows Live Writer un Volkswagen Polo, MacJournal estaría al nivel de un Ferrari (me da igual el modelo). En efecto, la aplicación es tan potente y tiene tantas prestaciones como los deportivos de la marca del caballito rampante, pero también resulta temperamental, rebelde y, por lo menos al principio, nada fácil de manejar. Acciones habituales en otros programas de su clase, como definir los parámetros de conexión, publicar en modo borrador, asignar categorías a una entrada o editar el código HTML de un documento, se convierten en tareas harto dificultosas, que sólo son posibles después de un rato largo de investigación y consultas en los foros de la aplicación.

En fin, será cuestión de ir cogiéndole el tranquillo al programa durante estas próximas semanas. Lo malo es que con este calorazo no voy a tener muchas ganas de ponerme frente a la pantalla del portátil. Me da en la nariz que más me apetecerá sentarme bajo el techo de un chiringuito playero, con un buen libro y un granizado de limón.