Hace ya varias semanas que falleció el compositor británico John Barry, a quien todos los cinéfilos debemos admiración por algunas de las partituras más bellas y emotivas del cine de las últimas décadas. En cuanto me enteré de su muerte, quise escribir el homenaje que se merecen tantas horas de extraordinaria música, pero asuntos más urgentes (y seguramente más aburridos) me distrajeron del debido reconocimiento a quien es seguramente uno de los autores más conocidos y admirados de bandas sonoras cinematográficas.
Es curioso lo que pasa con la música para películas y su penetración en el inconsciente popular, porque a Barry, o a Henry Mancini, o a John Williams los celebran y los cantan hasta quienes no saben de su nombre ni de sus obras. Quizás los lectores de este blog no se hayan fijado en el detalle, pero no es raro encontrarse por la calle, en el trabajo, en la caja del supermercado o ante alguna ventanilla burocrática a alguien que tararea fragmentos de Memorias de África, de Bailando con lobos o de alguna de las muchas melodías que John Barry compuso para la serie de James Bond.
A continuación inserto unos cuantos vídeos que contienen dos temas bellísimos de Barry, no precisamente los más conocidos de entre su extensa producción. Los dos primeros corresponden a una espléndida película de 1968, El león en invierno, del director inglés Anthony Harvey. Estoy seguro de que la recordaré toda mi vida, porque la vi por primera vez en el cine de los Escolapios en Pamplona, que tantas veces he recordado en este blog. Qué delicado y a la vez solemne suena el elegantísimo vocativo con el que las voces femeninas reciben a la reina Leonor de Aquitania, respondido por las voces graves masculinas. Al oír unas y otras casi podemos olvidar el terrible sarcasmo de la escena, pues el rey Enrique II de Inglaterra recibe con entusiasmo a su esposa después de haberla tenido encerrada durante diez años.
Eleanore, Reginae
Anglorum,
Salus et vita.
Para los que no sepáis latín, he aquí la traducción:
Leonor, Reina
de los Ingleses,
Salud y vida.
Los otros dos vídeos también corresponden a una película con la que tengo una singular relación biográfica. Se trata del tema de amor de Robin y Marian, un film de Richard Lester de 1976, que se rodó en tierras navarras, concretamente en el cerco de Artajona (pero no en Pamplona, como afirma erróneamente el artículo de la Wikipedia que acabo de citar). Recuerdo que mi padre nos llevó a ver los decorados, y recuerdo también que mis hermanos y yo nos quedamos con la boca abierta, porque no sospechábamos que tras la grandiosidad y los oropeles de las grandes producciones cinematográficas hubiera tanto cartón piedra.
Ya no se hacen películas como las de Harvey y Lester, llenas de tradición, historia y unos actores excelentes, ni se escriben partituras como las de John Barry, en las que la música subraya la idea, tan hermosa como desesperada, de que el amor es capaz de vencer las barreras del tiempo y la muerte. Adiós, Barry, no te olvidaremos.






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