Hace bastante tiempo que no pasaba las vacaciones de Pascua en Pamplona y por tanto que no tenía la oportunidad de asistir a la tradicional procesión de Viernes Santo, que en la ciudad del Arga siempre se halla en riesgo de ser suspendida por las vicisitudes de nuestra incomodísima climatología. Afortunadamente, las mismas lluvias que han arruinado las famosas procesiones sevillanas nos han dado tregua a los pamploneses y a los turistas que nos han visitado, y nos han permitido disfrutar de unos días limpios y luminosos (véase la primera fotografía de la serie), con una temperatura fresquita y agradable, deliciosamente primaveral.

Aunque no sea tan conocida, tan brillante y por supuesto tan multitudinaria como las de Granada, León, Lorca, Málaga, Murcia, Salamanca, Sevilla, Valladolid o Zamora, y aunque sus pasos no igualen en calidad artística las espléndidas obras de los imagineros castellanos o andaluces, la procesión de Viernes Santo de Pamplona tiene varias piezas escultóricas valiosas, características singulares (por ejemplo, las vestimentas de los cofrades de la Hermandad de la Pasión, popularmente conocidos como “mozorros”, carecen, salvo en el caso de los que acompañan al paso de La Dolorosa, de capirotes) y, como decimos los pamploneses, sus “momenticos”.

Las fotografías que forman parte de esta serie están tomadas en la Calle Navarrería, con la Catedral de Pamplona al fondo. La perspectiva del frontis tetrástilo y los capiteles corintios de la fachada de la Catedral, recién restaurada (véanse, por ejemplo, las fotos 4, 6 y 17), produce un efecto curiosamente anacrónico, algo así como una mezcla imposible de los decorados de las películas de romanos, como Cleopatra o La caída del Imperio Romano con las estampas procesionales típicas de la Semana Santa.