En el artículo que dediqué a la anterior actualización de WordPress, la 3.1.1, comenté que había pasado por un breve momento de zozobra al olvidarme de desactivar la segunda página de plugins, circunstancia a la que entonces achaqué la demora en la actualización. Pues bien, hoy he actualizado a la versión 3.1.2 desde el backend del blog, después de haberme cerciorado de que todos los plugins instalados en el blog (salvo Akismet) habían sido desactivados, y sin embargo la actualización ha tardado en completarse más o menos el mismo tiempo que en el caso anterior. Bien es cierto que el tiempo empleado ha sido de unos pocos minutos, pero hasta ese breve lapso se hace eterno cuando uno no hace más que mirar fijamente la pantalla mientras mueve circularmente los pulgares.

Lo curioso es que ayer actualicé un par de instalaciones multisitio, mucho más grandes que La Bitácora del Tigre, y todo fue mucho más rápido. ¿Alguna misteriosa complejidad de mi blog, problemas del servidor compartido donde tengo alojada La Bitácora del Tigre? No estoy muy seguro, pero creo que en la próxima ocasión, sobre todo si las actualizaciones de WordPress son tan frecuentes e implican tan pocos ficheros como en estos dos últimos casos, voy a optar por la actualización manual (subiendo solo los archivos que cambian entre versiones, no el paquete completo), que por lo menos es más entretenida que la automática.

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