Durante esta semana que está a punto de terminar he estado de mudanza digital, pues he trasladado los dominios lenguaensecundaria.com y labitacoradeltigre.com, con todos sus sitios web y ficheros asociados, a un nuevo plan de alojamiento, más completo y más capaz que el que hasta ahora tenía contratado. Como suele ocurrir en estos casos, y a pesar del irreprochable soporte de mi proveedor de alojamiento (Hostalia), el proceso no ha sido precisamente fácil; entre las complejidades de la tarea, los retrasos derivados de la propagación de los DNS y algunas torpezas de cosecha propia, he pasado unos días muy estresantes, como diría el personaje que interpreta Manuel Manquiña en Airbag.

En mi caso, no se produjo ningún problema con la transferencia de de los dominios al nuevo plan de alojamiento. Tampoco los sitios web asociados a ellos (uno estático, varios WordPress y algún Joomla) se resintieron por las condiciones de sus nuevas moradas, con dos excepciones poco relevantes: la primera afectó a varios widgets de La Bitácora del Tigre, misteriosamente desaparecidos (al final de este artículo volveré sobre el particular); la segunda, a un subdominio en el que se me olvidó activar PHP como módulo de Apache. Dejando aparte las inevitables demoras debidas a la propagación de los DNS, que en algún momento dieron como resultado versiones “fosilizadas” de mis sitios web, todo parecía ir bien hasta que comprobé las entradas de la La Bitácora del Tigre y me di cuenta de que varias de entre sus galerías de fotos habían intercambiado algunas imágenes y de que en otras galerías habían desaparecido varias fotografías.

Tras dar muchas vueltas al asunto y examinarlo del derecho y del revés, pude averiguar la causa del problema: a pesar de mis desvelos, no todas las imágenes se habían guardado correctamente en las copias de seguridad (hice dos), lo cual provocó, a su vez, que no subiera al nuevo alojamiento lo que debía haber subido. Esta es la explicación sencilla, pero el caso tiene cierta complejidad, que paso a detallar para que sirva de ejemplo y advertencia a otras sufridos webmasters que puedan encontrarse en una situación semejante.

1. En su configuración por defecto, WordPress almacena los ficheros que se suben al blog en el directorio /wp-content/uploads. Desde el menú Ajustes > Multimedia, WordPress ofrece la posibilidad de organizar los ficheros en una estructura de directorios basada en la secuencia /año/mes, lo cual permite ordenar y distribuir muy cómodamente los ficheros en directorios que tienen el siguiente aspecto: http://misitio.com/wp-content/uploads/2012/03 (ficheros subidos al sitio web durante el mes de marzo), http://misitio.com/wp-content/uploads/2012/04 (ficheros del mes de abril), etc. Esta disposición tiene muchas ventajas, sobre todo para sitios con muchos ficheros; una de ellas es que si se sube en abril una imagen llamada IMG_0450.jpg, y en julio otra con el mismo nombre, ambas se almacenarán en directorios distintos, lo cual elimina la posibilidad de que se produzcan confusiones entre ficheros o de que un fichero sobrescriba otro.

2. Por motivos diversos, relacionados con la historia del blog y ciertas preferencias personales, La Bitácora del Tigre no utilizaba el sistema de almacenamiento propuesto por WordPress, sino un directorio diferente que, al menos hasta hace unos cuantos días, no hacía uso de la estructura de directorios basada en la secuencia /año/mes. A lo largo de los siete años de historia del blog, en varias ocasiones he subido dos imágenes diferentes pero cuyos nombre solo se diferenciaban por el uso de mayúsculas y minúsculas en el nombre y la extensión. Como mis planes de alojamiento (el antiguo y el nuevo) residen en ambos casos en servidores Linux, la existencia en un mismo directorio de dos ficheros llamados, por ejemplo, img_0490.jpg e IMG_0490.jpg, no es ningún problema, pero sí lo es en Windows, un sistema operativo que no sabe hacer tal distinción.

3. En la mayoría de las circunstancias, no suele ser frecuente que dos ficheros distintos se llamen exactamente igual, no solo porque el sistema operativo impide esa coincidencia, sino por los propios hábitos de los usuarios. Sin embargo, cuando se trata de imágenes tomadas por cámaras digitales la cosa cambia, pues estos dispositivos nombran las fotos mediante una secuencia numérica (por ejemplo, de 0001 a 9999); cuando la secuencia termina, la cámara vuelve a contar, con lo cual es posible que dos imágenes diferentes, separadas por un plazo de tiempo más o menos largo, se llamen igual. Si alguien almacena miles de fotos (como es mi caso), es más que probable que varias tengan el nombre repetido; dado que las fotos suelen almacenarse en directorios que se nombran según el sistema de clasificación de cada cual (año, ubicación, tema, etc.), la coincidencia de nombres de dos imágenes distintas no suele producirse.

4. Sin embargo, esa coincidencia sí puede darse (y en mi caso se dio) cuando los ficheros de un único directorio albergado en un sistema Linux se transfieren por FTP a un único directorio de un sistema Windows, tal como yo hice para efectuar las copias de seguridad de mis dominios. Como Windows es incapaz de gestionar el caso de dos ficheros distintos cuyos nombres se diferencian solo por el uso de mayúsculas y minúsculas (y esta semejanza es más probable con los ficheros generados por las cámaras digitales, por las razones ya examinadas), lo que ocurre es que los archivos que solo se diferencien por el uso de mayúsculas se sobrescriben unos a otros.

Todo lo dicho hasta aquí supone que la copia de seguridad transferida a mi ordenador personal, y de aquí al nuevo alojamiento de La Bitácora del Tigre tenía fallos con respecto al directorio original de imágenes del antiguo alojamiento. A su vez, esos fallos (que, hasta donde yo he podido comprobar, solo afectaban a las fotografías digitales con nombres secuenciales del tipo “img_xxxx.jpg”) provocaron diversos trastornos en las galerías de imágenes.

Afortunadamente, las copias de seguridad de este traslado no eran las únicas que tenía guardadas en mi ordenador; de hecho, no solo disponía de otros backups correspondientes a diversas operaciones anteriores de actualización del blog y transferencias de dominios, sino también de las fotografías originales, así que no fue muy difícil (aunque sí bastante laborioso) restituir las galerías a su estado original, tarea que por otra parte me vino muy bien para repasar algunas entradas y mejorar otras.

Este episodio permite emitir algunas recomendaciones con respecto a la gestión de los ficheros de imágenes en WordPress:

  1. Conviene siempre renombrar los ficheros antes de subirlos al blog. En vez de trabajar con ficheros llamados img_0001.jpg, img_0002.jpg, etc., que nada significan, es mejor utilizar denominaciones como mi_foto_de_boda_0001.jpg, paisaje_nevado_0002.jpg, etc., mucho más evidentes por sí mismas y menos susceptibles de provocar confusiones.
  2. No es aconsejable tener almacenados todos los ficheros que se han subido al blog en un mismo directorio, pues ello aumenta el riesgo de conflictos y dificulta los procesos de copia de seguridad y su restauración. Por tanto, aconsejo activar la casilla “Organizar mis archivos subidos en carpetas basadas en mes y año”, desde el menú Ajustes > Multimedia. Hasta la fecha, yo no había podido disponer de esta funcionalidad, pues mi alojamiento me obligaba a asignar permisos inseguros o comunicaba errores a la hora de crear directorios, pero gracias a una consulta con el servicio técnico de Hostalia, muy rápidamente atendida, esa limitación se ha subsanado de forma totalmente satisfactoria.
  3. Si es necesario hacer copias de seguridad o restaurarlas por FTP, conviene llevar a cabo dichas tareas desde un sistema operativo que no modifique los nombres originales de los ficheros de Linux y sea capaz de gestionar adecuadamente la diferencia entre dos ficheros cuyos nombres solo se diferencian por el uso de mayúsculas y minúsculas.

En el curso de este artículo he mencionado el hecho de que, tras el traslado del dominio y todos sus elementos asociados, La Bitácora del Tigre se despertó con una leve resaca, consistente en la inexplicable desaparición de media docena de widgets. Digo que es inexplicable porque, si la base de datos es la misma que era (de hecho, he comprobado que la información de los widgets ausentes forma parte del fichero SQL de copia de seguridad que transferí al nuevo alojamiento) no comprendo por qué razón esos elementos no estaban incluidos en en blog una vez terminado el proceso de transferencia.

A pesar de haber buscado información sobre casos semejantes (en los foros de WordPress hay varias consultas muy parecidas), no he dado con la clave de esta misteriosa desaparición. La verdad es que no me preocupa mucho, porque pude subsanarla en poco tiempo gracias a que en alguna de las actualizaciones más recientes del blog había elaborado una relación completa de todos sus widgets. También me sirvió de gran ayuda la caché de Google, pues me permitió comprobar la configuración precisa que tenían todas las zonas de widgets antes del traslado del dominio.

En todo caso, y para posteriores actualizaciones o traslados, pondré en práctica una precaución adicional: realizar una copia de seguridad del contenido de los widgets, para lo cual el repositorio oficial de WordPress ofrece una herramienta muy útil: la extensión Widget Settings Importer/Exporter, que permite exportar el contenido de todos los widgets a un fichero de texto, el cual a su vez se puede recuperar desde la misma o desde otra instalación. Me permito recomendarlo no solo por su indiscutible utilidad, sino también (perdóneseme esta pequeña vanidad) porque he contribuido modestamente a su desarrollo.

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