Hace la tira de años que no veía, en vivo y en directo, una etapa de una gran vuelta ciclista. Hoy, aprovechando que la etapa Pamplona-Viana de la Vuelta a España partía de la capital navarra, me he acercado a la Plaza de los Fueros, en el recorrido de la salida neutralizada, y he grabado con mi teléfono móvil los veinte segundos de vídeo que he incluido al final de este artículo.

La serpiente multicolor no pasa en silencio. De hecho, si el espectador tiene la suerte de colocarse justo al borde de la calzada, podrá oír perfectamente el siseo del pelotón, un sonido poderoso y un tanto amenazante, compuesto por el rumor de las ruedas sobre el asfalto y la conversación multilingüe de sus más de doscientos corredores. También sentirá el ventarrón que levantan los ciclistas, la potencia que desarrollan en sus pedaladas y su expresión de profunda concentración.

Como en una metáfora de la vida, la serpiente multicolor pasa ante la mirada del espectador con tanta rapidez que es imposible fijar la vista en los detalles. Solo después de reproducir el vídeo a velocidad superlenta, casi fotograma a fotograma, repara uno en el hecho algo inquietante de que, con los ojos oscurecidos y achinados por las gafas de sol, los brazos y piernas como de bronce brillante, y los cascos aerodinámicos sobre sus cabezas, los ciclistas guardan un remoto parecido con los xenomorfos de Alien.