Artículos de Eduardo Larequi

Está navegando por las entradas escritas por Eduardo Larequi.

Fácil de configurar y todavía más fácil de utilizar, BlogWriter es un cliente para blogs que funciona en los iPhone e iPod Touch. No es gratuito (cuesta 7,99 dólares), pero he decidido afrontar el dispendio para verme libre de la tentación (¿no era Oscar Wilde quien decía que ésa es la única manera de deshacerse de ella?), y sobre todo para no defraudar a la parroquia, que tanto disfruta con las probatinas que hago en este tipo de aplicaciones.

Aunque no sea una maravilla en cuanto a sus capacidades de edición (si se quiere introducir etiquetas HTML, hay que hacerlo “a mano”, y creo que no permite guardar borradores), este cliente para blogs tiene su encanto, pues lee y edita las entradas ya publicadas, inserta fotos y además permite leer fuentes RSS. La mejor demostración de sus posibilidades es la entrada que los amables lectores tienen ante sus ojos, íntegramente escrita y publicada con BlogWriter.

Addenda tras la publicación

Como casi siempre en estos casos, he hecho alguna trampilla, pues después de publicar la entrada he tenido que despublicarla, editarla y añadirle algún perfeccionamiento: por ejemplo, las imágenes que ilustran el texto, capturadas desde el iPodTouch y enviadas por correo electrónico. Una vez miniaturizadas, las he incluido en el artículo desde el interfaz de edición de WordPress, con los enlaces correspondientes a las capturas originales.

La conclusión del experimento, como la de otros anteriores, es evidente: los dispositivos como el iPod Touch, el iPhone, los PDAs y otros semejantes valen para salir del paso y para emergencias, pero escribir en ellos más de diez líneas es poco menos que una tortura china. A ver cuándo inventan el cliente para blogs-dictáfono, eso sí que sería el chollo padre, sobre todo ahora que estoy adiestrando a mi Windows Vista para que reconozca el sonido de mi voz y me escriba las entradas mientras estoy tumbado a la bartola.

Figura 1: interfaz de edición de Blog WriterFigura 2: lista de entradas en Blog WriterFigura 3: pantalla principal en Blog WriterFigura 4: fuentes RSS en BlogWriter

Un nuevo Sardanápalo

Uno de los cuadros más conocidos de Eugène Delacroix es La muerte de Sardanápalo, recreación del suicidio del legendario rey de Asiria (como dice la Wikipedia, parece que constituye una mitologización de la figura de Assurbanipal, otro monarca asirio), que al saber cercada la ciudad de Babilonia y presagiar su inminente derrota a manos de sus enemigos, pegó fuego a su lecho y se deleitó en ordenar a esclavos y eunucos que mataran ante él a sus esposas, a sus perros y a sus caballos.

Eugène Delacroix - La Mort de Sardanapale. Imagen de dominio público, tomada de la Wikipedia

La hierática y altiva brutalidad del rey asirio pasó a la Historia, y sirvió para que Delacroix la inmortalizara en un cuadro de gran formato y para que Hector Berlioz le dedicara su cantata La última noche de Sardanápalo. ¿Habrá artistas que dentro de 2500 años plasmen sobre un lienzo, o en las notas de un pentagrama, la terrible acción de un nuevo Sardanápalo moderno, el millonario inglés Christopher Foster, que antes de darse muerte a sí mismo fue al parecer responsable del asesinato de su mujer Jillian y su hija Kelly, además del incendio de su mansión campestre, en el que perecieron también sus perros y caballos favoritos?

Mucho me temo que este acto de horrible vanidad y desesperación (dicen que Foster estaba agobiado por las deudas y que manifestó su más cruda oposición a que el Fisco pudiera quedarse con sus propiedades) no tenga otros poetas ni cantores que los seudo-expertos que enseguida inundan los medios de comunicación para hablar de estas noticias truculentas, y los vocingleros tertulianos de los programas televisivos de cotilleo. Seguro que el caso es muy complejo y tiene infinitos matices, pero a mí me queda la sensación de que tras semejante crimen no hay otra cosa que la misma soberbia que Delacroix pintó en el rostro del rey asirio. Y el egoísmo, claro, una ambición infinita y ciega por el vil metal.

Al final de la entrada del 21 de agosto señalaba mi intención de completar el artículo sobre “El misterio de la página en blanco de WordPress” con una reflexión sobre los criterios que a mi modo de ver han de guiar la selección de un tema o plantilla para el blog (advierto que estoy pensando en un blog para WordPress, pero es probable que una buena parte de lo que voy a escribir a continuación sirva para otras aplicaciones y plataformas). Prometí el artículo para el viernes, pero conforme lo escribía me iba dando cuenta de que sobre esta decisión influyen muchas más variables de las que había considerado en primera instancia, y de aquí el retraso.

Cuando WordPress era una aplicación exclusivamente orientada a la publicación de blogs, y la mayoría de los temas libres, o al menos libres de pago, la decisión del usuario era relativamente sencilla: se escogía una plantilla que fuera funcional y tuviera un buen aspecto, se descargaba, se instalaba, y a bloguear. Sin embargo, es obvio que el éxito de WordPress como plataforma de publicación de todo tipo de contenido (revistas digitales, portales, videoblogs, fotoblogs, tiendas online, webs corporativas, agregadores de noticias, páginas de contactos y agendas, etc.), con la correspondiente proliferación de plantillas para usos muy específicos, muchas de ellas obra de profesionales del diseño que cobran un buen dinero por su trabajo, ha complicado el panorama.

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Por mediación de Planeta WordPress he sabido de la existencia de HTML Email, una aplicación que permite enviar correos electrónicos en HTML desde un iPod Touch o iPhone, y que por tanto es ideal para escribir en la bitácora, mediante la técnica del blog by email. El procedimiento es sencillo: se instala la aplicación a través de la AppStore, se escribe (laboriosamente) el mensaje, para lo cual el propio programa ofrece soporte para las etiquetas HTML, se envía por correo a la dirección configurada a tal efecto en el blog, y ya está.

Si he de ser sincero, cuesta lo suyo escribir un correo de cierta longitud en el iPod Touch y más si se incluyen etiquetas HTML, pero ya se sabe que con esta clase de dispositivos no hay que pedir peras al olmo. En todo caso, la demostración práctica de lo que acabo de escribir va en esta misma entrada, compuesta en su totalidad (incluida la imagen) y publicada desde el iPod Touch.

HTML Email
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No creo faltar a mi deber de discreción porque ya Felipe Zayas se ha referido públicamente al problema que sufrió ayer en su blog, Darle a la lengua. Al final de la entrada que escribió sobre el particular (una de entre las muchas que conforman su estupenda serie “Las herramientas son para el verano”), Felipe cita mi intervención en el caso, así que me siento autorizado para hacer algunas puntualizaciones sobre la cuestión, con la esperanza de que sean útiles para los sufridos colegas blogueros.

El problema se originó tras la instalación por parte de Felipe de un nuevo tema o plantilla (en concreto, la versión en español del tema 281, original de Paul Stamatiou y adaptado al español por Felipe Lavín), tras lo cual el backend del blog se tornó inaccesible, y apareció uno de esos mensajes crípticos para los no programadores, Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at...), que invocaba uno de los ficheros de la nueva plantilla. Tras la solicitud de ayuda de Felipe, hice algunas comprobaciones que resultaron poco iluminadoras. Como no tenía nada claro el origen del trastorno, le aconsejé que borrara la carpeta contenedora del tema o la moviera a otro emplazamiento. De esta forma, suponía yo a partir de mis experiencias previas, no sólo desaparecerían los mensajes de alarma y sería accesible el interfaz de administración, sino que el blog volvería al tema por defecto.

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Scribd para el Tigre

Hace ya algún tiempo que estaba interesado por Scribd, un servicio de alojamiento de documentos que pueden enlazarse de forma directa o incrustarse en una página web, mediante un reproductor en Flash muy elegante y perfectamente funcional. Tenía ganas de probarlo y hacer alguna demostración, y como tantas otras veces el empujón definitivo para hacerlo me lo ha dado Mario Núñez con un reciente artículo en el que glosa las muchas ventajas de este servicio.

Así pues, acabo de darme de alta en Scribd y he subido algunos documentos, entre ellos los dos que forman parte del trabajo sobre clientes para blogs que elaboré con destino al Segundo Encuentro de Edublogs, que se celebró en Ayerbe (Huesca) en los primeros días de julio de 2007. Aunque el paso del tiempo tiene efectos sumamente destructivos sobre cualquier cosa publicada sobre asuntos relativos a las TIC, creo que mi trabajo soporta relativamente bien (o así lo espero) los algo más de trece meses que han transcurrido desde entonces.

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Publicado el fotoblog del Tigre

Desde el 31 de julio no he escrito nada en la bitácora porque he estado preparando un nuevo sitio web: el fotoblog al que aludí en Un día sin el blog, algunas quejas y algunas decisiones drásticas. Aunque en primera instancia tenía la intención de alojarlo en un subdominio de labitacoradeltigre.com, al final he decidido rascarme el bolsillo y contratar una nueva cuenta de alojamiento en BlueHost, una compañía norteamericana de la que me habló muy elogiosamente Judas, asiduo comentarista de este blog, y que además cuenta con la garantía adicional de ser una de las que WordPress recomienda a la hora de alojar los sitios creados con dicha aplicación.

Y la verdad es que las condiciones de trabajo con el alojamiento proporcionado por BlueHost son estupendas, pues tengo a mi disposición una enorme cantidad de recursos (entre ellos scripts de instalación de varios CMS muy conocidos, a través de Fantastico De Luxe ), un interfaz de administración de mi cuenta completísimo (con CPanel 11) y unos servicios de soporte que, por lo que he podido comprobar hasta la fecha (incluida una llamada por teléfono el pasado sábado para verificar mi identidad, en perfecto castellano) excelentes; todo ello, además, por un precio más que razonable. Con el alojamiento de BlueHost va incluido el registro de un dominio propio, así que he aprovechado la ocasión para dar de alta el dominio elarequi.com, que espero ir llenando de contenido en los meses y años venideros. Hasta es posible que en esta cuenta acaben residiendo mis otros sitios web, pero antes de tomar una decisión como ésta conviene dar tiempo al tiempo.

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Ya sé que no siempre tiene razón el adagio latino de post hoc ergo propter hoc, pero resulta curioso que apenas dos semanas después de actualizar mi blog a la versión 2.6 de WordPress, y al poco de tratar sobre los problemas derivados de dicha actualización haya recibido de mi proveedor de alojamiento uno de esos ominosos mensajes que le dejan a uno con la sensación de haber cometido un delito vergonzante:

Estimado cliente:

Su dominio labitacoradeltigre.com tenía procesos de programación que estaban provocando la saturación del servicio compartido y estaban tirando la máquina, se ha procedido al bloqueo, una vez lo vaya a revisar, indíquelo y se abrirá para que pueda solucionarlo.

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En la entrada sobre La actualización de La Bitácora del Tigre a la versión 2.6 de WordPress expuse, de forma un tanto apresurada (pues al día siguiente me iba de vacaciones), algunas de las novedades de esta última edición. Entre ellas, la posibilidad de guardar las revisiones de una entrada, una función muy útil cuando se trata de volver atrás en el proceso de edición de una entrada, pero que para la mayoría de blogs, que sólo tienen un autor y un proceso de edición lineal, carece de interés.

De interés y de rentabilidad, cabe añadir, porque las sucesivas versiones de una entrada las guarda WordPress como registros adicionales en varias tablas: no sólo wp_posts, como cabría esperar, sino también wp_postmeta, donde se alojan todos los metadatos de las sucesivas instancias, y wp_term_relationships, a la cual van a parar los datos de clasificación temática y etiquetado semántico de la entrada original y sus revisiones.

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Desde el Grand Café de Funchal

Conectado a Internet con la PDA y a través de la excelente WiFi pública de Madeira (a ver cuándo las ciudades turísticas españolas toman ejemplo), escribo la presente entrada.

Sopla una suave brisa entre los jacarandás, suenan a nuestro alrededor las melodiosas cadencias de la lengua portuguesa, y los días de trabajo y prisa parecen cosa de otra vida y otro mundo.

Dan ganas de no volver nunca…

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