Acabo de actualizar mi blog a la versión 2.8 de WordPress. La verdad es que ha sido un trabajo bastante más fácil de lo esperado, pues tras realizar las imprescindibles copias de seguridad de los archivos de la aplicación y de la base de datos y desactivar todos los plugins, he ido al backend, y desde el menú Herramientas > Actualizar, he procedido a la actualización automática, que se ha realizado en brevísimo tiempo. Lo demás ha sido puro trámite: activar los plugins uno a uno, comprobar sus resultados (no he encontrado ninguna incompatibilidad, a Dios gracias), y realizar los ajustes de rigor.
La única dificultad que se me ha presentado tiene que ver con los widgets. Con el nuevo sistema de gestión que incorpora WordPress 2.8, casi todos los que tenía definidos se han desactivado. Como no me acordaba de cuál era su orden y colocación exacta en las cuatro zonas widgetizables del tema Tarski, me he puesto a arrastrar y soltar, un poco al buen tuntún. Pero de repente me he acordado de que existe la caché de Google, y a ella he acudido para rastrear el aspecto que tenía mi blog antes de la actualización. Cinco o seis búsquedas –la página principal, una entrada individual y algunas entradas con configuraciones particulares de la barra lateral- me han bastado para ver el orden que tenían los widgets y reproducirlo en el blog actualizado.

Leyendo La sima, la última novela de
Llevo unas cuantas semanas pensando seriamente en adherirme al distinguido gremio de los maqueros, y como suele ocurrir cuando uno tiene la mente ocupada por ideas obsesivas, la realidad parece conspirar para hacerle ver el motivo de su obsesión por todas partes, bajo toda clase de formas y disposiciones, en los momentos más obvios y en los más inesperados. Sin ir más lejos, en unas cuantas secuencias de Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, la película del director danés Niels Arden Oplev, basada en el celebérrimo thriller del periodista y novelista sueco 



