Entradas de Eduardo Larequi

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Plan de mejora de las competencias lectoras en ESOHace ya bastantes meses que esperaba, casi mordiéndome las uñas de impaciencia, el momento de publicar en este sitio web una noticia que a buen seguro interesará a todos los docentes preocupados por el desarrollo y mejora de la competencia lectora. Lo esperaba por dos motivos distintos: en primerísimo lugar, porque el sitio web y los materiales educativos que voy a comentar a continuación representan un esfuerzo notabilísimo por parte de un grupo de profesores muy numeroso, cuyo trabajo se ha organizado, además, en torno a una herramienta TIC sin cuyo concurso hubiera sido imposible llevarlo a buen puerto. Y en segundo lugar porque, aunque de manera indirecta, yo he tenido algo que ver con el desarrollo de dicha actividad.

Me refiero al Plan de mejora de las competencias lectoras en ESO, un sitio web que resume y ordena los resultados de una actividad, organizada e impulsada por la Dirección General de Ordenación, Calidad e Innovación, del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra, que se desarrolló durante el curso 2008-2009 (y continúa durante el presente curso escolar) en centros públicos y concertados de Secundaria y Bachillerato de la Comunidad Foral de Navarra. Las cifras del proyecto son, para lo que se acostumbra en nuestro ámbito, muy notables, pues en el curso 2008-2009 estuvieron implicados en la iniciativa 51 centros (41 públicos y 10 concertados) y más de 600 docentes (cada centro con un grupo de docentes y un coordinador), 7 tutores y tutoras en tareas de asistencia y coordinación de los grupos y los centros educativos, y una responsable final para la organización de todo el proceso, en cuya puesta en práctica se analizaron y trabajaron más de 1000 textos de muy diferente tipo y condición.

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El lunes actualicé La Bitácora del Tigre a la versión 2.9 de WordPress. Naturalmente, tomé todas las precauciones necesarias, esto es, hice copia de seguridad (de hecho, dos copias) de la base de datos, de todo el directorio /wp-content, de los demás directorios donde almaceno los archivos que voy subiendo, de los ficheros wp-config.php, .htaccess, robots.txt y de algún otro elemento clave en mi configuración.

A continuación desactivé todos los plugins y puse en marcha el actualizador automático (Herramientas > Actualizar), que realizó su tarea en pocos minutos. Tras conectarme de nuevo al backend del blog, actualicé la base de datos y comprobé si el contenido de la bitácora era visible y navegable. Todo parecía funcionar, así que comencé la tediosa tarea de reactivar, uno a uno, la larga serie de plugins que tengo instalados.

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Ya sé que no soy nada original, pero me gusta celebrar las festividades decembrinas en el blog con alguna pichorradica navideña. Si la del año pasado no fue especialmente novedosa, la de éste resulta de una obviedad flagrante: como ya habrán advertido mis lectores y lectoras más diligentes, se trata del típico script de nieve cayendo, conseguido gracias al plugin Let It Snow!.

Hubiera preferido algún otro, y de hecho estuve haciendo pruebas con el WpMooSnow: plugin efecto nieve en JQuery para WordPress, pero lo tuve  que descartar porque entraba en conflicto con la extensión Lightbox 2, que utilizo para conseguir un efecto de superposición u overlay en las miniaturas de imágenes. Tampoco conseguí que funcionara correctamente un script muy parecido que hace uso de las librerías MooToools, el WpMooSnow: plugin efecto nieve en Mootools para WordPress, así que finalmente opté por la solución más sencilla, aunque no sea la más artística.

Que las fiestas sean dichosas para todos, y que en el año 2010 se hagan realidad todos nuestros buenos propósitos. De momento, 2009 finaliza blanco y gélido, pero prometedor, al menos si hemos de hacer caso de aquel viejo refrán que dice “año de nieves, año de bienes”. Que nieve, o, como diría, con su incomparable fraseo, el bueno de Frank Sinatra, “Let it snow!”:

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Hace ya algún tiempo, en la serie de entradas que dediqué al concepto de blog de aula para la exportación, desarrollé un proyecto de blog basado en la capacidad de WordPress (también otros gestores de contenidos disfrutan de esta funcionalidad) para generar ficheros XML que a su vez pueden intercambiarse entre distintas aplicaciones y plataformas. No terminé de rematar este proyecto por diversas razones, y sobre todo porque me di cuenta de que un blog de aula es un artefacto demasiado complejo –o demasiado difícil de definir- como para crear una estructura que pudiera satisfacer todas sus posibles variaciones.

A pesar de este fracaso parcial, creo que el concepto de blog exportable (o, en un sentido más amplio, de publicación web exportable) sigue teniendo validez para el ámbito educativo, y de aquí que haya retomado el proyecto, esta vez con el objetivo más modesto de desarrollar una serie de plantillas que puedan servir para propósitos específicos y de alcance limitado. Mi primera propuesta es, justamente, la de un sitio de estructura muy simple, un blogquest, es decir, un blog sobre el que se construye una webquest. Quiero aclarar, antes de seguir adelante, que el sitio exportable que propongo es un simple contenedor, es decir, está vacío de contenido y por tanto no sirve, en su estado actual, para llevar a cabo ninguna actividad educativa.

Como el objeto de este trabajo no es explicar qué son las webquests y demás tipos de actividades basadas en una metodología de indagación en la Red, prescindiré de precisar en qué consisten o cuáles son sus elementos, por lo cual remito a los interesados al sitio Qué son Webquests, a la enciclopédica Biblioteca Semántica de WebQuest SCORM, y al libro de Jesús Mª Nieto Gil, Aprovechamiento didáctico de Internet, Madrid, Editorial CCS, 2008). En cambio, me ocuparé a continuación de desarrollar con cierta extensión los aspectos más significativos de mi propuesta de Blogquest para la exportación. Dedicaré un primer artículo a una explicación pormenorizada de la estructura de este sitio web, y un segundo a ciertos aspectos relacionados con el uso de extensiones y plantillas para conseguir las funcionalidades requeridas.

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Ha durado poco el manto blanco sobre las calles, porque pasan los coches, los autobuses y los peatones y van marcando negras huellas sobre la nívea superficie, pero aquí dejo el recuerdo fotográfico de una hora en la que ha estado nevando dulce, mansa, abundantemente, sobre Pamplona.

Homenaje al 27

Una acertadísima convocatoria de Antonio Solano, primero en Twitter y luego en Re(paso) de Lengua, a partir de un no menos oportuno recordatorio de Felipe Zayas, me ha venido de perlas para animarme a escribir en el blog, después de dos semanas de sequía bloguera, tiempo durante el que he estado vagabundeando por diversos territorios, enfrascado en experimentos de resultado y éxito dispar (espero que alguno de ellos, más fructífero que el resto, pueda ver pronto la luz en esta bitácora).

En fin, de lo que se trata aquí no es de proferir jeremiadas, sino de celebrar la obra de los poetas de la Generación del 27, con motivo del aniversario del homenaje que le rindieron en Sevilla a don Luis de Góngora y Argote en el año 1927, suceso que suele considerarse como el hito fundacional de ese grupo poético, del cual se cumplen hoy, 16 de diciembre de 2009, nada menos que 82 años. Toni propone recordar la efeméride con la publicación de un poema de cualquiera de aquellos excepcionales escritores, y yo, que soy un poco rebelde y zascandil, he elegido no uno, sino dos textos poéticos de Gerardo Diego.

No quiero incurrir en comparaciones inoportunas, pero se da la circunstancia de que Gerardo Diego y un servidor somos colegas de profesión, y que ambos compartimos la afición por el cine, los toros (la mía es muy, muy ocasional, pero sincera) y los viajes por la España interior. Por otra parte, los dos poemas tienen mucho que ver con mi labor docente, porque en varios cursos he trabajado con ellos en clase. Recuerdo vivamente la lucha que mantuve con los chavales del IES “Mor de Fuentes” de Monzón (Huesca) a la hora de analizar el primero, uno de los textos más típicos de la vena vanguardista y lúdica del poeta santanderino. El segundo, en cambio, mucho más clásico y contenido, pero al mismo tiempo muy emotivo, lo comenté varias veces en el aula con los alumnos del IES “Picos de Urbión” de Covaleda, en Soria, localidad y provincia que, a menudo sin saberlo sus habitantes, atesora un riquísimo patrimonio de referencias y citas en la poesía española del siglo XX. Estando destinado en dicho centro, hice con mis compañeros de claustro varias excursiones por la comarca, y creo recordar que ascendimos un par de veces a la cima de 2.228 metros del Pico de Urbión, desde el que se avizora –y dicen los que saben que no es hipérbole- casi la mitad de nuestra vieja piel de toro.

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Portada de la novelaRecuerdo que hace más o menos año y medio, coincidiendo con la exposición que el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona dedicó al novelista británico J.G. Ballard, me reproché a mí mismo la escasa atención que había prestado a este excelente escritor, uno de los más originales y creativos de entre los que se han dedicado al género de la ciencia ficción. Hasta aquel momento sólo había leído de Ballard la novela Crash, que no me gustó demasiado, la colección de relatos titulada Fiebre de guerra, que en cambio me pareció fascinante, y algunos artículos y ensayos desperdigados por diversas antologías y volúmenes misceláneos.

Me hice de nuevo un reproche parecido hace pocos meses, con ocasión de la muerte del novelista –aunque ya sé que esta declaración carece de efectos exculpatorios, por entonces vi de nuevo, y debía de ser la tercera o cuarta vez, la extraordinaria adaptación cinematográfica que Steven Spielberg realizó de su novela autobiográfica El imperio del sol-, pero debo admitir que mi arrepentimiento no se perfeccionó con un propósito de enmienda efectivo, y que durante bastantes meses seguí sin dedicar a Ballard la atención que merece.

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En dos artículos ya venerables de La Bitácora del Tigre, Búsquedas desde Firefox para el área de Lengua 1 y Búsquedas desde Firefox para el área de Lengua 2, apunté algunas técnicas para añadir diversos motores al formulario de búsqueda de los navegadores que son compatibles con Sherlock y OpenSearch (para una relación exhaustiva de sitios que integran dichas tecnologías véase la pagina del Mycroft Project) y señalaba las inmensas posibilidades que los mencionados estándares ofrecen a la hora de convertir los navegadores –especialmente Firefox- en centros de búsquedas lingüísticas de todo tipo.

Pues bien, recientemente he descubierto que cualquier administrador de un sitio web elaborado con WordPress o WordPress MU (y con otras aplicaciones, como luego se verá) puede implementar sin demasiado esfuerzo OpenSearch, con lo cual el sitio podrá ser añadido a la barra de motores de búsqueda del navegador. Basta para ello con instalar alguno de los plugins que a tal efecto se han creado para WordPress; en concreto, el Open Search y el Open Search Document, con los cuales he estado realizado experimentos durante la última semana (también hay otro plugin “extraoficial”, creado por Andrés Nieto y denominado WP-OpenSearch, que no he probado). Aunque el segundo parecía más prometedor a primera vista, me ha dado algunos problemas, por lo que he optado por añadir el primero tanto a La Bitácora del Tigre como a mi Blog de pruebas en BlueHost y a la plataforma Multiblog del PNTE. Animo a todos los lectores de este blog a hacer las pruebas que consideren necesarias para verificar el correcto funcionamiento de los tres sitios; por supuesto, me brindo de antemano a responder atentamente a sus consultas y preguntas.

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Acabo de instalar en el ordenador principal de mi red la edición 9.10 de Ubuntu que, con el nombre de Karmic Koala, vio la luz a finales del mes de octubre. La verdad es que ha sido muy fácil (el reconocimiento del hardware es extraordinario, la instalación, rapidísima, y el sistema funciona con una agilidad y limpieza envidiables), con el único inconveniente de un arranque inicial en falso, a consecuencia de la complejidad de mi equipo. En efecto, el gestor de arranque Grub no ha conseguido entenderse con los cuatro discos duros del ordenador, y tras unas cuantos intentos en vano, he resuelto el problema reinstalando, cargando el Grub en la unidad que suelo destinar a Linux y configurando ésta en la BIOS como el primer disco de arranque del sistema.

A continuación he instalado media docena de aplicaciones (Apache-PHP-MySQL, Thunderbird, VLC, BlueFish, Kompozer, y el módulo de base de datos del OpenOffice) y otra media docena de extensiones para Firefox (Firebug, Web Developer, Echofon, FireFTP, ScribeFire y el diccionario en español), he hecho unas cuantas pruebas con la red de casa, que han vuelto a demostrar que Windows Vista se comporta con testaruda hostilidad contra cualquiera que pretenda conectarse a sus recursos compartidos, he ejecutado quince o veinte tipos de archivos en distintos programas y, cuando ya estaba a punto de terminar las pruebas, me he acordado de que me faltaba por poner en práctica en esta nueva edición de Ubuntu la tarea informática a la que más tiempo dedico desde hace algunos años, esto es, la de bloguear.

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Portada de la revistaLos aficionados a la literatura y el cine de ciencia ficción nos encontramos de enhorabuena, porque desde la semana pasada está disponible en la red el número 12 de la revista Hélice, dedicado precisamente a las no siempre fáciles y a menudo conflictivas y tensas relaciones entre textos literarios y cinematográficos pertenecientes al ámbito de la narración de ficción científica, ficción especulativa, prospectiva, o como cada cual prefiera denominar a dicho género.

Desde que apareció el número anterior, en enero de 2009, han pasado casi 10 meses, que suponen una cierta interrupción de la ya consolidada tradición de periodicidad de la revista (sé de buena tinta que los miembros de la Asociación Cultural Xatafi han estado entregados a proyectos que han consumido hasta la última gota de sus aparentemente inagotables energías). Sin embargo, no hay duda de que la espera ha merecido la pena, porque Hélice 12 es un número monumental, de 124 páginas, lo que prácticamente triplica la extensión habitual de la publicación.

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