Entradas de Eduardo Larequi

Está navegando por las entradas escritas por Eduardo Larequi.

Esta entrada quiere comenzar con un sincero homenaje a El balcón abierto, el magnífico y utilísimo blog de Ángel Puente, cuyo último artículo, Añade Google traductor a tu blog o web, acaba de resolver un problema que venía preocupándome desde hace tiempo, concretamente desde que decidí llevar a cabo una limpieza drástica en el blog: cómo hacer traducibles las entradas de La Bitácora del Tigre sin necesidad de añadir un plugin a la ya abundante (y pesada) nómina de extensiones y aditamentos.

La verdad es que el procedimiento no puede ser más simple. Se trata, en primer lugar, de acceder al sitio web de Google Traductor, y hacer clic en la pestaña Herramientas (figura 1). A continuación, hay que copiar el código (mezcla de HTML y JavaScript) que propone el formulario. Como puede verse en la figura 2, caben dos opciones: seleccionar todos los idiomas a los que Google Traductor es capaz de traducir (en el momento de escribir estas líneas son nada menos que cincuenta y dos), o escoger un idioma en particular.

Figura 1 - Herramientas de Google Traductor

Figura 1 - Herramientas de Google Traductor


Figura 2 - Selección del código de Google Traductor

Figura 2 - Selección del código de Google Traductor


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En varias ocasiones me he referido ya al plugin , que permite convertir cualquier bitácora elaborada con WordPress en una aplicación al estilo iPhone o iPod touch. Además, y desde la versión 1.5 (ahora mismo va por la 1.9.3.4), la extensión es compatible con Android, de modo que todos los felices propietarios de un móvil o smartphone gobernado por ese sistema operativo podrán navegar por aquellos blogs en los que esté instalado el plugin, cuyo resultado son sitios web más ligeros y, sobre todo, mejor adaptados a la peculiar idiosincrasia de este tipo de dispositivos.

De entre todas las funcionalidades que ofrece esta extensión, cabe destacar las siguientes:

  • Conmutación entre el modo iPhone y el modo normal de visualización del blog. En modo iPhone, el funcionamiento es muy similar a las aplicaciones nativas para estos dispositivos.
  • Efectos AJAX, jQuery y JavaScript, que se pueden deshabilitar si el administrador del blog así lo desea.
  • Búsqueda completa en entradas, páginas, categorías, etiquetas y enlaces.
  • Soporte para servicios de marcadores sociales.
  • Paginación y comentarios en AJAX.  Estos últimos se pueden enviar en tiempo real.
  • Selección de iconos para las páginas estáticas, el logotipo del blog, etc. El plugin ofrece una serie de iconos predefinidos, pero también permite añadir iconos propios.
  • Posibilidad de modificar el título del blog.
  • Selección de las páginas estáticas del blog que se desea mostrar.
  • Posibilidad de mostrar u ocultar los resúmenes de las entradas.
  • etc.

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Hoy me han contado una anécdota estupenda: un profesor universitario, conocido por su rigor y severidad (un “hueso”, vamos), se entrevista con un alumno, que reclama la calificación de un examen (suponemos que negativa, o al menos inferior a la que éste consideraba justa). El alumno no se da por satisfecho con las explicaciones del profesor y en determinado momento señala: “pero es que usted no sabe quién soy yo”.

El profesor, herido en lo más hondo, comienza a subirse por las paredes ante lo que considera un intolerable intento de intimidación y una falta de respeto. Otro colega universitario escucha el escándalo que comienza a montarse e interviene. Al final, después de mucho templar gaitas y pedir serenidad a unos y otros, se consigue averiguar la verdad: el profesor había confundido el ejercicio del reclamante con el de otra persona; el alumno, al darse cuenta del error, se lo había advertido con la mejor de las intenciones, pero el docente malinterpretó la observación, con los resultados ya sabidos.

La anécdota (no sé si es real o apócrifa, pero como dirían los italianos, se non è vera, è ben trovata) sirve para ilustrar la importancia de los elementos extralingüísticos –en este caso, la identidad del reclamante y la del autor del ejercicio que estaba revisando el profesor- en el proceso de comunicación, y también para suscitar una reflexión sobre cómo determinados mensajes –en el suceso que nos ocupa, una observación inocente que coincide palabra por palabra con una frase hecha que habitualmente se interpreta como signo de arrogancia y prepotencia- pueden adquirir significados singulares en función de circunstancias no fáciles de objetivar: no sólo el tono, la intención y la actitud de los hablantes (gestos, posturas, entonación, prosodia), sino también otros factores todavía más sutiles, como las presuposiciones, inferencias y grado de conocimiento del mundo que emisores y receptores tienen en mente en el momento de emitir sus mensajes.

Me parece un buen ejemplo para usarlo en clase, así que quien lo necesite lo tiene a su entera disposición, sin necesidad de citar la fuente. Y si algún colega desea complementarlo con una anécdota parecida que sea publicable –algunas no lo son- ya sabe que será bienvenido el correspondiente comentario.

A buen seguro todos los aficionados al cine habrán identificado el título de esta entrada: es la presentación con la que José Luis López Vázquez acompañaba sus galanteos y genuflexiones ante la imponente vedette Katia Durán (lo de “imponente” tiene guasa, como se puede comprobar en el vídeo que he incluido al final de esta entrada), en Atraco a las tres, la famosísima comedia de José María Forqué. La del oficinista Galindo –sinuoso, fullero, donjuán de pacotilla, eterno aspirante fracasado a salir de un mundo ruin y casposo del que no hay escapatoria posible- es una de las mejores interpretaciones de esta película emblemática, repleta de actores y actrices en estado de gracia, una de las mejores comedias del cine español de todas las épocas.

A sus 87 años, tras una larga enfermedad, acaba de morir López Vázquez, actor genial y sumamente versátil que sobresalió en todos los géneros, protagonista de una carrera artística de más de sesenta años que se desarrolló en teatro, cine y televisión, medios todos ellos en los que brilló (sobre todo en el cine), gracias a una capacidad de trabajo insólita, a un talento inconmensurable y a una vis cómica que hacía de cualquier presencia suya en los géneros cómicos de tradición hispánica –el sainete, el esperpento, la astracanada y todo tipo de filmes más o menos cercanos al fenómeno del landismo- ocasión propicia para el gozo y la risa.

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El pasado día 27 de octubre, con la entrada dedicada al extra de la revista Qué leer sobre libros de cine, la categoría de “libros” de La Bitácora del Tigre llegó por fin a su artículo número 100. Como muy bien saben mis lectores, esta sección comprende artículos bastante largos, pues la mayoría son reseñas de libros –a veces, reseñas múltiples, y de aquí el título de esta entrada- que versan sobre literatura, pero también sobre temas históricos, TICs aplicadas a la educación, cine, informática, blogs, temas educativos y otras materias que han venido ocupando mi interés desde que abrí la bitácora, hace ahora algo más de cuatro años y medio.

Como celebración de cifra tan redonda, y obsequio para todos los lectores y lectoras que han venido premiando a este blog con su atención, sus visitas y sus comentarios, a continuación figura la lista completa de todas las entradas que forman parte de la categoría. La recopilación me ha llevado un buen rato, pero creo que merece la pena, porque como encabezado de cada ítem he hecho constar el asunto del que trata cada entrada (en el caso de las reseñas he incluido los datos bibliográficos imprescindibles), lo cual permitirá a todos los lectores localizar rápidamente el objeto de su interés.

Da un poco de vértigo comprobar la enorme cantidad de páginas escritas (por no hablar de las leídas) en estos años. De algunos libros que en su momento me gustaron mucho, apenas si me acuerdo, y a veces ni yo mismo me reconozco en los párrafos que tan laboriosamente escribí con ocasión de tal o cual reseña. En fin a lo hecho pecho o, dicho de manera más elegante, quod scripsi, scripsi, y espero seguir contando con la benevolencia de mis lectores para la futura celebración de las doscientas entradas librescas del blog.

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Acabo de instalar la versión 2 de WordPress para iPhone, naturalmente a través de la App Store. En mi iPod Touch, que actualicé hace poco con la versión 3.1.2 del firmware, funciona perfectamente, y me atrevería a decir, incluso, que con una fluidez mucho mayor que con la versión anterior. La escritura táctil con el teclado en horizontal (mérito del nuevo firmware) es mucho más agradecida y más rápida, pero también la aplicación tiene otro aire, como más alegre y ligero.

Todavía no soy muy ducho con las nuevas funciones del firmware -la selección de texto, el copia-y-pega-, pero no creo que me cueste mucho acostumbrarme. En todo caso, insisto en lo ya dicho: para el miniblogueo y la escritura de emergencia, la combinación de nuevo firmware y WordPress 2 es excelente. Como prueba, baste con esta breve entrada, redactada (enlace incluido), corregida, categorizada, etiquetada y publicada sin salir del iPod Touch.

Addenda del 7 de noviembre de 2009

Acabo de encontrar un vídeo sobre WordPress 2 para iPhone que muestra lo fácil que es manejar esta aplicación. Está en inglés, pero no creo que el idioma represente un problema para los usuarios de este tipo de dispositivos.

Por favor, active Javascript y Flash para poder ver el vídeo VideoPress.

Fuente: WordPress TV – WordPress for iPhone 2.0.

Hace ya algún tiempo que tenía previsto escribir en este blog acerca de After the Deadline, una aplicación de corrección ortográfica y gramatical recientemente adquirida por Automattic, de la que tuve conocimiento a partir de Ayuda WordPress. Por diversos motivos, el artículo se ha ido retrasando, pero al enterarme de la noticia de que la tecnología se ha convertido en software libre y está disponible de acuerdo con los términos de una licencia GPL, he considerado que ya no podía esperar más para echar mi cuarto a espadas sobre tan interesantísima innovación.

En efecto, la tecnología de After the Deadline está incorporada desde principios del mes de septiembre a todos los blogs alojados en WordPress.com; de hecho, cualquier usuario de este servicio puede comprobarlo en el editor visual, independientemente de la lengua de configuración, aunque la aplicación sólo funciona adecuadamente para blogs en inglés. Además, After the Deadline ha publicado el correspondiente plugin, que puede añadirse a los blogs creados con WordPress. En cualquiera de sus dos versiones, este servicio supone un avance esencial en un ámbito como el de la corrección ortográfica y gramatical de los blogs, en el que, hasta la fecha, sólo existían herramientas de alcance muy limitado y en general escasamente satisfactorias.

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Libros de cine

Portada de la revistaAyer por la mañana, al ir a comprar el periódico en la tienda que tengo por costumbre –Leoz, en la Plaza del Castillo, toda una institución del comercio pamplonés- me encontré sobre el abigarrado mostrador una imagen de Audrey Hepburn, con aquel famosísimo vestido corto de Givenchy que lucía en Desayuno con diamantes. La fotografía ilustraba la portada de un extra de la revista Qué Leer, cuyo título es el mismo que encabeza esta entrada. Me faltó tiempo para comprar un ejemplar e ir hojeándolo de camino al trabajo, un vicio sin duda peligroso, pues aumenta el riesgo de impacto contra farolas y bolardos (no será la primera vez que mis espinillas lo constatan), aunque afortunadamente ayer pude practicarlo sin sufrir ningún percance.

El extra de Qué Leer no es precisamente una obra para especialistas, porque cada una de las cincuenta películas de las que se ocupa recibe un tratamiento muy breve de apenas dos páginas, pero tiene su encanto, porque los artículos son jugosos y el aparato gráfico muy seductor. El medio centenar de filmes tratados corresponden a adaptaciones cinematográficas de textos literarios, y aunque algunas muestras de la selección sean objetables, hay también muchos títulos indiscutibles, y varias de mis películas favoritas, cuyos directores, o los autores de los libros en que están basadas, han ocupado en una u otra ocasión el interés de Lengua en Secundaria o La Bitácora del Tigre. Entre otras, la ya citada de Blake Edwards, Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, El Padrino y Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, El hombre que pudo reinar y Dublineses, de John Huston, El resplandor, de Stanley Kubrick, Blade Runner, de Ridley Scott, Los santos inocentes, de Mario Camus, Memorias de África, de Sydney Pollack, El nombre de la rosa, de Jean-Jacques Annaud, El silencio de los corderos, de Jonathan Demme, Lo que queda del día, de James Ivory o El señor de los anillos, de Peter Jackson.

Estoy seguro de que los aficionados a escudriñar las relaciones entre literatura y cine agradecerán este especial y considerarán los cuatro euros que vale como un gasto asumible, incluso en estos tiempos de crisis. Qué mejor entretenimiento para las tardes en que uno acaba harto de tuitear, bloguear y ce-eme-esear (o, como ayer, de esperar a que mi proveedor de alojamiento reactivara el servidor de base de datos, fuera de combate a causa de un “too many connections” que se ha prolongado más de doce horas), que recorrer las páginas dedicadas de la revista, evocar a sus actores y actrices, recordar sus imágenes, su música, y, si la memoria no flaquea, rememorar lo que uno sentía al leer las páginas de las novelas y cuentos en que están basadas. Sólo pido que, cuando hagan una reedición de este número extra, dentro de cinco o diez años, se acuerden de El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.

Portada del libroDurante mi reciente escapada sevillana terminé de leer la novela El secreto de sus ojos (éste es el título de la edición española de Alfaguara, porque el original de la edición argentina de 2005 era La pregunta de sus ojos), del escritor argentino Eduardo Sacheri. La cercanía entre la reseña que escribí acerca de la película de Juan José Campanella, y la lectura de la novela constituye una buena oportunidad para una breve reflexión sobre una de las constantes o reglas no escritas de la relación entre cine y literatura, la que afirma que de una gran novela no suele obtenerse una gran película, pero sí, y a menudo, de libros no especialmente memorables.

Con todos los respetos que a buen seguro merece la obra del novelista argentino (debo advertir que de ella sólo conozco el libro que acabo de citar, por lo que mis opiniones tienen una validez muy discutible), creo que ése es justamente el caso de la novela de Eduardo Sacheri, cuyo valor literario me parece más bien escaso, pero cuya adaptación cinematográfica –y hay que recordar que el guión es obra conjunta del novelista y del director del largometraje, Juan José Campanella- tiene un mérito indiscutible. Reconozco que en esta valoración puede haber influido el hecho de que hubiera visto la película antes de leer la novela, pues la configuración imaginativa que todo receptor se construye para sí mismo a partir de un texto de ficción –y en ello poco importa que sea literario o cinematográfico- está especialmente determinada por la forma inicial en que dicho texto se presenta.

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La noticia sobre la publicación de la versión 2.8.5 de WordPress me pilló por tierras sevillanas (a ver si tengo tiempo de publicar en mi cuenta de Flickr una selección de los varios centenares de fotos que tomé), con una conexión a Internet bastante incómoda de utilizar, y por tanto apenas pude prestarle la atención que sin duda merece esta actualización, que resuelve algunos fallos de la aplicación y refuerza varias áreas susceptibles de recibir ataques. Yo siempre he sido bastante celoso del nivel de seguridad de La Bitácora del Tigre -todavía más después de conocer de primera mano en el trabajo varios casos de hacking, y de saber las penalidades por las que ha pasado algún colega bloguero- y por tanto, al volver a casa, me ha faltado tiempo para poner en práctica la primera recomendación de seguridad de WordPress: actualizar el blog a la versión más reciente de la aplicación.

Dado que esta última actualización afecta a una cantidad relativamente pequeña de archivos (véase la lista de cambios entre las versiones 2.8.4 y 2.8.5 en el WordPress Trac), podría haberme limitado a descargarlos y sobreescribirlos; sin embargo, he preferido utilizar la función de actualización automática de WordPress (Herramientas > Actualizar); eso sí, sólo después de haber realizado los backups de los archivos que no forman parte de la aplicación (es decir, el directorio de subida de ficheros, el de plugins y el de temas), y de la base de datos, para lo cual he utilizado, como en otras ocasiones, los plugins WordPress Backup y WP-DBManager. Antes de actualizar debería haber desactivado todos los plugins, pero tengo que reconocer que me he olvidado de tomar dicha precaución.

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