Entradas de Eduardo Larequi

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Cartel de la películaEl espíritu de la Navidad está presente por todas partes en La cosecha de hielo, de Harold Ramis: en la puesta en escena, en la banda sonora, en mil y un detalles del argumento, hasta en la organización interna de la trama, que sitúa a los personajes en las últimas horas de una desapacible y antipática Nochebuena, en las calles frías y desoladas de Wichita, Kansas. De hecho, si el espectador se sienta en la butaca sin ningún conocimiento previo de la película y se deja guiar por los títulos de crédito iniciales, creerá que va a asistir a la proyección de la enésima versión del cuento de Navidad, tan caro a la tradición cinematográfica norteamericana.

En realidad, ese hipotético espectador inocente (¿existe tal especie?) no andaría muy desencaminado, pues La cosecha de hielo no es sino un cuento de Navidad, pasado, eso sí, por el filtro de una mirada sarcástica, amarga y juguetonamente perversa. Da igual que película comience a los sones de una almibarada versión inglesa de El tamborilero de Rafael (ante tan insólita presencia, seguro que muchos espectadores españoles habrán comenzado a oír el aleteo de la proverbial mosca detrás de la oreja), pues los rostros de los angelotes y los tópicos motivos navideños que acompañan a la música enseguida dan paso a un turbio panorama de hampones de medio pelo, mujeres fatales, sórdidos clubs de estriptis y una aguanieve inclemente y gélida que de forma muy eficaz da cuenta del clima moral –frío, insidioso y mezquino– de la historia.

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Qué mezquina es la tele

Acabo de enterarme por el periódico (alguna información más en Una de piratas) de que, tras diez años en antena, desaparece de la parrilla televisiva Qué grande es el cine, el cine-fórum dirigido durante todo este tiempo por José Luis Garci. Aunque alguna de estas causas aduce Oti Rodríguez Marchante en su bitácora, la verdad es que yo no sé cuál habrá sido la que ha precipitado el final, al parecer pactado entre RTVE y Garci. No tengo ningún dato para asegurar si tiene algo que ver con la personalidad de su director, con la lista de invitados a los coloquios, con la actual línea “editorial” de la televisión pública o con algún raro fenómeno de conjunción astral. Lo que sí puedo decirles a los responsables del ente público es que vayan tachando de sus libros de contabilidad a otro usuario del servicio: que sepan que, a partir de ahora, voy a ver la tele (y digo bien, la tele, no una cadena en concreto) todavía menos de lo que ya lo hacía, es decir, casi nada.

A Garci y a su programa se le podrán sacar los colores, traer a colación todos los defectos habidos y por haber (que los tenía, quién puede negarlo), hacerle objeto de todas las sátiras y cuchufletas por parte de cómicos con escaso ingenio y excesiva mala baba, pero lo cierto es que su programa era una de las más interesantes aportaciones de la producción audiovisual española a eso que pomposamente se llama “hacer cultura”. No me importa reconocer que lo he seguido irregularmente, sobre todo desde que tengo que levantarme a las seis y media para ir a trabajar (uno de mis jefes hablaba siempre de Qué tarde es el cine), que en más de una ocasión me he tirado de los pelos por los cortes publicitarios, y que con cierta frecuencia he tenido la sensación de que el coloquio tras la película parecía más una tertulia de amiguetes que un cine fórum destinado a su proyección pública.

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Logotipo de OpenOffice2El pasado día 3 de noviembre, en mi breve reseña de la suite OpenOffice 2, di cuenta de la falta de un diccionario de sinónimos en su versión española. El pasado viernes, mientras preparaba un tutorial de la instalación de la suite, con destino a la web del PNTE, comprobé que el tesauro ya está disponible, que es tan fácil de instalar como sus hermanos de la serie (mediante la ya conocida macro DicOOo.sxw, de Laurent Godard, que ahora se invoca desde el menú Archivo –> Asistentes –> Instalar diccionarios nuevos), y que funciona perfectamente. Por cierto, los problemas de instalación que señalaba en la citada reseña eran culpa mía, no de la aplicación. Cuando uno no lee las instrucciones que figuran bien claras en el cuadro de diálogo del instalador, pasa lo que pasa.

Ya no hay excusa, pues, para utilizar el Writer de OpenOffice como procesador de textos de cabecera. Es cierto que el tesauro todavía no es tan potente como el de Microsoft Office, y que se podría haber mejorado su accesibilidad (para encontrar un sinónimo hay que ir al menú Herramientas –> Idiomas –> Sinónimos, o pulsar Ctrl + F7, pero esta última opción hay que aprenderla de memoria), por ejemplo mediante una pulsación del botón derecho, pero esto es peccata minuta. Lo que desde luego tiene mucho valor es la existencia de una aplicación que, por un coste prácticamente igual a cero, nos resuelve la existencia a los que nos pasamos varias horas al día tecleando sin parar en el procesador de textos.

Logotipo de FirefoxEl viernes también pude comprobar que la versión 1.5 del navegador Firefox ya está circulando por la web, por supuesto en castellano. Ligero, potente, fácilmente configurable y con opciones que, hoy por hoy, no están disponibles en Microsoft Explorer, poco se puede decir del simpático navegador del zorro que no sepa casi todo el mundo. Ahora sólo queda probarlo a fondo durante los próximos días, y recomendárselo a los amigos y conocidos.

Portada del libroHace ya varios años que leí El cromosoma Calcuta (1996), del escritor indio Amitav Ghosh. Aunque era una novela compleja y no siempre fácil de seguir, con sus distintas líneas narrativas y su absorbente mezcla de aspectos de ficción científica con una atmósfera densa y alucinatoria, recuerdo que me produjo una impresión muy favorable. Ahora acabo de terminar La marea hambrienta, una novela de indudable interés, aunque a mi modo de ver no llegue a la altura de la que acabo de comentar.

Por utilizar una metáfora que tiene mucho que ver con la profesión de su protagonista, La marea hambrienta constituye un ejemplar novelístico raro y delicado. En principio podríamos considerarla como una novela de amor entre dos personajes pertenecientes a mundos muy diversos –Piya, una cetóloga norteamericana de padres hindúes, que ha llegado a los manglares de los Sunderbans, en el Golfo de Bengala, para investigar los hábitos del orcaella brevirostris o delfín del Irrawady, y Kanai, un apuesto traductor y empresario de Delhi, que viaja a las islas a petición de una tía suya para leer los diarios que el esposo de ésta dejó escritos antes de su muerte–, aunque en realidad se trata más de una historia de amor a la tierra y al paisaje que de un relato amoroso convencional. De hecho, la pasión erótica apenas aparece entrevista en una novela que destaca por lo delicado y pudoroso del tratamiento de las relaciones personales. Y aunque prácticamente no hay una escena de amor en toda la novela (las que aparecen tienen un tono difuso o evocado), en gran parte de ella se respira una tensión erótica muy singular.

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Acabo de instalar un plugin que, además de contar las visitas a las entradas de la bitácora, filtra y ordena las diez entradas más visitadas. Se trata del Top 10 posts and Views per post. Para instalarlo y configurarlo, hay que seguir el procedimiento habitual: descargar el zip, extraer el archivo php, subirlo al servidor, activar el plugin e insertar los fragmentos de código en los lugares apropiados.

Yo he insertado sendas llamadas a las funciones definidas en el plugin, en dos páginas diferentes:

1. En la barra lateral (sidebar.php). Aquí he creado un nuevo epígrafe, titulado “Entradas más leídas”, bajo el que he hecho una llamada a la función correspondiente:

show_pop_posts()

El resultado puede comprobarse en la barra lateral de la página principal de la bitácora.

2. En la plantilla de entradas (single.php). En ella sólo he tenido que añadir, tras la llamada a la función de edición de entradas, otra que invoca a la función definida en el plugin:

show_post_count()

Además, he modificado ligeramente el plugin original, para adaptar su respuesta al castellano. De este modo, la línea 77, que originalmente era:

function show_post_count($beforecount='(Visited ', $aftercount=' times)') {

queda así:

function show_post_count($beforecount='Número de visitas a esta entrada: ', $aftercount='.') {

En primera instancia, había pensado traducir los términos “Visited” y “times” del plugin original. Sin embargo, esto hubiera producido un error de concordancia entre el determinante numeral y el sustantivo en aquellos casos en que

<strong>$aftercount</strong>

fuera menor que 2. Con la solución que yo propongo se evita el error de concordancia sin tener que recurrir a estructuras condicionales en PHP que, la verdad sea dicha, yo no sé programar.

Bevilacqua en Barcelona

Portada del libroCon La reina sin espejo, quinta entrega de la serie dedicada a los investigadores de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro, Lorenzo Silva lleva camino de convertirse –si es que no lo es ya– en el novelista de cabecera de los aficionados al género de la narrativa policial escrita en España. Puedo afirmar sin rebozo que yo espero cada una de sus novelas con impaciencia, y que las leo a paso de carga. Me consta, además, que no soy el único: Pilar y yo hemos creado a nuestro alrededor un pequeño club de fans –mis hermanos José Ángel y Amparo y mis cuñados Óscar y Ana, grupo al que pensamos añadir, en cuanto sus padres nos lo permitan, a mis cuatro sobrinos y al que viene en camino, aunque este último habrá de esperar un poquito–, cuyos miembros han disfrutado, uno detrás de otro y con insólita unanimidad, todos los libros de la serie: El lejano país de los estanques (1998), El alquimista impaciente (2000, Premio Nadal), La niebla y la doncella (2002) y el libro de relatos Nadie vale más que otro (2004).

En La reina sin espejo el lector reconocerá rápidamente todos los rasgos habituales de la serie: escenarios contemporáneos, referencias frecuentes a la actualidad social, política y cultural, personajes ya conocidos (no sólo los protagonistas, sino algunos de los secundarios, que pasan de una a otra novela con una soltura admirable) y una elaboración peculiar del relato policial, mucho menos interesada por los efectismos truculentos –no abundan en las novelas de Bevilacqua ni la violencia ni las palabras gruesas ni los desplantes– que por el retrato de los personajes, de sus motivaciones y de sus pensamientos.

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Acabo de descubrir, por recomendación de Fernando Savater en su artículo “Turistas y piratas”, la existencia del Panfleto antipedagógico, del profesor Ricardo Moreno Castillo.

Me ha faltado tiempo para buscarlo con el Google y descargármelo de la web. La lectura de este documento, de algo más de cincuenta páginas, constituye una experiencia iluminadora, que recomiendo a todos los docentes. El entusiasmo combativo del autor (contra las memeces habituales del discuro hiperpedagógico), su capacidad como polemista y, sobre todo, su demoledor sentido común, convierten la lectura de este panfleto en una de esas tareas que no cabe aplazar.

Además, Ricardo Moreno escribe muy bien, con soltura y eficacia, con un estilo ameno, basado en la experiencia concreta, que incluso convierte en agradable una actividad tan poco estimulante como la de la lectura de un largo PDF en la pantalla del ordenador.

Licenciado en Matemáticas y Filosofía por la Universidad de Santiago, Ricardo Moreno es profesor de matemáticas en el I.E.S. “Gregorio Marañón” de Madrid y en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense. Es especialista en la matemática árabe y ha publicado varios libros sobre historia de las matemáticas, como Omar Jayyam. Poeta y matemático, Fibonacci, el primer matemático medieval y Plücker y Poncelet, dos modos de entender la geometría.

Los interesados en la última edición del panfleto, que corrige algunas erratas advertidas por el autor, lo podéis descargar desde las páginas de La Bitácora del Tigre. Muchas gracias a Ricardo Moreno por confiar en mi bitácora para la distribución de su obra.

Siguiendo los consejos de una de las publicaciones informáticas que suelo leer (en concreto se trata del número 13 de las Utilidades & Trucos PC , editado conjuntamente por las revistas Computer Idea y PCActual y que, por cierto, contiene un par de espléndidos artículos sobre blogs), he actualizado mi bitácora con algunos plugins y recursos que en adelante me ayudarán a gestionarla:

  1. El WP Tiger Administration (era inevitable que utilizara este plugin en La Bitácora del Tigre), que permite que el backend de WordPress tenga un aire mucho más elegante. La descarga y las instrucciones de instalación aparecen en Orderedlist.com, la página de su creador, Steve Smith. Una advertencia importante para los usuarios de Windows: dado que utiliza CSS2, de momento el plugin no funciona con Explorer, aunque sí con Firefox. Por no hacer caso de las instrucciones, que señalan este aspecto con claridad meridiana, me he estado peleando con el plugin durante una media hora tan intensa como infructuosa. Aunque se trata de un complemento magnífico, muy bien diseñado, en mi caso tiene una utilidad relativa, porque la cabecera de publicidad que mi proveedor de alojamiento gratuito inserta en todas las páginas de la bitácora interfiere con el diseño del Tiger Administration. En fin, no se puede tener todo.
  2. WP-ShortStat: un excelente y sencillísimo plugin que añade a la administración de la bitácora un potente módulo de estadísticas de visitas. Una vez instalado el complemento, las estadísticas se pueden consultar desde la administración de la bitácora, mediante una nueva pestaña creada al efecto en la sección Dashboard.
  3. StatCounter: en realidad, no se trata de un plugin, sino de un servicio de estadísticas gratuito, cuyos indicadores se pueden personalizar a gusto del usuario. Para conseguirlo, hay que ir hasta http://www.statcounter.com, registrarse y generar el código JavaScript necesario, gracias a un sencillo asistente. Luego basta con pegar el código en el lugar oportuno (yo lo he hecho en la plantilla del pie de página, justo encima del logo de Creative Commons, lo cual permite que se cuenten todos y cada uno de los accesos a la bitácora), y ya está.

Dos historias morales

Cartel de la películaHistorias morales, sí, aunque sin moralina, son las que presentan dos recientes películas inglesas, Match Point, del director norteamericano Woody Allen, y El jardinero fiel, del brasileño Fernando Meirelles. Son historias densas, conflictivas, nada complacientes con los usos habituales del cine de consumo masivo, puesto que obligan al espectador a sacudirse la modorra y a tomar partido ante las situaciones que plantean. Son, además, dos películas magníficamente realizadas –más clásica y pausada la de Allen, más nerviosa y de narración menos lineal la de Meirelles–, con guiones sólidos, puesta en escena impecable e interpretaciones excelentes, cuya huella sobre la memoria perdura mucho tiempo después de que el espectador haya abandonado la sala de proyección.

Y no es hablar por hablar. Cuando uno sale de Match Point, se queda pensando largamente en esa especie de Ripley con conciencia de culpa que es el personaje de Chris Wilton, un parvenue de la alta sociedad británica, cuya ambición no es incompatible con la fascinación que suscita entre todos los que le conocen, y hasta con cierta paradójica decencia. Con una fascinación semejante, aunque de signo muy distinto, acoge el espectador la figura de ese espléndido personaje que es el diplomático Justin Quayle, protagonista de El jardinero fiel, un hombre recto y de conciencia íntegra, cuyo tristísimo final provoca una sensación de duelo y compasión que no se agota en el patio de butacas.

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Gudari Reverte

Portada del libroEl título de esta reseña quizá necesite alguna aclaración para quien no ha leído el libro. No es que Jorge M. Reverte, autor de Gudari Gálvez, se haya contagiado de ese peculiar virus de la mitificación resistente y se haya convertido de la noche a la mañana en un aguerrido defensor del nacionalismo vasco. Nada más lejos de la realidad, claro está, pues el escritor nos ha entregado, con esta última entrega de la serie Gálvez, una novela abiertamente polémica y militante, cuyo objetivo son las supercherías nacionalistas, ante las cuales su criatura de ficción se comporta con una curiosa y saludable mezcla (quizás la única posible para no perder la cabeza) de desconcierto y retranca.

No estamos, sin embargo, ante la perspectiva de una novela de tesis ni ante un panfleto, sino ante una obra de ficción muy entretenida. De hecho, Gudari Gálvez puede leerse con gusto y sin necesidad de ningún tipo de anteojera ideológica, como lo que es ante todo: un relato amenísimo, a ratos tronchante, donde se pintan sucesos, paisajes y personajes perfectamente reconocibles para el lector atento a la actualidad española de los últimos años, retratados aquí con el brío, la garra y la suculenta inmediatez propios del periodista de raza.

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