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Portada del discoPor esta sección de podcasts, en la que no publicaba desde hace seis semanas, se asoma hoy un gigante de la música para películas, Bernard Herrmann. Compositor favorito de Alfred Hitchcock, para quien escribió las partituras de Algo pasa con Harry, El hombre que sabía demasiado, Falso culpable, Vértigo, Psicosis, Marnie la ladrona y Cortina rasgada, Herrmann fue también autor de las bandas sonoras de muchas otras películas memorables, como Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, de Orson Welles, El fantasma y la señora Muir, de Joseph L. Mankiewicz, Ultimátum a la Tierra, de Robert Wise, La casa en la sombra, de Nicholas Ray, Los desnudos y los muertos, de Raoul Walsh, El cabo del terror, de J. Lee Thompson, Fahrenheit 451 de François Truffaut, Hermanas y Obsesión, de Brian de Palma, o Taxi Driver, de Martin Scorsese. Este último film, que contiene uno de los solos de saxo más estremecedores de la historia del cine, está dedicada a la memoria del compositor neoyorkino, fallecido algunos meses antes del estreno.

Es difícil encontrar otro compositor con una trayectoria de tan altísima calidad. La belleza de sus melodías, la perfección de sus orquestaciones y lo variado de sus recursos musicales lo convierten en todo un emblema de la música para cine. Yo he querido traer a La Bitácora del Tigre uno de sus temas más evocadores, aunque no de los más conocidos, una música maravillosa, poética y al tiempo dramática, con algo de la delicadeza de los impresionistas franceses, pero también con la intensidad subyugadora de las melodías infinitas wagnerianas, que subraya perfectamente las sensaciones de añoranza y pérdida que recorren la película a cuya banda sonora pertenece. Es el “Romance” de Las nieves del Kilimanjaro, un clásico del cine romántico y de aventuras, muy libremente basado en el libro de cuentos homónimo de Ernest Hemingway (la traducción española se puede leer en Ciudad Seva). La película fue dirigida por Henry King en 1952, con dos de los actores más apuestos de la historia del séptimo arte -Gregory Peck, mi actor favorito y Ava Gardner- en el reparto.

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Portada del CDMe parece imperdonable no haber traído antes por esta sección dedicada a las bandas sonoras de películas la música de Evangelos Odysseas Papathanassiou, conocido en el mundo artístico como Vangelis, el poeta griego de los sintetizadores y los efectos atmosféricos. No sé si vale como disculpa el haberlo mencionado hace algo más de un mes, en la entrada sobre Ennio Morricone y, a principios de este mismo año, en la reseña de la película Crash, pero por otra parte estoy seguro de que la espera habrá merecido la pena, porque el tema que he seleccionado para el podcast es uno de esos que le ponen la piel de gallina a cualquier aficionado a la música escrita para el cine.

Para los que nos hicimos adultos al principio de la década de los ochenta (se estrenó en 1982), Blade Runner, del director inglés Ridley Scott, es todo un mito generacional. Para mí es mucho más que una película de culto, o un objeto de devoción cinéfila. Es la película que orientó definitivamente mi gusto por el cine de ciencia ficción, la que me dejó sin habla con los planos de una bellísima Sean Young (nunca ha sido más hermosa y mejor actriz que en esta película), la que me hizo envidiar la apostura y la masculinidad vulnerable de Harrison Ford, la que me llenó los ojos de imágenes que no me dejaban conciliar el sueño.

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Portada del CDUn buen aficionado al séptimo arte podría pasarse años viendo filmes como Mi hermosa lavandería, Un mundo aparte, Rain Man, Black Rain, Paseando a Miss Daisy, Días de trueno, Matrimonio de conveniencia, Thelma y Louise, A propósito de Henry, Ellas dan el golpe, Amor a quemarropa, La casa de los espíritus, El rey León, Marea roja, Más allá de Rangún, Broken Arrow, La mujer del predicador, Mejor imposible, La delgada línea roja, Gladiator, Hannibal, Pearl Harbour, Black Hawk derribado, Lágrimas del sol, El último samurai, Madagascar o El código Da Vinci sin darse cuenta de que todos ellos tienen en común la música del alemán Hans Zimmer, un compositor versátil y prolífico, auténtico todoterreno de la música para películas.

Cine comercial y de éxito, como puede colegirse de esta larga serie de títulos (y que conste que en ella no están todos los que son). Pero, cuidado con dar nada por supuesto, porque las películas que acabo de mencionar están firmadas por gente tan cualificada como los hermanos Ridley y Tony Scott, Terrence Malick, James L. Brooks, Ron Howard, Barry Levinson, Bruce Beresford, Mimi Leder, mi admiradísimo John Boorman, mi no menos admirado Peter Weir, Penny Marshall o Mike Nichols, todos ellos directores y directoras de prestigio, tal vez no de primerísima fila, pero en todo caso de gran nivel.

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Podcasts con Odeo

Hace tiempo que andaba buscando un alojamiento alternativo para los MP3s que forman parte de la sección de podcasts. La pista definitiva para cumplir este objetivo me la ha dado Isidro Vidal, con una reciente entrada de Hitzez, dedicada a la cantante y guitarrista Madeleine Peyroux (por cierto, parece como si todas las cantantes contemporáneas de jazz hubieran estudiado la misma técnica de la voz susurrante; cómo echo de menos la energía, el timbre y los fraseos de Dinah Washington, Ella Fitzgerald o Etta James).

¿Para qué va romperse uno los cuernos teniendo a su disposición el alojamiento de Odeo y su variedad de reproductores en Flash? Odeo cuenta, además, con otra ventaja: que unos cuantos blogueros conocidos utilizan o han utilizado este servicio, y que algunos de ellos ofrecen tutoriales muy aprovechables (véanse, a este respecto, los blogs de Lourdes Barroso y Aníbal de la Torre).

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El compositor italiano Ennio Morricone es quizás el primero de los compositores de bandas sonoras cuya música oí en discos. Mi buen amigo Joaquín Ángel Lecumberri (profesor de flauta y, desde hace unos años, compositor laureado de música para txistu y para coro) tenía en su inmensa colección de vinilos algunos discos del compositor romano, cuyas piezas, junto con las de Walter (luego Wendy) Carlos, Vangelis e Isao Tomita, eran por entonces casi las únicas excepciones en un auténtico océano de discos de música clásica.

A Morricone lo oíamos constantemente, en cintas que grabábamos y que luego nos pasábamos entre los miembros de la cuadrilla. Recuerdo más de un viaje al monte en el coche de Jokin, con la música de Morricone como fondo musical de nuestras aventuras pirenaicas. Con el tiempo, mi amigo fue ampliando sus gustos musicales, y yo me fui construyendo mi propia colección de bandas sonoras (que más de una vez he compartido con Jokin, en justa correspondencia a sus enseñanzas). A pesar de que ha habido años enteros en que no he oído una sola nota del autor de bandas sonoras tan emblemáticas como La misión, Los intocables o Érase una vez en América, siempre recordaré aquellos primeros discos de Morricone con esa mezcla de nostalgia y pasión que se asocia con las experiencias que han forjado el gusto y la personalidad.

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Mi proveedor de alojamiento me ha advertido que La Bitácora del Tigre está consumiendo más recursos que los que legítimamente le corresponden. Después de examinar las estadísticas de tráfico y consumo de CPU, he comprobado que los archivos MP3 que gestiona el plugin XSPF son responsables de buena parte de la carga de trabajo que soporta el servidor.

Así que, con harto dolor de mi corazón, he decidido eliminar el reproductor de audio de la cabecera de la barra lateral, que es el que (supongo) invocan la mayoría de los usuarios para oír la música. De momento, voy a mantener las entradas individuales de la sección de podcasts, cada una de las cuales contiene su respectivo MP3. También voy a tomarme unos días para comprobar si es cierto que el XSPF es el malo de la película (hay otros scripts que también cargan mucho la máquina, pero no puedo prescindir de ellos), y para considerar una posible mejora del plan de alojamiento que, como no podía ser de otro modo, cuesta lo suyo.

No sé si el adiós al XSPF será definitivo, o sólo una despedida provisional. En todo caso, quiero dar las gracias por sus visitas a los usuarios que han encontrado tan interesantes los temas musicales de la sección de podcasts. Si esta sección desaparece o queda congelada en el tiempo (este último es su destino más probable), al menos siempre podrán decir aquello de “que me quiten lo bailao”.

Gracias a un comentario de Isabel Pérez en Aulablog 21, he descubierto Radio.Blog.Club, un sitio web que contiene miles de temas musicales, perfectamente ordenados y clasificados (bueno, no tan perfectamente como en Flickr o Youtube, pero puede pasar).

Radio.Blog.Club permite buscar un tema musical, seleccionarlo y a partir de aquí generar el código del reproductor en Flash que se encarga de hacerlo sonar. “Genial, me he dicho, ya tengo material infinito para la sección de podcasts de la bitácora y para el XSPF Player”. Sin embargo (cuántas veces hay un “sin embargo”), la alegría me ha durado poco, el tiempo justo para comprobar que los ficheros que reproduce Radio.Blog.Club están en un formato especial, con extensión RBS, en vez del imprescindible MP3, por lo cual no puedo invocarlos directamente desde el plugin que utilizo en la barra lateral para reproducir mi selección de bandas sonoras de películas.

Lo cual no quita para hacer experimentos, como el que viene a continuación: el Radio.Blog.Player toca el tema principal de la película Instinto básico, de Paul Verhoeven (sí, ésa, la del cruce de piernas de Sharon Stone), obra de un compositor tan polifacético y eficaz como Jerry Goldsmith. Hace poco que volví a ver la película, que ha resistido mal el paso del tiempo. Sin la inmediatez del escándalo suscitado por el provocativo gesto del personaje de Catherine Tramell, y conocido ya el argumento y el desenlace, lo mejor del filme se queda en elementos auxiliares: por supuesto, la inquietante y evocadora melodía de Goldsmith, el espléndido vestuario que luce la Stone y la excelente interpretación de ese colosal secundario que es George Dzundza.

Portada del CDCompositor de bandas sonoras para el cine francés, británico y norteamericano, jazzman prestigioso (hasta un tipo tan difícil como Miles Davis lo colmó de elogios en su primer encuentro), autor de canciones para grandes figuras de la música ligera, clásica y de jazz (Yves Montand, Charles Aznavour, Barbra Streisand, Kiri Te Kanawa, Jessye Norman, Sarah Vaughan), e intérprete de sus propias canciones, pianista y director de orquestas clásicas y de jazz, el francés Michel Legrand hace su entrada en la sección de podcasts de La Bitácora del Tigre por la puerta grande, tal y como se merece desde hace mucho tiempo.

Este tema (que no es el que más me gusta de la colección, pero que he incluido por razones que luego explicaré) pertenece a Anthologie, un álbum triple editado en una de esas largas y lujosas cajas de colección que las discográficas vienen publicando en los últimos años, tal vez para hacerse una imposible competencia contra los DVD musicales que ellas mismas editan. El estuche lo compré en julio de 2003, en Brest, durante un viaje de casi tres semanas que hicimos Pilar y yo por la fachada atlántica de Francia, desde Bayona, en el País Vasco francés, hasta Bayeux, en Normandía.

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Portada del CDDel prolífico compositor británico John Barry se podría decir, y no es pequeño elogio, que con sus bandas sonoras ha hecho buenas, incluso memorables, a bastantes películas que si no fuera por su música difícilmente hubieran pasado a la historia del cine. Seguramente no es ése el caso del filme en el que aparece este tema, “Fun City”, de Cowboy de medianoche, de John Schlesinger (1969), una película triste y amarga, que nos impresionó mucho a Pilar y a mí cuando la vimos, hace ya una porrada de años.

Creo que desde entonces no he vuelto a ver completa la película de Schlesinger, pero he escuchado multitud de veces su banda sonora, y en particular este tema, con su obsesivo tono jazzístico, presente en la pulsación regular de un contrabajo que se le mete a uno en el estómago, como si fuera la enfermedad que le corroía los pulmones a Rizzo (Dustin Hoffman), con su lirismo bellísimo y amargo (qué melodía la que interpretan las cuerdas, tan característica de la vena romántica de John Barry), con las veloces notas de un piano cuyas promesas de alegría y optimismo se presumen tan falsas como las ilusiones del tejano Joe Buck (John Voight), que en su villorrio tejano pensaba que las mujeres neoyorkinas se derretirían de pasión con sólo ver su sombrero y sus botas vaqueras.

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Portada del CDNo sé si ha sido consecuencia de las encendidas polémicas en las que he participado en los últimas fechas, pero lo cierto es que me he sentado ante el interfaz de edición de La Bitácora del Tigre con el ánimo guerrero. Me he acordado de que en los últimos días había estado oyendo los cuatro discos de The Longest Day. The Ultimate World War Movie Theme Collection, y me he dicho: “qué mejor oportunidad para ilustrar tan incruenta batalla que algún tema de este magnífico disco cuádruple, dedicado a las películas de guerra”.

El problema ha sido escoger la pista, porque sobran los temas de bandas sonoras inolvidables en esta notabilísima producción de la Silva Screen Records, del año 2004. Durante mucho rato he estado dudando entre el emotivo “Hymn To The Fallen”, del Saving Private Ryan de John Williams, la alegre “Marcha” de The Dambusters, de Eric Coates, la esplendorosa suite de The Guns of Navarone, de Dimiti Tiomkin, los compases aguerridos y viriles de la versión coral de la marcha de The Longest Day, de Maurice Jarre y Paul Anka, y una de mis debilidades musicales de siempre: el irónico y celebérrimo tema principal de esa maravilla de la música para películas bélicas que es la banda sonora de The Great Escape, de Elmer Bernstein.

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