clientes para blogs

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Figura 1 - Pantalla de edición de MacJournal

Después de casi diez días de inactividad bloguera, interrupción en la que han confluido causas diversas -la galbana por el calor, la irrupción bulliciosa de los Sanfermines y las agotadoras emociones del Mundial de Fútbol (por cierto, qué gran regalo de cumpleaños la espléndida victoria sobre Alemania, en la tórrida tarde pamplonica del 7 de julio)-, me he decidido hoy a escribir un artículo sobre uno de los temas favoritos de esta bitácora, que no es otro que el de los clientes para blogs.

Aunque hace tiempo que no dedico ninguna entrada a este asunto, lo cierto es que no he dejado de prestarle atención, aunque no sea más que por las novedades que se han venido produciendo en los últimos meses. Entre ellas cabe destacar la publicación de Qumana para Linux, a mediados del mes de abril (por cierto, tengo pendiente de probarlo en la última versión de Ubuntu, que conseguí instalar hace muy poco, después de numerosos sobresaltos y cuelgues), o la más reciente de Windows Live Writer 2010, sobre la que Mario Núñez ha escrito un puñado de excelentes artículos en su blog.

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Acabo de instalar en el ordenador principal de mi red la edición 9.10 de Ubuntu que, con el nombre de Karmic Koala, vio la luz a finales del mes de octubre. La verdad es que ha sido muy fácil (el reconocimiento del hardware es extraordinario, la instalación, rapidísima, y el sistema funciona con una agilidad y limpieza envidiables), con el único inconveniente de un arranque inicial en falso, a consecuencia de la complejidad de mi equipo. En efecto, el gestor de arranque Grub no ha conseguido entenderse con los cuatro discos duros del ordenador, y tras unas cuantos intentos en vano, he resuelto el problema reinstalando, cargando el Grub en la unidad que suelo destinar a Linux y configurando ésta en la BIOS como el primer disco de arranque del sistema.

A continuación he instalado media docena de aplicaciones (Apache-PHP-MySQL, Thunderbird, VLC, BlueFish, Kompozer, y el módulo de base de datos del OpenOffice) y otra media docena de extensiones para Firefox (Firebug, Web Developer, Echofon, FireFTP, ScribeFire y el diccionario en español), he hecho unas cuantas pruebas con la red de casa, que han vuelto a demostrar que Windows Vista se comporta con testaruda hostilidad contra cualquiera que pretenda conectarse a sus recursos compartidos, he ejecutado quince o veinte tipos de archivos en distintos programas y, cuando ya estaba a punto de terminar las pruebas, me he acordado de que me faltaba por poner en práctica en esta nueva edición de Ubuntu la tarea informática a la que más tiempo dedico desde hace algunos años, esto es, la de bloguear.

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Después de varios meses de darle muchas vueltas al asunto, y tal como anunciaba el pasado domingo, finalmente me he decidido a solicitar, humildemente, mi ingreso en lo que entonces llamé el “distinguido gremio de los maqueros”. Lo hago con una carta de presentación no tan indiscutible como hubiera querido (y es que los precios de estos chismes imponen), pero aun así nada despreciable: un portátil MacBook de 2,4GHz, 250 MB. de disco duro y 4 GB. de RAM, recién desembalado, y todavía con olor a nuevo.

No me importa admitir que no soy muy hábil con la disposición del teclado, el uso de las teclas de función, los vericuetos del interfaz de Mac OS X Leopard y los maravillosos gestos intuitivos que permite el trackpad Multi-Touch (si no me acostumbro, siempre puedo utilizar un ratón externo, pues el sistema no ha tenido ningún problema en reconocer un par de ratones para PC que le he conectado), pero lo cierto es que al poco de encender el Mac ya está uno trabajando con él a toda máquina. En pocos minutos he descargado Firefox para Mac OS X para Mac, le he instalado el diccionario de corrección ortográfica en español y la extensión ScribeFire (¿por cierto, alguien sabe de un buen cliente para blogs en Mac OS X que no sea de pago y que tenga corrector ortográfico en castellano?), y he comenzado a bloguear.

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El presente artículo lo he escrito y publicado en un par de sitios de prueba creados con Joomla! (este texto es una adaptación ampliada para La Bitácora del Tigre) mediante un cliente XMLRPC; en concreto, Windows Live Writer, que es una aplicación gratuita de Microsoft, considerada por muchos usuarios (véase, por ejemplo, el completísimo manual de Mario Núñez y su artículo Publicando en Joomla con Windows Live Writer) como una de las mejores aplicaciones de este tipo.

Para poder utilizar un cliente XMLRPC en un sitio web creado con Joomla! es necesario llevar a cabo las siguientes acciones:

  1. Instalar y activar en el gestor de contenidos un plugin que permita la interacción del cliente con la aplicación. Existen varias extensiones de este tipo (véase, a este respecto, el artículo Joomla XMLRPC, en inglés), pero quizás la más adecuada para este caso sea la denominada MovableType XMLRPC 2.2.1 for Joomla! 1.5.x (el sitio está en japonés, así que no resulta del todo fácil moverse por él).
  2. Configurar el plugin con los parámetros adecuados: categoría por defecto, carpeta para las imágenes, parámetros de seguridad, etc. Para ello, véanse las instrucciones que figuran en Joomler!.net (en inglés).
  3. Desactivar el plugin XML-RPC Blogger, que viene de serie en Joomla! 1.5.x.
  4. Activar los servicios web en Joomla!, lo cual se realiza desde Sitio > Configuración Global > Sistema > Activar los servicios web.
  5. Configurar en el cliente la cuenta de conexión con Joomla!, tal como se muestra en las capturas de pantalla que aparecen a continuación.


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Una de los aspectos más atractivos de las aplicaciones y servicios en línea es su capacidad para integrarse entre sí, en unidades compositivas más amplias formadas por elementos originalmente dispares y hasta heteróclitos, cuya unión da origen a un ítem de información que, a su vez, puede servir como elemento integrante de un nuevo proceso de agregación y recombinación. Un texto de Google Docs se puede combinar con un vídeo alojado en YouTube, con un tema musical hallado en Odeo y unas cuantas imágenes procedentes de Flickr o Picasa para componer la entrada de un blog, cuyo canal o fuente RSS es susceptible de combinarse a su vez en otra plataforma para dar como resultado nuevas unidades textuales, y así hasta el infinito.

Es el proceso que en un reciente artículo el Prrofesor Potâchov de Moldavia (deudor en la idea de intervenciones anteriores de Juan Freire y Brian Lamb, aunque la genialidad de la imagen es toda suya) ha consagrado en la blogosfera educativa con la metáfora (¿o es una alegoría?) del “chef digital”, un docente convertido en recombinador de ingredientes y autor de sabrosas remezclas derivadas de sus particulares necesidades educativas.

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Fácil de configurar y todavía más fácil de utilizar, BlogWriter es un cliente para blogs que funciona en los iPhone e iPod Touch. No es gratuito (cuesta 7,99 dólares), pero he decidido afrontar el dispendio para verme libre de la tentación (¿no era Oscar Wilde quien decía que ésa es la única manera de deshacerse de ella?), y sobre todo para no defraudar a la parroquia, que tanto disfruta con las probatinas que hago en este tipo de aplicaciones.

Aunque no sea una maravilla en cuanto a sus capacidades de edición (si se quiere introducir etiquetas HTML, hay que hacerlo “a mano”, y creo que no permite guardar borradores), este cliente para blogs tiene su encanto, pues lee y edita las entradas ya publicadas, inserta fotos y además permite leer fuentes RSS. La mejor demostración de sus posibilidades es la entrada que los amables lectores tienen ante sus ojos, íntegramente escrita y publicada con BlogWriter.

Addenda tras la publicación

Como casi siempre en estos casos, he hecho alguna trampilla, pues después de publicar la entrada he tenido que despublicarla, editarla y añadirle algún perfeccionamiento: por ejemplo, las imágenes que ilustran el texto, capturadas desde el iPodTouch y enviadas por correo electrónico. Una vez miniaturizadas, las he incluido en el artículo desde el interfaz de edición de WordPress, con los enlaces correspondientes a las capturas originales.

La conclusión del experimento, como la de otros anteriores, es evidente: los dispositivos como el iPod Touch, el iPhone, los PDAs y otros semejantes valen para salir del paso y para emergencias, pero escribir en ellos más de diez líneas es poco menos que una tortura china. A ver cuándo inventan el cliente para blogs-dictáfono, eso sí que sería el chollo padre, sobre todo ahora que estoy adiestrando a mi Windows Vista para que reconozca el sonido de mi voz y me escriba las entradas mientras estoy tumbado a la bartola.

Figura 1: interfaz de edición de Blog WriterFigura 2: lista de entradas en Blog WriterFigura 3: pantalla principal en Blog WriterFigura 4: fuentes RSS en BlogWriter

Hace ya algún tiempo que estaba interesado por Scribd, un servicio de alojamiento de documentos que pueden enlazarse de forma directa o incrustarse en una página web, mediante un reproductor en Flash muy elegante y perfectamente funcional. Tenía ganas de probarlo y hacer alguna demostración, y como tantas otras veces el empujón definitivo para hacerlo me lo ha dado Mario Núñez con un reciente artículo en el que glosa las muchas ventajas de este servicio.

Así pues, acabo de darme de alta en Scribd y he subido algunos documentos, entre ellos los dos que forman parte del trabajo sobre clientes para blogs que elaboré con destino al Segundo Encuentro de Edublogs, que se celebró en Ayerbe (Huesca) en los primeros días de julio de 2007. Aunque el paso del tiempo tiene efectos sumamente destructivos sobre cualquier cosa publicada sobre asuntos relativos a las TIC, creo que mi trabajo soporta relativamente bien (o así lo espero) los algo más de trece meses que han transcurrido desde entonces.

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Llevo algún tiempo haciendo preparativos para las vacaciones veraniegas, que debieran comenzar, si todo sale como debe, en la segunda quincena de julio. No, no me refiero a la lista habitual de camisetas, bermudas, bañadores, chanclas y protectores solares, sino a las previsiones necesarias para no interrumpir mi cotidiana disciplina de bloguero, que ya forma parte de mis costumbres y hasta de mis adicciones. Como en esta ocasión el objetivo del viaje es una deliciosa isla atlántica, a la que llegaremos en avión (dicen que el aterrizaje pone los pelos como escarpias) y sin portátil, he tenido que prever unos cuantos escenarios posibles de producción bloguera, que paso a describir a continuación.

1. En el hotel hay ordenadores con conexión a Internet y a los que se puede conectar un pincho USB, y los clientes pueden hacer uso de ellos (que el servicio sea gratis o de pago es harina de otro costal). Esta sería la mejor de las situaciones, porque ya tengo casi lista la release 2008 del pincho USB que preparé el año pasado, con un montón de aplicaciones portátiles; entre otras, la versión portátil de Post2Blog, y Firefox con la extensión ScribeFire, que es un cliente para blogs estupendo, como ya he señalado en alguna otra ocasión.

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Acabo de enterarme, a través del Escritorio de mi WordPress, de una noticia inquietante: que la próxima versión de la aplicación, la 2.6, va a incrementar hasta tal punto la seguridad de su instalación por defecto, que los protocolos de publicación remota estarán desactivados, pues constituyen una vía de entrada para potenciales ataques. En la práctica, esto significa que los que actualicen a la versión 2.6 no podrán utilizar un cliente para blogs.

¿O tal vez sí? En el ticket 8136 del WordPress Trac hay una propuesta para que el protocolo XML-RPC pueda activarse a voluntad del usuario, e incluso hay quien ha propuesto el código necesario para que esta decisión sea factible en el proceso de instalación.

En fin, yo soy un don nadie en estos asuntos, pero ruego a los desarrolladores de WordPress que se lo piensen dos veces antes de eliminar del todo la funcionalidad de publicación remota. Vale, es cierto que nunca se hace demasiado en nombre de la seguridad, pero suprimir de un plumazo las enormes ventajas que suponen los clientes para blogs (incluso tras las innegables mejoras del editor de WordPress en su versión 2.5), me parece demasiado drástico.

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Javier García Calleja publicó ayer un breve artículo sobre ScribeFire, una extensión para Firefox que funciona como un cliente para blogs. Hace tiempo que yo traté de esta aplicación, primero en un artículo específico (cuando se llamaba Performancing), y luego en mi serie de artículos sobre clientes para blogs, pero lo cierto es que desde aquellos trabajos apenas la había vuelto a utilizar, y sólo me acordaba de ella cuando Firefox me avisaba de que era necesario actualizarla.

El artículo de Javier me ha animado a volver sobre mis pasos, circunstancia que además me permite aclarar algunas dudas que plantea en su trabajo. La primera es la posibilidad de subir imágenes, función que ScribeFire resuelve con eficacia si se configura adecuadamente el módulo FTP. A este módulo se accede desde la pestaña correspondiente en el cuadro de diálogo de configuración de la aplicación (figura 1).

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