Portada de Los hombres de la guadaña El novelista irlandés John Connolly es un viejo conocido de esta bitácora. Desde que me encontré con sus obras por primera vez, sobre las estanterías de una librería de aeropuerto, en junio de 2006, no ha habido primavera o verano –la excepción fue el año pasado, cuando comencé a notar los síntomas de una extraña dolencia de sequedad reseñista, de la que parece que me voy reponiendo- en que no haya dedicado una entrada a su serie de novelas policíacas o criminales, hasta la fecha formada por Todo lo que muere, El poder de las tinieblas, Perfil asesino, El camino blanco, El ángel negro, Los atormentados, y la que acaba de publicar Tusquets en su colección “Andanzas”, Los hombres de la guadaña.

Lo más destacable para los aficionados a la serie de novelas protagonizadas por el ex detective privado Charlie Parker (aquí desposeído de su licencia y de su permiso de armas, y obligado a ganarse la vida como camarero en un bar de Portland) es que el autor ha cedido el protagonismo de la historia a Louis y Ángel, amigos, ayudantes de Parker y, seguramente, una de las parejas homosexuales más inquietantes y peligrosas de la historia de la literatura. Desde el punto de vista del argumento, pues, se podría decir que Los hombres de la guadaña constituye el reverso de la mayor parte de las novelas de la serie, puesto que en ella no son Louis y Ángel los que intervienen para ayudar a Parker, sino justo al revés; de hecho, el detective apenas aparece en la trama, salvo por alguna mención episódica y sólo hace acto de presencia en el último tramo –como suele ser habitual en sus novelas, una verdadera traca final de acciones hiperviolentas, contada con enorme brío- para ayudar a sus amigos en lo que parece una encerrona sin posible escape.

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Portada de Anatomía de un instante, de Javier CercasEn las últimas semanas se ha hablado mucho, y a menudo exageradamente, de Anatomía de un instante, el libro que hace algo más de un mes publicó Javier Cercas sobre el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. En algún otro lugar de este blog ya he confesado mi admiración por algunos de los protagonistas de este suceso, el ex-presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez, y el que fuera su amigo y vicepresidente, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, lo cual explica que, en cuanto tuve noticia de la publicación del libro, me apresurara a comprarlo, y que lo leyera casi de un tirón.

En el prólogo confiesa Cercas que comenzó escribiendo una novela, aunque finalmente desistió de dar a la historia un tratamiento ficcional porque se dio cuenta de que en este caso la realidad disponía de una potencia significativa que ni siquiera la más poderosa construcción literaria podría igualar. Lo que ha finalmente ha entregado a la imprenta es en parte crónica o reportaje y en parte ensayo histórico, pero, fiel a sus orígenes novelísticos, sobre todo un intento de interpretación muy personal de los gestos que simbolizan la gallarda actitud de tres figuras señeras de aquel episodio: Suárez, Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, por entonces secretario general del Partido Comunista de España. Como casi todo el mundo sabe y desde luego recordamos quienes tenemos edad suficiente para haber vivido en directo aquel suceso, Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo fueron los únicos tres representantes de la clase política española que no cedieron a la intimidación de los golpistas y que permanecieron en sus asientos, sin tirarse al suelo, a pesar de los insultos, las amenazas y los disparos.

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Me da un poco de miedo la expectación levantada por mi anuncio de ayer con respecto a una “propuesta alternativa que permita sacar mejor rendimiento de las inversiones prometidas” por el Gobierno en su anuncio de portátiles para los alumnos de Primaria (aprovecho para dar las gracias a todos los compañeros y compañeras que han realizado comentarios a dicha entrada; vuestra confianza me honra), porque ni tengo la respuesta a todos los interrogantes que suscita la iniciativa gubernamental, ni el conocimiento cabal de todos los elementos implicados en la iniciativa, ni desde luego la autoridad o los medios para poner en práctica mis propias ideas. No obstante, me enseñaron de pequeño que uno debe ser fiel a la palabra dada y cumplir los compromisos adquiridos, y por eso me atrevo a formular a continuación algunas recomendaciones sobre esta polémica y debatidísima medida.

1. Repensar (y prescindir de ella, en último término) la política del “café para todos”. Ni está demostrado que la medida del Gobierno sea pedagógicamente idónea, ni es necesario dotar a todos y cada uno de los alumnos con un portátil (en el caso de que fuera inevitable la inversión en esta clase de tecnología), ni todos los centros los quieren o pueden gestionar, ni todos los profesores pueden o quieren trabajar con ellos, ni es conveniente incorporar tan masivamente la tecnología informática a las prácticas cotidianas en el aula.

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Portada de la novela Defensa cerrada, de Petros MárkarisAunque recuerdo haber leído muy por encima alguna reseña de sus obras, el primer testimonio directo, y muy elogioso, sobre la narrativa policíaca de la novelista francesa Fred Vargas lo escuché de labios de Lorenzo Silva, en una conferencia que impartió en Pamplona hace algo más de un año. Por cierto, también Silva animó a los asistentes a que leyéramos las novelas de Petros Márkaris, dos de las cuales –Defensa cerrada y El accionista mayoritario- me sirvieron para trabar contacto con la realidad griega; la primera, justo antes de mi viaje a Grecia, y la segunda justo después de volver.

Márkaris es un estupendo autor de novelas policíacas, que deleitará a todos los amantes del género y probablemente también a los recién llegados. Tal vez su fuerte no sea la resolución de las tramas (por ejemplo, Defensa cerrada termina de una manera no sólo inesperada, sino yo diría que “inesperable”, con la exigencia de una continuación, la novela Suicidio perfecto, que no he conseguido encontrar, porque al parecer está agotada; por su parte, al final del El accionista mayoritario hay algunas intervenciones que recuerdan a la figura del deus ex machina), pero a cambio ha creado con la figura de su detective, el teniente Kostas Jaritos, un personaje de referencia para los aficionados a la literatura policial, que sin duda agradecerán su retranca y sus juicios sentenciosos, su fidelidad al deber, a un Supermirafiori renqueante y a los gozos y las angustias de la vida familiar (en esto Jaritos se parece al comisario Brunetti y Márkaris a Donna Leon), sus curiosas costumbres, como la afición por la lexicografía (un rasgo que lo emparenta con el Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, aunque la relación del detective barcelonés con los libros era más conflictiva y sarcástica) y su visión de la realidad griega, entre el costumbrismo y la sátira política, que en todo momento resulta de lo más estimulante.

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Por fin van aclarándose los perfiles de la famosa iniciativa gubernamental de los ordenadores para niños y niñas de Primaria, sobre la que traté el pasado 26 de abril. La noticia que hoy publica El País (y que veo confirmada, mientras escribo estas líneas, por el discurso del presidente Rodríguez Zapatero en el debate parlamentario sobre el estado de la nación) perfila muchos de los detalles más relevantes de esta iniciativa.

No quiero ser catastrofista, pero lo que hasta hoy conocemos del proyecto, lejos de aclarar las dudas que en su momento planteamos muchos docentes (véase, por ejemplo, la recopilación de reacciones compilada por Charo Fernández en Aulablog), las adensa todavía más, hasta un punto en el que resulta difícil apreciar algún valor positivo en aquél. El propio rotativo madrileño plantea unos cuantos problemas, algunos de los cuales –pero no todos, ni quizá los más arduos- coinciden con mis puntos de vista, que intentaré exponer a continuación.

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Santorini

Santorini, la más meridional de las Cícladas, es una isla tan desaforadamente turística que cuando el viajero la recorre, a menudo tiene la sensación de hallarse en una postal, en una de esas ristras de tarjetas de recuerdo que los comercios exhiben como ubicuo reclamo. Sin embargo, la belleza de este pequeño archipiélago –resultado de la más gigantesca explosión volcánica que vieron los siglos- es tan grande, tan intensa, tan sorprendente, que resiste ventajosamente a los tópicos, las imágenes congeladas en las postales y los motivos habituales en las guías turísticas.

Con la seguridad de que he de fracasar en el empeño, he tratado de reflejarla en la serie de fotografías que acompañan a esta entrada, fruto de los tres días que pasamos en la lista, durante las pasadas vacaciones de Semana Santa. Es la segunda serie de instantáneas del viaje, tras la de Espronceda en Epidauro, y desde luego que será la última, porque estoy tan enganchadísimo a Twitter, que no puedo dejar de microbloguear. A ver si consigo serenarme y escribir un artículo largo, sesudo, y enjundioso. Quizás una reseña de La tercera virgen, una espléndida novela policíaca de la escritora francesa Fred Vargas, que me ha dejado con la boca abierta.

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En las últimas semanas se ha oído hablar mucho del tema P2, sucesor de Prologue, una plantilla diseñada para convertir a WordPress en una aplicación de microblogging. Curiosamente (pero ya se sabe que las coincidencias no existen, y que son signos de un orden cósmico que no alcanzamos a entender), esta difusión de noticias sobre P2 ha coincidido con mi entrada en el apasionante mundo del blogueo en miniatura, a través de Twitter.

Pues bien, tras leer la encomiástica reseña de Matt Mullenweg sobre P2 y el modo en que lo utiliza la gente de Automattic, como una herramienta de comunicación y seguimiento de proyectos y trabajo en grupo, me ha faltado tiempo para instalar una nueva instancia de WordPress y el tema P2, al que he añadido la recentísima traducción de nxtmdia, repasada y modificada para mis propios propósitos. El resultado es Microblogueando en WordPress, una nanobitácora que voy a utilizar como campo de pruebas y demostraciones para mis compañeros de trabajo y probablemente también para mantener el contacto con la cuadrilla de amigos con los que suelo relacionarme a través del correo electrónico.

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En un reciente artículo de La Bitácora del Tigre traté sobre la posibilidad de crear entradas en un blog al modo wiki, mediante el plugin WordPress Wiki, que a tal efecto instalé y experimenté sobre mi blog de pruebas. Pues bien, un comentario de Emi a propósito de ciertos retoques en la hoja de estilo de esta extensión (aprovecho la oportunidad para darle mis más sinceras gracias por la referencia y citar su blog, EmiAstur) me ha llevado a descubrir un plugin que permite añadir a cualquier entrada de WordPress uno de los rasgos típicos de los wikis y otros CMS, la tabla de contenidos o TOC (table of contents).

Esta nueva extensión se denomina Hackadelic Table Of Contents Boxes, y tiene una serie de funciones muy interesantes, entre ellas el reconocimiento automático de las etiquetas de párrafo como elemento estructurante del contenido. Basta añadir a una entrada epígrafes etiquetados con las oportunas marcas de párrafo (a partir de <h3>, para que no entren en conflicto jerárquico con los estilos del título del blog y de las entradas), y el plugin se encarga de elaborar con los títulos de dichos epígrafes un índice de contenidos muy cómodo y funcional.

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Ya sé que el mejor escribano echa un borrón, y que estas cosas ocurren en las mejores familias (por si acaso, toco madera antes de escribir nada en La Bitácora del Tigre, y acostumbro a pasar el corrector ortográfico dos veces), pero es que la errata que aparece al comienzo del reportaje con el que abre El País su sección de Deportes de hoy es realmente antológica. Escribe Ramón Besa en la segunda columna del artículo “Eterno Raúl” (página 43 de la edición del 27 de abril de 2009) lo siguiente:

El mensaje del equipo de Raúl hacia el líder es inequívoco: o el Barça gana en Chamartín o el Madrid saldrá campeón, sin Pepe y con independencia de que jueguen Metzelder, Robben, Torres o el sum sum corda. Le alcanza con Raúl.

Está claro que al curtido periodista del rotativo madrileño se le olvidaron sus lecciones de latín, pues no es “sum sum corda”, sino “sursum corda” o, en la adaptación hispánica del latinismo que propone el DRAE, “sursuncorda”, término que el diccionario académico define como sigue:

(Del lat. sursum corda, literalmente ‘arriba los corazones’).
1. m. coloq. Supuesto personaje anónimo de mucha importancia. No lo haré aunque lo mande el sursuncorda.

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Gracias a las intervenciones de José Luis Cabello y Celestino Arteta en Twitter (comienzo a despegarme de mi escepticismo inicial con respecto a este servicio, a través del cual descubro cada día cosas más interesantes, como la deliciosa discografía de Leonor Quintana en Blip.fm), me acabo de enterar del proyecto del Gobierno de España para dotar a todos los niños de Primaria de ordenadores portátiles.

Dejando a un lado la cuestión sobre la idoneidad de la medida –estoy convencido de que el sistema educativo, sus profesionales y sus usuarios tienen necesidades mucho más urgentes que ésta–, se me ocurren algunos aspectos que habría que considerar a fondo para que el proyecto fuera eficaz y no se convirtiera en un gigantesco dolor de cabeza para quienes van a tener que gestionarlo (un modesto servidor, entre ellos) o experimentarlo en carne propia.

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