La niebla, dirigida por Frank Darabont en la que constituye su tercera adaptación de los relatos breves de Stephen King, tras Cadena perpetua y La milla verde, es una película que todo buen aficionado al cine fantástico, de terror y de ciencia ficción no debe dejar de ver. La historia de un grupo de ciudadanos atrapados en un supermercado por una extraña niebla de la que emergen criaturas de pesadilla tiene todo el atractivo y el regustillo de las películas de serie B de antaño. Además, se trata de una película inteligente, muy bien contada, con un ritmo narrativo intenso y poderoso, pero en absoluto frenético. Nada que ver con esos filmes para públicos juveniles cuyo mayor atractivo es adivinar, a partir de sus primeras secuencias, quién de entre todos los personajes es el más cretino y por tanto candidato a ser devorado, destripado o descabezado en primer lugar.
En estricta aplicación de las normas del género, La niebla ofrece todo lo que los espectadores exigen a este tipo de historias: por supuesto, acción y sustos (y conviene destacar que hay unos cuantos muy consistentes), bien dosificadas muestras de sangre, violencia y sucesos repulsivos (qué secuencia tan impresionante la del hombretón barbudo que sale de la tienda con una cuerda atada a la cintura y regresa, arrastrado por sus compañeros, como un cadáver sin torso ni cabeza), una estructura narrativa articulada en torno al espacio claustrofóbico en el que conviven y disputan varios personajes, y las inevitables lecturas alegóricas o parabólicas.


El 25 de junio se cumplió un cuarto de siglo desde el estreno de
Algo especial tienen las películas de zombis que las convierte en terreno abonado para las interpretaciones más sesudas. Basta con leer por encima cualquiera de los muy variados análisis que se han escrito sobre dos películas recientes y de tanto éxito como
Sunshine es el cuarto largometraje del director británico Danny Boyle que he tenido oportunidad de ver. De los anteriores, Trainspotting y sobre todo
Me parece imperdonable no haber traído antes por esta sección dedicada a las bandas sonoras de películas la música de Evangelos Odysseas Papathanassiou, conocido en el mundo artístico como
Un servidor ya lleva muchas decepciones a la espalda como para confiar, de buenas a primeras, en las campañas promocionales y en los testimonios de los aficionados incondicionales, sobre todo cuando se trata de películas pertenecientes a ese género tan poco comprendido, y que a mí tanto me gusta, que es la ciencia ficción. Así que cuando me enteré del estreno de Hijos de los hombres, del director mexicano
Los aficionados al cine de ciencia ficción tenemos una deuda de reconocimiento con Peter Hyams, director que ha mostrado una nada común fidelidad al género, con películas como Capricornio Uno (1978), Atmósfera cero (1981), 2010 (1984), Policía en el tiempo (1994), The Relic (1997), o El fin de los días (1999). Como se ve, una lista nada desdeñable, que ahora hay que completar con El sonido del trueno, estrenada en nuestras carteleras el pasado viernes.
Hace casi un mes que vi la última y por lo que parece definitiva entrega de la serie galáctica de George Lucas (en realidad la he visto tres veces, pero no se lo contéis a nadie). Desde entonces, he estado preparando una larguísima 



