cine en vacaciones

Está navegando por las entradas correspondientes a la etiqueta cine en vacaciones.

Como una especie de viaducto de Millau o hipérbole de las fiestas locales, el puente de la Constitución-Inmaculada se alarga en Navarra, por aquello de la singularidad foral, desde el día 3 de diciembre, fecha en la que se celebra en nuestra comunidad la fiesta de su patrón, San Francisco Javier, hasta el día 8. Son seis días en los que apetece salir de nuestras fronteras hacia climas más benignos, pues el tiempo atmosférico (al menos en Pamplona, ciudad que según el dicho local sólo tiene dos estaciones, el invierno y la de la RENFE) tiende a situarse por estas fechas en una estrecha franja cuyos límites son lo desagradable y lo francamente abominable.

En esta ocasión, Pilar y yo consagramos nuestro rumbo a Barcelona, donde esperábamos ver unos cuantos museos y pasear por la ciudad, con un pronóstico de al menos 13 grados Celsius y precipitaciones tendentes a cero. Curiosamente, el tiempo se comportó de acuerdo con las predicciones, y casi no hacía falta ponerse otras prendas que la camisa y un ligero sobretodo. Bueno, eso era lo que yo llevaba encima cuando salimos del hotel el día 3, a eso de las seis de la tarde, pero debo de tener el termostato mal ajustado, pues muchos barceloneses y barcelonesas caminaban por las calles embutidos en toda suerte de gabanes, bufandas y guantes. Ay, me dije, no sabéis lo que es el invierno de Pamplona.

Continuar leyendo »

Hace casi un año ya conté en este blog que entre mis muchas manías se cuenta la de ir al cine en las localidades que visito durante las vacaciones estivales, sobre todo si la sala de proyección pertenece a un cine provisional, de esos que se instalan en los sitios de veraneo y sólo funcionan dos o tres meses al año. Uno de mis recuerdos más entrañables de las vacaciones en familia, hace ya muchos años, en Laredo, Peñíscola, Piles, Cambrils o Salou, era precisamente el de los cines al aire libre, de sonoridad espantosa, incomodidades legendarias (he llegado a conocer alguna sala en la que las butacas de platea se complementaban con los asientos que el público llevaba consigo) y programación errática a más no poder.

No recuerdo casi ninguna de las películas que vi en tales circunstancias (bueno, sí, haciendo un esfuerzo de memoria consigo acordarme de una proyección antológica, creo que de Toro salvaje, de Martin Scorsese, que tuvo que interrumpirse a causa de un chubasco nocturno acompañado de poderoso aparato eléctrico; cuando acabó la tormenta, y una vez que los asistentes secamos los asientos, siguió la película, como si tal cosa), y me vienen a la cabeza imágenes confusas y entremezcladas de aquellas salas, patios y galpones, pero me gusta reivindicar desde las páginas de La Bitácora del Tigre el recuerdo de unas experiencias personales que son pura arqueología, o están a punto de convertirse en ella.

Continuar leyendo »

Cartel de la películaUna de las secretas aficiones que he venido cultivando a lo largo de los años es la de aprovechar las vacaciones veraniegas para conocer las salas de cine de otras ciudades. Claro está que con la proliferación de centros comerciales y cadenas de multicines (todas más o menos cortadas por el mismo patrón), ya apenas se encuentran las sorpresas con que mi hermano y yo solíamos toparnos en nuestras vacaciones familiares de verano: salas con butacas decrépitas o inexistentes (sustituidas por bancos, sillas de tijera e incluso asientos que los propios usuarios llevaban consigo), cines al aire libre asaltados por los mosquitos, las tormentas de la estación o, a veces, la barahúnda de alguna fiesta cercana, espacios de fortuna que se montaban apenas con un patio, una pared encalada, un proyector y un par de altavoces de saldo.

Con todo, algo queda de aquellos espectáculos populares y bastante caóticos que a mí tanto me gustaban de nuestros inacabables veranos familiares en Laredo, Salou, Piles o Cambrils. El pasado viernes fui con Pilar a los Multicines Las Salinas, de Chiclana de la Frontera (Cádiz), a la sesión de las 10,35. Nos costó llegar, porque nos perdimos dos veces por las carreteras de conexión, pero al final lo encontramos. Lo primero que me llamó la atención fue la composición y actitud del público: jovencísimo, bullanguero y feliz, desde luego nada parecido a las circunspectas y rígidas audiencias que suelen darse cita en los cines pamploneses que yo frecuento. Por allí se veían parejas de novios (ellos, tatuados, ellas, ombligo al aire, con los inevitables piercings en orejas, labios y ombligos), grupos juveniles y hasta familias enteras, abuela y nietos incluidos. Me sorprendió sobremanera la presencia de niños muy chicos (como dicen los gaditanos), en la sesión nocturna, y la informalidad del público, nada partidario de ocupar el asiento antes del inicio de la película.

Continuar leyendo »