Creative Commons

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Aunque hace ya algún tiempo que se publicaron, hasta ahora no había tenido tiempo de revisar la versión 3.0 de las licencias Creative Commons España, y de actualizar La Bitácora del Tigre en consecuencia. Los cambios legales que supone esta nueva versión han sido analizados en detalle por David Maeztu en Del derecho y las normas (lo cual me ahorra entrar en farragosos detalles), pero más allá de las implicaciones jurídicas, lo que seguramente interesará a los habituales de este blog es saber que sigue manteniendo las mismas condiciones de publicación de siempre.

Dicho de otro modo, que La Bitácora del Tigre se publica (y, si Dios quiere, se seguirá publicando hasta que el cuerpo aguante) bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 3.0 España, cuyo “código legal” o formulación jurídica para expertos puede consultarse en la página correspondiente. Por cierto, yo mismo me he permitido alguna excepción a mis condiciones habituales: por ejemplo, hace poco que se ha vuelto a publicar mi reseña de La conjura contra América, de Philip Roth (véase también la versión de Lengua en Secundaria, con notas a pie de página), en Saco de mentiras, un sitio web sobre literatura y cine que ya va por su tercer número. En este sitio la reseña aparece bajo los términos del copyright, para lo cual he dado el permiso correspondiente.

Quizás interese saber a los fans de WordPress que la licencia del blog se integra en el código de la aplicación mediante el plugin Progressive License, que permite no sólo incorporar a un blog cualquiera de las licencias habituales, sino incluso licencias especiales o singulares desarrolladas ad hoc.

Aunque ya me había encontrado por ahí alguna referencia, ha sido la entrada que publicó ayer Aníbal de la Torre la que me ha animado a utilizar los servicios de FlickrCC, una aplicación que, a partir de las fotografías con licencias Creative Commons publicadas en Flickr, permite realizar una sencilla edición, que incluye la atribución de autoría.

Así que me he ido rápidamente a FlickrCC, he buscado una fotografía del emblema tigresco de la bitácora, le he añadido la atribución y, tras guardar el resultado y subirlo al blog, helo aquí.

Tigre echando la siesta

No hace falta subrayar la utilidad de estas aplicaciones web que hacen uso del API de Flickr: se acabaron el peregrinaje por la web en busca de fotos libres de derechos y la edición manual.

Leo hoy en el suplemento CiberPaís que la Asociación de Compositores y Autores de Música (ACAM) se ha hecho eco de un artículo de Emma Pike, Directora General de la British Music Rights, contra las licencias de Creative Commons. La señora Pike cita entre sus argumentos la opinión de un abogado norteamericano, un tal Lawrence Lessig, quien en un artículo publicado en la revista Forbes moteja a los defensores de este tipo de licencias con la elegante etiqueta de “una cuadrilla de oportunistas” (a bunch of gleaners).

Habida cuenta que tanto La Bitácora del Tigre como otras webs de las que soy responsable están presididas por este tipo de licencias, tendré a partir de ahora que considerarme un oportunista confeso y tal vez convicto, con la circunstancia agravante de haber perpetrado mi delito “en cuadrilla”.

En fin, como yo no soy abogado (lagarto, lagarto), ignoro las minuciosas implicaciones legales de publicar mis modestas creaciones bajo las etiquetas de Creative Commons, y estoy dispuesto a admitir que, como casi todo en la vida, no es oro todo lo que reluce en el mundillo del software libre, el copyleft y demás fenómenos conexos. Lo que tengo muy claro, en cambio, es que con sus reiterados posicionamientos en contra de su actual estatus, la ACAM, la BMR, la SGAE y tantas otras entidades y asociaciones de este tipo no hacen más que poner palos en las ruedas de los intereses ciudadanos, asfixiando la difusión de la información y la cultura a través de Internet.

Por mucho que me esfuerzo, no veo nada de malo en que un servidor (me refiero con esta palabra a mí mismo, por si la palabra induce a error) divulgue sus materiales libremente por la Red, con unas mínimas limitaciones que parecen de sentido común, y que no tienen otro objetivo que el del reconocimiento (aunque sea moral) de la obra propia. Lo que yo hago con lo mío no obliga a nadie más, salvo que se piense (y creo sinceramente que es lo que algunos temen), que el éxito de estas nuevas formas de distribución sea de tal calibre que obligue a quienes están bien amurallados tras sus regalías a refundar sus chiringuitos. Ciertamente, hay más de un pope cultural que bien haría en meditar largo y tendido sobre el asunto.