La semana que está a punto de terminar me ha deparado dos sorpresas cinematográficas, dos películas que me han llamado mucho la atención, por razones tan distintas como (para mí) inesperadas. Seguro que lo de “sorpresas” extrañará a los lectores de La Bitácora del Tigre en cuanto vean a qué filmes me refiero, pues se trata de Volver, de Pedro Almodóvar, y El código Da Vinci, de Ron Howard, basado en la celebérrima novela de Dan Brown. Habrá que dar, pues, las explicaciones pertinentes.
Comienzo con la película de Pedro Almodóvar, un cineasta que me resulta sumamente antipático, no tanto por su cine (que, en general, se me atraganta), como por sus actitudes públicas, algunas de las cuales (por ejemplo, la acusación pública de que el PP intentó organizar un golpe de Estado la noche anterior a las elecciones del 14 de marzo de 2004) dan cuenta de la clase de endiosamiento irresponsable que caracteriza a ciertos miembros del mundo de la farándula. Yo estoy convencido de que el cine de Almodóvar está infinitamente sobrevalorado; además, su elevación a los altares del Olimpo cinematográfico español, en calidad de representante de las esencias artísticas de nuestro cine, me ha parecido siempre una tomadura de pelo.

Acabo de terminar La conspiración, de Dan Brown, el autor de la famosísima novela El código Da Vinci, una obra que merecería pasar a la historia de la literatura no precisamente por su calidad, sino por haber servido como modelo de un sinfín de clones de ese peculiar subgénero (la novela templaria, habría que llamarlo) con el que las editoriales nos castigan de un tiempo a esta parte.



