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Después de un par de intentos frustrados por actualizar el tema Tarski de la bitácora a la versión 1.2 (sospecho de alguna incompatibilidad de plugins, pero el caso es que no he conseguido hacer carrera con él), acabo de enterarme por Planeta Educativo de la recomendación que hace Mario Núñez en DigiZen para lavar la cara al interfaz de administración de WordPress: se trata de instalar el plugin WP Tiger Administration, que reconstruye el backend de nuestro gestor de blogs favorito y le da un aire mucho más moderno y funcional.

Me ha faltado tiempo para atender la recomendación de Mario. De hecho, hace más de un año que instalé este plugin por primera vez, aunque no conseguí que funcionara bien. Ahora, en su versión 3.0, el complemento va como un tiro, aunque sólo es compatible con Firefox y Safari. Su creador, Steve Smith, advierte que, dado que Internet Explorer no cumple las especificaciones de CSS2, cuando se utiliza este navegador el plugin queda sin efecto, y el usuario vuelve al interfaz de administración original, lo cual es una solución muy elegante a los problemas de compatibilidad.

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Figuritas

Las maquetas y miniaturas han sido una de mis pasiones de adolescencia y juventud. Mi hermano José Ángel y yo ahorrábamos la paga de los domingos para comprar maquetas, pinceles y pinturas, y nos pasamos días enteros de nuestros veranos sin salir de casa, entregados a la absorbente tarea de montar reproducciones a escala de tanques, aviones y barcos (estas últimas, las más difíciles) y de pintar figuritas de soldados de la Segunda Guerra Mundial y de las Guerras Napoleónicas. Todavía hoy me detengo en los escaparates de las jugueterías y las tiendas de regalos para mirar con arrobo las casas de muñecas, los grandes galeones en sus cajas atiborradas de piezas diminutas, y los dioramas fantásticos de los Warhammer.

Durante mucho tiempo tuve la estúpida convicción de que la nuestra había sido una afición un tanto vergonzante, hasta que descubrí, en las fotos de entrevistas con escritores como Javier Marías o Fernando Savater, que eso de colocar en las estanterías miniaturas diversas no es, en modo alguno, una extravagancia juvenil, sino una muestra de exquisitez y hasta de buen tono intelectual. Cuánto me reconfortó contemplar, mientras desfilaban por la pantalla los títulos de crédito de la versión cinematográfica de El alquimista impaciente, de Patricia Ferreira, al sargento Rubén Bevilacqua dedicado a la atenta y amorosa pintura de su colección de figuras militares (él era más selectivo que yo, pues sólo montaba y decoraba las reproducciones de soldados de ejércitos derrotados).

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Para hacer compañía a los felinos rayados de la Bitácora, he aquí el resto de los miembros de la familia felina, que se reparten sus respectivos nichos ecológicos por los armarios y estanterías de la casa. Desde sus elevadas atalayas, protegidos del acoso de mis sobrinos por las disuasorias cubiertas de las Obras completas de Borges y por las coloridas portadas de las novelas de crímenes de Agatha Christie, otean el horizonte.

  • Pantera de las nieves de pelucheHe aquí al más raro y menos conocido de los grandes felinos, el irbis, también llamado leopardo o pantera de las nieves. Habitante en estado salvaje de las montañas de Asia Central, éste llegó a casa, como casi todos sus parientes, tras el consabido safari nocturno por el recinto de la Feria, durante las Fiestas de San Fermín. Y aunque las noches de los sanfermines no son el mejor momento para realizar proezas de coordinación mano-ojo (todo el mundo puede suponer por qué), conseguimos rescatar a este hermoso ejemplar de su reclusión tras los cristales. Os aseguro que la hazaña tuvo su mérito, porque el brazo de la grúa casi no podía con su rollizo cuerpo.
  • León de pelucheAquí tenéis al Rey de la Selva, que paradójicamente es el más infeliz, o al menos el menos afortunado, de toda la familia. Un león achacoso y depauperado, lleno de petachos, con la melena sarnosa y una expresión en sus ojos como de haber sido abandonado por una larga sucesión de crueles domadores de circo. A diferencia de otros parientes más esquivos y antipáticos, nuestro pobre león agradece el afecto de los niños, a quienes solicita desde su guarida, con la muda elocuencia de sus ojos tristes, una suave caricia.

Más sobre tigres

No quiero pecar de inmodesto, pero al igual que a Jorge Luis Borges, a mí también me chiflan los tigres. Y dado que el felino rayado es el emblema de esta bitácora, no me resisto a incluir aquí dos fotos de algunos de los bibelots que adornan nuestras estanterías:

  • Simba, el tigre de pelucheAquí tenemos la cabeza de un tigre de peluche (alias “Simba”, ya sé que no es nada original), de esos que se consiguen en las barracas de feria derribando botes o arrojando pelotas de goma contra una diana. En su día el animalito estuvo a punto de costar un cisma en la familia, pues mis sobrinos querían que su padre (que tiene peor puntería que yo), les consiguiera otro igual. Cabe imaginar su decepción cuando las bolas fueron a estrellarse fuera del blanco.
  • Un tigre sin nombreEste otro tigre tan gracioso (tras la espalda hay un león, casi tan cuco como su primo, al que hace compañía), de pasta o de cerámica pintada, adorna la base de un artilugio de alambre que nos sirve para sostener fotos, post-its, papeles con anotaciones y ese tipo de cosas que suelen danzar por sobre las mesas y los muebles. De momento, no le hemos puesto nombre, pero todo llegará (se admiten sugerencias).

Prometo ir aumentando el zoo con nuevos ejemplares.

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