gestión y mantenimiento del blog

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En los últimos días la bitácora me ha dado algún disgusto: por ejemplo, al publicar una entrada nueva o actualizar una ya existente, aparecía una página en blanco. Además, cuando respondía a un comentario desde el escritorio del blog, el backend comunicaba un enigmático fallo en una sentencia SQL. Tanto los cambios en las entradas como los nuevos comentarios se guardaban correctamente, pero, además de un incordio, esa página en blanco era un síntoma evidente de que algo no funcionaba bien en La Bitácora del Tigre. Tras mucho investigar por la Red, y especialmente en los foros de WordPress, encontré una buena recopilación de las posibles causas del primer problema en Fix The Wordpress Blank Page Error, y a partir de aquí fui capaz de averiguar que el causante del trastorno (en realidad, de los dos trastornos) era el plugin Extended Live Archives, que ya me había dado bastante guerra en el pasado, y que al parecer es causa de numerosos conflictos de compatibilidad con las últimas versiones de WordPress.

Así que, con harto pesar de mi corazón –pues el Extended Live Archives genera unos índices dinámicos inigualables- he eliminado ese plugin. Me ha costado encontrar otra extensión que lo sustituya, pues ninguno de las seis u ocho que he examinado es capaz de crear un índice general de todas las entradas del blog, navegable tanto por fechas como por categorías. Haciendo de la necesidad virtud, como tantas otras veces, al final me he decidido por el plugin Smart Archives Reloaded, que también ofrece una funcionalidad aceptable (véase el nuevo índice general del blog), aunque ciertamente incomparable con el anterior.

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El lunes actualicé La Bitácora del Tigre a la versión 2.9 de WordPress. Naturalmente, tomé todas las precauciones necesarias, esto es, hice copia de seguridad (de hecho, dos copias) de la base de datos, de todo el directorio /wp-content, de los demás directorios donde almaceno los archivos que voy subiendo, de los ficheros wp-config.php, .htaccess, robots.txt y de algún otro elemento clave en mi configuración.

A continuación desactivé todos los plugins y puse en marcha el actualizador automático (Herramientas > Actualizar), que realizó su tarea en pocos minutos. Tras conectarme de nuevo al backend del blog, actualicé la base de datos y comprobé si el contenido de la bitácora era visible y navegable. Todo parecía funcionar, así que comencé la tediosa tarea de reactivar, uno a uno, la larga serie de plugins que tengo instalados.

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La noticia sobre la publicación de la versión 2.8.5 de WordPress me pilló por tierras sevillanas (a ver si tengo tiempo de publicar en mi cuenta de Flickr una selección de los varios centenares de fotos que tomé), con una conexión a Internet bastante incómoda de utilizar, y por tanto apenas pude prestarle la atención que sin duda merece esta actualización, que resuelve algunos fallos de la aplicación y refuerza varias áreas susceptibles de recibir ataques. Yo siempre he sido bastante celoso del nivel de seguridad de La Bitácora del Tigre -todavía más después de conocer de primera mano en el trabajo varios casos de hacking, y de saber las penalidades por las que ha pasado algún colega bloguero- y por tanto, al volver a casa, me ha faltado tiempo para poner en práctica la primera recomendación de seguridad de WordPress: actualizar el blog a la versión más reciente de la aplicación.

Dado que esta última actualización afecta a una cantidad relativamente pequeña de archivos (véase la lista de cambios entre las versiones 2.8.4 y 2.8.5 en el WordPress Trac), podría haberme limitado a descargarlos y sobreescribirlos; sin embargo, he preferido utilizar la función de actualización automática de WordPress (Herramientas > Actualizar); eso sí, sólo después de haber realizado los backups de los archivos que no forman parte de la aplicación (es decir, el directorio de subida de ficheros, el de plugins y el de temas), y de la base de datos, para lo cual he utilizado, como en otras ocasiones, los plugins WordPress Backup y WP-DBManager. Antes de actualizar debería haber desactivado todos los plugins, pero tengo que reconocer que me he olvidado de tomar dicha precaución.

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Las cifras que acabo de escribir en el título de esta entrada corresponden, respectivamente, a la longitud máxima de los gorjeos de Twitter y a la del último artículo publicado en La Bitácora del Tigre, que fue la reseña de Malditos bastardos, de Quentin Tarantino. El porqué del título es algo más complicado de explicar, y tiene que ver con mi comportamiento bloguero en este mes de septiembre de 2009, uno de los más improductivos en la historia de la bitácora, con sólo cuatro entradas si se cuenta la presente.

Sobre las variadas razones del bajón en la productividad bloguera de los últimos tiempos ya he escrito en más de una ocasión. Algunas son de carácter estructural, y entre ellas hay que anotar la cantidad de tiempo y el esfuerzo que me lleva documentarme para las entradas más largas, o la competencia que me hago a mí mismo en el trabajo, donde continuamente estoy editando contenidos en media docena de gestores diferentes (y aseguro que esa especie de versión moderna del mito de Sísifo, obligado a escribir y reescribir artículos eternamente, puede llegar a cansar mucho). Otras son más ocasionales: la redacción de un artículo con pretensiones académicas, en el que uno se atasca y empantana, algunas adiciones recientes, como el de ver al final de la tarde dos o tres capítulos de esa serie incomparable que es Mad Men, etc.

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Ayer se anunció una actualización de WordPress que tiene cierta importancia. Se trata de la versión 2.8.3, que al parecer da carpetazo a algunos problemas de seguridad no del todo bien resueltos por la 2.8.2. Yo he actualizado La Bitácora del Tigre nada más enterarme, utilizando para ello un archivo diferencial –cortesía de Lester Chan- que sólo contiene los cambios entre esta última versión y la anterior.

Aunque no he desactivado los plugins antes de actualizar, sí he tenido la precaución de hacer las copias de seguridad de todo lo que merece la pena conservar en en blog. De nuevo, me he valido de los buenos oficios del plugin WordPress Backup, cuyo funcionamiento ya detallé en Actualización a la versión 2.8.2 de WordPress.

Como dice algún comentarista en el anuncio que sobre este tema publicó ayer la Weblog Tools Collection, es un incordio eso de tener que actualizar el blog cada dos por tres, pero también es cierto que la exhaustiva vigilancia de la comunidad de usuarios y desarrolladores de WordPress constituye una garantía de eficacia, seguridad, y buen funcionamiento de los blogs.

Ojalá sea verdad, y que no haya que volver a actualizar pasado mañana.

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Después de algo más de dos semanas con el blog de baja temporal por vacaciones (pero prometo entregar en breve un par de colecciones de fotos de mis andanzas por tierras levantinas e ibicencas), nada más volver a casa he actualizado La Bitácora del Tigre a la versión 2.8.2 de WordPress, sin pasar por la 2.8.1. Ha sido una actualización directa, realizada desde el propio backend del blog, mediante la función Actualizar, accesible desde el menú Herramientas.

A fin de evitar posibles problemas, he desactivado previamente todos los plugins, y he realizado las oportunas copias de seguridad de la base de datos y de los archivos de la aplicación. En realidad, esta última no ha sido completa, pues sólo he guardado los archivos que me interesaba conservar, esto es, aquellos que la aplicación no sustituye al actualizarse. Para ello me he valido de un plugin utilísimo, el WordPress Backup, que genera en un periquete tres archivos comprimidos, uploads.zip, plugins.zip y themes.zip, que contienen, respectivamente, el directorio de archivos subidos al blog (en mi caso, casi todo son imágenes), el de plugins con todos sus subdirectorios, y el de la plantilla utilizada por la bitácora.

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Acabo de actualizar mi blog a la versión 2.8 de WordPress. La verdad es que ha sido un trabajo bastante más fácil de lo esperado, pues tras realizar las imprescindibles copias de seguridad de los archivos de la aplicación y de la base de datos y desactivar todos los plugins, he ido al backend, y desde el menú Herramientas > Actualizar, he procedido a la actualización automática, que se ha realizado en brevísimo tiempo. Lo demás ha sido puro trámite: activar los plugins uno a uno, comprobar sus resultados (no he encontrado ninguna incompatibilidad, a Dios gracias), y realizar los ajustes de rigor.

La única dificultad que se me ha presentado tiene que ver con los widgets. Con el nuevo sistema de gestión que incorpora WordPress 2.8, casi todos los que tenía definidos se han desactivado. Como no me acordaba de cuál era su orden y colocación exacta en las cuatro zonas widgetizables del tema Tarski, me he puesto a arrastrar y soltar, un poco al buen tuntún. Pero de repente me he acordado de que existe la caché de Google, y a ella he acudido para rastrear el aspecto que tenía mi blog antes de la actualización. Cinco o seis búsquedas –la página principal, una entrada individual y algunas entradas con configuraciones particulares de la barra lateral- me han bastado para ver el orden que tenían los widgets y reproducirlo en el blog actualizado.

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Esta va a ser una entrada breve y rotunda, con una recomendación apasionada: blogueros y blogueras que trabajan con WordPress, descarguen, instalen y hagan pruebas con el plugin Advanced Export for WP and WPMU (me he enterado de su existencia gracias a Ayuda WordPress), que añade a las funciones estándar de exportación del contenido, ya incorporadas a la aplicación, la interesantísima posibilidad de filtrar aquél por varios parámetros: fecha, autores, categoría, tipo de contenido (entradas y páginas), estado de publicación de los artículos y, lo que ya es la repanocha, todas las combinaciones posibles de dichos parámetros.

Con este plugin, hacer una exportación total o parcial de un blog, dividirlo en varios blogs más pequeños o crear un blog nuevo a partir de otros ya existentes, se convierten en tareas triviales, casi en un juego de niños. También vendrá de perlas a los administradores de blogs monumentales, a fin de reducir el tamaño de los archivos XML resultantes del proceso de exportación y, por tanto, el tiempo y el esfuerzo de servidor necesarios para importar dichos ficheros. Y por supuesto alegrará la vida de los que tengan que migrar o actualizar un blog siguiendo el procedimiento de exportación-importación, sobre el que escribí el pasado sábado, contando mi experiencia con el blog Darle a la lengua, de Felipe Zayas.

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El pasado miércoles, Felipe Zayas me pidió ayuda para actualizar su bitácora, Darle a la lengua, por entonces anclada en una versión, la 2.5.1, con algo más de un año de antigüedad (se publicó el 25 de abril de 2008). Catorce meses no son nada en la historia de una vida, pero en la de las aplicaciones informáticas equivalen casi a una era geológica, como tuve ocasión de comprobar tras finalizar el proceso de actualización del blog. En efecto, nada más acceder al frontend para comprobar los resultados del cambio a WordPress 2.8, me recorrió el espinazo un escalofrío de horror (el segundo de la tarde, después del primer gol de la selección de Estados Unidos, en el partido de semifinales de la Copa Confederaciones), pues el blog mostraba caracteres extraños allí donde debían estar las vocales con tilde, las eñes y otros signos característicos de nuestro alfabeto.

Enseguida me di cuenta de que se había producido un problema con la codificación de la base de datos, por lo que acudí a Google en busca de explicaciones y posibles soluciones. Rápidamente di con un artículo del Codex de WordPress en el que se explica muy claramente el problema: resulta que hasta la versión 2.1.3, WordPress creaba las base de datos con el juego de caracteres latin1 y el cotejamiento latin1_swedish_ci. A partir de la versión 2.2., la aplicación permite al usuario definir tanto el juego de caracteres como el cotejamiento en el fichero wp-config.php, mediante las variables DB_CHARSET y DB_COLLATE. Ahora bien, esta configuración sólo sirve para nuevas instalaciones, no para las ya existentes, y de aquí que al actualizar el blog se produjera un lío mayúsculo con los caracteres del blog.

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Hace ya bastante tiempo que sospechaba que La Bitácora del Tigre necesitaba con urgencia una cura de adelgazamiento (y a su administrador y webmaster no le vendría mal algo parecido), pues se cargaba con lentitud y presentaba diversos inconvenientes en algunos puntos clave. Era, como digo, una sospecha, pero hoy la confirmado plenamente tras la instalación de un par de extensiones recomendadas por a2nietok: WP Memory Usage y WP System Health, ambas destinadas a proporcionar a los administradores de un blog amplia información sobre los preciosos recursos de servidor que son utilizados por WordPress.

Una elemental prudencia me impide revelar los que devora mi blog con avidez digna de mejor causa. No obstante, puedo confesar sin rubor que son bastantes más que los recomendables, y de aquí que haya decidido desactivar una parte considerable de las extensiones que hasta la fecha acumulaba La Bitácora del Tigre. Reconozco, y lo digo con mucha pena, que con este régimen tan severo el blog perderá algunas de sus señas de identidad, pero también será más ligero y más fácil de mantener y actualizar.

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